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 EnseanzaGatita 0206

No se puede

Madrid. 10/05/17. Teatro de la Zarzuela. Giménez: Enseñanza libre. Vives: La gatita blanca. Cristina Faus (Cristina / Rosario). Roko (Roko / Luisa). Gurutze Bieitia (Gurutze / Virtudes). Ángel Ruiz (Marido / Don Servando). José Luis Martínez (Acomodador / Periquín), entre otros. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Enrique Viana, dirección de escena. Manuel Coves, dirección musical.

Muchos de los peros, lodos y losas que arrastra y soporta la zarzuela hoy en día vienen derivados de una época oscura de nuestro país, coincidente en gran parte de sus años con la dictadura franquista (“la nueva situación” como preferían llamarle algunos compositores de aquí con tal de cobrar y que ahora tanto lloran a la madre llamada INAEM). Otros, no obstante, provienen de épocas anteriores, como las de las obras escuchadas, de influencia francesa en lo banal del vodevil. Épocas o momentos tan vacíos como superficiales en lo artístico. En la nueva creación, en lo musical también. Libretos y dramaturgias deplorables brotaron sustentando músicas en muchas ocasiones triviales o insustanciales, que aunque pudiesen albergar destellos y escenas de bella factura o recordables, no sirven para sustentar toda una obra en sí misma, y mucho menos para recordarla, máxime con la evolución social que ha transformado para bien a nuestro país (no sé si tanto nuestras mentes).
   Sí sirvieron lo suficiente (las de los últimos años, evidentemente) como para que muchos de entonces asocien las formas rancias, los modos, los resultados, con el global del género de la zarzuela, trasladándolo a otras épocas como las de estas Gatita blanca y Enseñanza libre, que vieron la luz a principios de siglo, bajo lo sicalíptico, lo que resultaba erótico entonces. Algo injusto que nuestra música más propia no se merece, pero cuya realidad así es y contra la que aún hoy en día algunos, no los suficientes, seguimos luchando. Algo semejante parece haber pensado el director de la zarzuela y a la postre también escenógrafo Daniel Bianco, quien viendo esto y las próximas temporadas parece haberse propuesto recuperar la música de revista y el vodevil para la actualidad. La cuestión es que una cosa es “recuperar” y otra muy diferente “aprovechar”, encontrar una excusa para desarrollar una pequeña idea que intente justificar el todo, como ha sido el caso.

Cuando Enrique Viana, hombre de revista y responsable de la dirección de escena en este programa doble, ha de dar tantas explicaciones en el programa de mano sobre lo que se ha hecho y por qué se ha hecho, mal vamos. ¿Hasta qué punto se puede hablar de recuperación cuando la transformación, el cambio que sufre la obra es tan significativo,? ¿Deberíamos modificar, por ejemplo, Tosca, dada la violencia y machismo en ella mostrados? ¿Dónde colocar la línea de la tijera o la modificación? ¿Por qué cambiar las pistolas de E.T el extraterrestre por walkie talkies para el público de hoy? Si en estas obras hallamos un libreto, un texto tan nefasto y pésimo, tan horroroso, ahí duerman estos el sueño de los in-justos. No hay ningún arte en ellos. En Tosca no podemos, por el arte que encierra, ser cómplices de Scarpia, su violencia y su machismo. Puccini nos enfrenta a ello, mientras que Giménez y Vives en este caso, participan de un intento para hacernos reír con códigos que hoy en día no tienen sentido. Situaciones por las que no deberíamos ni sonreír, ni siquiera escuchar, efectivamente. ¿Por qué recuperarlas entonces íntegramente, debiendo diluirlas para poder digerirlas, cuando pueden cantarse fragmentos sueltos, puramente musicales y de mayor altura, en ocasiones concretas?
    Quizá por todo ello, Viana se enfrasca en la actualización de los textos y crea un batiburrillo sin sentido donde apenas uno puede enterarse de qué ocurre en el escenario, sin ser coherente ni palpable el hilo conductor, salpicado de un humor certero en ocasiones, con gags muy bien montados, y grueso en otras tantas, que apenas hace reír y desde luego sí frívolo en lo que a un buen vodevil se refiere. Una obra de fin de curso dicen estar montando los personajes y eso es a lo que se asiste. “No se puede” repite una y otra vez uno de ellos, quién sabe si en un guiño ácido del propio Viana… entonces lo más certero de su hacer.

La escena corre a cargo de Daniel Bianco, quien se auto-encarga la escenografía, situándola en el patio de butacas del teatro, donde se han retirado las localidades, sentando, atrapando y torturando (pues no puede abandonar la sala hasta el final y los asientos son insufribles) al público sobre una grada, en lo que siempre fue el escenario. La puesta sin duda alguna es visual, y eso y sólo eso es, muy visual en dos contadas ocasiones. Dos preciosos flashes en medio de dos repetitivas horas de efectistas, que no efectivos recursos. Y esos dos flashes, en realidad, corresponden a un imaginativo y cuidado vestuario de Pepe Corzo.
    Lo que no parece de recibo es que el director del teatro no supiese que la acústica iba a resultar más que deficiente, sin que pueda escucharse a muchos de los participantes, llegando al culmen del despropósito cuando la cantante pop Roko ha de salir a escena amplificada. Porque sí, la popular Roko, simpática y con chispa, parece estar aquí sólo por el nombre que es y no por lo que es, y es una pena, por ella y por nosotros, porque cantantes en su lugar que no hubiesen necesitado micro podríamos haber encontrado muchas, supongo.

Algo bueno se ha de disfrutar de cada ocasión servida, y esta nos sirvió para agradecer  la siempre buena disposición de la mezzosoprano Cristina Faus, en un papel que se le hacía pequeño; o para disfrutar del buen saber hacer del coro femenino de la zarzuela, como siempre un verdadero placer. Emociona escucharlas.

Muy simpáticas las burbujas de Iñaki Maruri y Mitxel Santamaría, y disfrutable así mismo Ángel Ruiz como Marido/Don Servando, tanto como José Luis Martínez en el rol de Acomodador/Periquín. Todos ellos por méritos propios sobre el escenario, recogiendo éxitos que les corresponden. Pero sobre todo, por quien pudo degustarse el teatro y por quien se vertebró la tarde fue por Gurutze Beitia, como Gurutze/Virtudes. Actriz y cómica por los cuatro costados. Todo valía la pena cuando ella estaba en escena.

Apuntar también la buena prestación de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, con Manuel Coves a la batuta. En un discreto segundo plano, pues si no ya hubiese sido literalmente imposible oír a los intérpretes, cumplió con sus funciones.

No es esto lo que servidor entiende por abrir la zarzuela, por modernizarla. No yo. Pero seguramente esté equivocado. Cubrir con purpurina formas carpetovetónicas sólo hará que tengamos formas carpetovetónicas cubiertas de purpurina. Todo tan difuso y vacío provoca que salgamos vacíos y difusos del teatro. Ni emociona, ni instruye ni entretiene... y esto no es Lola Flores y el New York Times, me temo, para que la frase acabe igual. No sé muy bien a qué he asistido.

Foto: Javier del Real.

 

 

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