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DonGiovanni Aix

Calidad y talento

Aix-en-Provence. 08/07/2017. Festival d’Aix-en-Provence. Mozart: Don Giovanni. Philippe Sly, Nahuel di Pierro, Eleonora Buratto, Pavol Breslik, Isabel Leonard, Julie Fuschs, Krzysztof Baczyk, David Leigh. Dir. de esena: Jean-François Sivadier. Dir. musical: Jérémie Rhorer.

Programar Mozart es apostar sobre seguro...casi siempre. Pocos autores resultan más efectivos en el escenario y más si es una de sus óperas “Da Ponte” la representada. La inmortalidad que alcanzó esta simbiosis única entre texto y música en Così, Le nozze y Don Giovanni, es uno de esos hitos musicales y humanos, irrepetibles. El Festival de Aix siempre ha tenido una marcada vocación por el genio salzburgués y se ve el interés de sus programadores en servir siempre en las mejores condiciones sus obras. No siempre los resultados, como comentaba más arriba, son los esperados, por buenas intenciones que se tengan. El año pasado el Cosí fan tutte no cuajó y aunque el nivel vocal fue correcto la puesta de Christophe Honoré resultó, pese al trabajo realizado, bastante decepcionante, no haciendo justicia a la gran obra que tenía entre manos. Afortunadamente en esta ocasión la nueva producción de Don Giovanni que presenta el director francés Jean-François Sivadier sí que acierta mucho más con el espíritu mozartiano. Y no porque tenga el apoyo de unos decorados espectaculares y nos medios extraordinarios sino que, como ha sido habitual en las tres óperas que he comentado este año en Aix, el talento y la calidad (de diversas formas, maneras y enfoques) han formado parte fundamental de la representación, comenzando por un elenco vocal de primer nivel. 

Lo que define al conjunto de las voces de este Don Giovanni es la fidelidad al modelo mozartiano y su perfecto encaje en el entramado de la ópera. No todos los cantantes estuvieron al mismo nivel, pero la valoración general se puede calificar, sin exageraciones, de excelente. Philippe Sly es un barítono que dibuja perfectamente la figura del libertino sevillano. Antes de comenzar la representación se anunció que sufría una indisposición y pese a ello iba a cantar. Y sí que se le notaron algunos problemas respiratorios y sonidos emitidos sin la limpieza necesaria, pero se pudo apreciar claramente una línea de canto excelente y, sobre todo, una implicación absoluta con el personaje, a lo que le ayuda una forma física envidiable. Dibujó un Don Giovanni, joven, sensual, irreverente y atrevido pero nunca grosero ni tosco. Si se recupera pronto de su afección, seguro que el público disfruta de un gran burlador. Buen Leporello del argentino Nahuel di Pierro. Como el resto de sus compañeros estuvo muy implicado escénicamente, gracioso y ocurrente. Con una proyección vocal no demasiado amplia, sí que consiguió mostrar los recovecos de un personaje que aparte de la célebre aria del catálogo (cantada con soltura y seguridad) da lo mejor de si en los recitativos (en esta ocasión acompañados no por clave sino por lo que supongo sería un pianoforte), verdadera piedra de toque para calibrar una voz mozartiana. Espléndido el Don Ottavio de Pavol Breslik, camaleónico cantante que si hace unos meses oíamos en el antipático papel de Esteva de Jenufa en Munich, se mostró como un consumado mozartiano en esta representación. Bien es verdad que Mozart compuso dos verdaderas joyas para que se luciera este generalmente bastante soso personaje. En Dalla sua pace estuvo espectacular, desgranando cada frase con una cadencia maravillosa marcada con delicadeza por la orquesta, brillando también  en Il mio tesoro. Sin problemas y solventes tanto el Masetto de Krzysztof Baczyk como el Comendador de David Leigh (estremecedora, como debe ser, su frase del último acto Don Giovanni, a cenar teco).

Las protagonistas femeninas no quedaron atrás en el balance final. Es más, diría que fueron, junto a Breslik y el indispuesto Sly, lo más destacado de la noche. Eleanora Buratto fue una Donna Anna plenamente convincente, de tesitura amplia y segura en todo momento, con un agudo limpio y brillante que lució especialmente en las coloraturas de Non mi dir, bell’idol mio. Su bello timbre unido a una considerable potencia y proyección le hicieron merecedora de los mayores aplausos de la noche. No le anduvo a la zaga Isabel Leonard como Donna Elvira. Quizá no sea una voz tan deslumbrante como la de su compañera pero supo sacar adelante, desde el primer momento en Ah, chi mi dice mai, un papel de indudable dificultad. También sus agilidades fueron plenamente satisfactorias y remató su trabajo con una impecable Mi tradì quell'alma ingrata. Muy agradable sorpresa la Zerlina de joven Julie Fuchs. Bellísimo su dúo con don Giovanni Là ci darem la mano y del mismo modo todas sus intervenciones, destacando su impecable acento mozartiano y la frescura y también la picardía de sus arias con Masetto de testigo. Estupendos, es sus breves intervenciones, los English Voices.

Si bien la obertura no parecía deparar una lectura sobresaliente de la partitura mozartiana, la dirección de Jérémie Rhorer fue de menos a más, ganando en coherencia en el relato de la historia del crápula sevillano y sobre todo en el realce de los innumerables detalles que la partitura atesora. Siempre dejando que los cantantes destacaran, acompañándolos con sumo tacto (destacaría sobre todo las arias de don Ottavio) condujo con precisión la muy correcta y entregada agrupación, ampliamente curtida en las lides clasicistas,  Le Cercle de L’Harmonie.

Y otra vez derroche de talento y de ideas frescas en una dirección escénica, en este caso la de Jean-François Sivadier. Como si de un taller de teatro se tratara, con un mínimo de atrezzo (sábanas, telas, sillas), un vestuario (Virginie Gervasie) que parte de lo contemporáneo, se acerca al XVIII y vuelve a nuestros días, una tarima donde se desarrolla toda la acción, un juego de luces brillantísimo (Philippe Berthomé) y una pared donde van apareciendo simbólicas referencias a la trama, Sivadier nos introduce en el mundo oscuro y taimado de don Giovanni. Es verdad que la trama es bien conocida pero sin una esmerada y muy trabajada dirección de actores (especial mención a Sly) todo el entramado de la historia se derrumbaría. Pero no, todo funciona a la perfección con detalles que resultan novedosos como la aparición como figurante de la criada de Donna Elvira. ¿Qué hay más creíble que una dama del siglo XVIII viaje con su criada desde Burgos? ¡Y por fin vemos en persona su seducción por don Giovanni, figurada en mil y una producciones! Muy destacable también la escena final. El burlador muere pero no desaparece, su figura, semidesnuda y con una imagen perturbadora parece seguir gobernando como marionetas el futuro de todos los personajes de su drama. El eterno Don Giovanni, el eterno Mozart.

 

 

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