Caroline_Bardua_Carl_Maria_von_Weber.jpegRetrato de Carl Maria von Weber por Caroline Bardua 

El primo de Konstanze

Sobre Carl Maria von Weber, en el 200 aniversario de su fallecimiento

La prima de Carl Maria von Weber se llamaba Konstanze, y fue esposa de Mozart hasta la muerte de este. Carl Maria nació el año del estreno de Le nozze di Figaro, o sea, en 1786 y el hecho sucedió en Schleswig-Holstein, en la diócesis de Lübeck que vio nacer a Anton Bruckner poco antes de su muerte (la de Weber, afortunadamente).  Su padre era director de orquesta y fundó una compañía de ópera en Hamburgo. 

Ante tal sobreestimulación Carl Maria acabó siendo alumno de Michael Haydn, hermano de Joseph Haydn, y del abate Vogler, maestro de Meyerbeer (del cual Weber fue muy amigo). Hasta que en 1804 toma la dirección de la ópera de Breslau durante dos años. Eran los tiempos del estreno del Fidelio de Beethoven (Theater an der Wien, 1805). 

Ni el mencionado estreno ni la ópera alemana parece preocupar mucho a Weber de 1807 a 1810, cuando sirve en Stuttgart como secretario privado del duque Luis, hermano del rey Federico I de Württemberg.  Cuesta abajo en su rodada contrae deudas y se ve envuelto (con mayor o menor conciencia) en las manipulaciones financieras de su patrón: la venta de confirmaciones de servicio ducal que eximían al comprador del servicio militar. Fue arrestado y acusado de desfalco y soborno. Como podía desmentir las alegaciones, el caso se sometió al derecho civil con el fin de no comprometer al manipulador propiamente dicho: el hermano del rey. Weber aceptó pagar los gastos  y fue desterrado de Württemberg juntamente con su padre.

Pero en 1810 llegó la primera entrega del Gespensterbuch (Libro de los espectros), una colección de cuentos de fantasmas obra de Johann August Apel y Friedrich Launy, que incluye la fuente básica del libreto del futuro Freischütz. De momento Weber dedica el año 1811 a los dos conciertos para clarinete, dedicados a Heinrich Joseph Baermann, obras importantes que sitúan a Weber en un campo muy beethoveniano (siendo esto ya un rasgo vanguardista). Mientras tanto se larva la cosa. En 1812 aparece Cuentos de la infancia y del hogar (Kinder und Hausmärchen) de los Hermanos Grimm, con un segundo volumen en 1815, en lo que será un hito en la valorización de la tradición oral popular.

Por fin Weber realizó el último pago de las deudas de Württemberg en 1816. Como si la cuenta corriente y la existencia misma de Weber formaran parte de un único organismo, ese mismo año le encargan a Weber la dirección de la ópera alemana en el teatro de Dresden, que era la capital de la ópera italiana en Alemania bajo las órdenes de Francesco Morlacchi. Y por si fuera poco el conde Brühl (intendente de los teatros reales de Prusia)  le propone una ópera en alemán frente a la hegemonía italianizante, un proyecto que cristalizará en Der Freischütz.

En 1817 aparece el segundo volumen del Gespensterbuch. El círculo se cierra para que nazca la ópera romántica: la naturaleza agreste, las fuerzas sobrenaturales, la superstición (espíritus y fantasmas), el folclore, la exaltación del amor, el nacionalismo. Weber escribe un guión sobre la fábula del cazador furtivo (Der Freischütz) y Johann Friedrich Kind escribe un libreto en tres actos sobre él. La composición se inicia en julio de 1817 y acaba en 1820. Fue la obra que le llevó más tiempo, pero entretanto pudo escribir en 1819 la famosa pieza para piano a cuatro manos Aufforderung zum Tanz (Invitación a la danza), y finalmente el Konzertstück (pieza de concierto) para piano y orquesta ya en 1821.

Der Freischütz se estrenó con gran éxito en Berlín ese mismo año y es inmensamente popular en Alemania, pero la obra es también muy visionaria desde una óptica más amplia. Fue escrita antes que Semiramide (1823) o Guillaume Tell (1829), ambas de Rossini, y es evidente que la estética romántica está mucho más desarrollada en la obra de Weber. El aria del tenor (acto I, escena IV) tiene una densidad romántica inusual si se la compara con las obras mencionadas de Rossini, con Il pirata de Bellini o con Anna Bolena de Donizetti, por hablar de obras cronológicamente cercanas. 

La atmósfera de terror en el bosque en el acto 2, en la cañada del lobo, es no solo reconocidamente innovadora sino el antecedente de muchas otras cosas gracias a su terror gótico y a sus efectos orquestales innovadores (Weber potenció fuertemente el papel narrativo de la orquesta). En todo ello hay un contenido claramente anticlásico desde el punto de vista musical y antiilustrado en su apelación a la magia y la tradición; la naturaleza tiene peso propio como personaje en un modo muy shakesperiano y Shakeaspeare era un anticlásico en ese momento y lugar.

El sueño de la razón criaba malvas tras las guerras napoleónicas y los estragos de la revolución industrial. El amor romántico, sin embargo,  tiene en la obra de Weber un enfoque más ingenuo que trágico y, de hecho, se trata de un Singspiel.

El teatro siguió dando días de gloria a Weber con el gran éxito (pese a ciertas críticas al libreto) de Euryanthe, una gran ópera heroico-romántica armónicamente audaz, en el Kärntnertortheater de Viena en 1823, con la asistencia de Franz Schubert. Luego llegó el estreno en lengua inglesa de Oberon (con sus tremendos pasajes orquestales), en 1826 en el Covent Garden de Londres (ciudad en la que Weber murió ese mismo año), basada en el poema épico de Wieland que lleva el mismo nombre. Estas obras muestran una enjundia operística mayor a la del Freischütz (Weber no reincidió en el Singspiel) aunque hayan obtenido mucho menos reconocimiento y merezcan mayor atención.

A su muerte Weber dejó dos sinfonías, dos conciertos y un concertino para clarinete, un concierto para fagot, un concertino para trompa, dos conciertos y el mencionado Konzertstück para piano y orquesta, piezas para piano solo (como la famosa Invitación a la danza y otras, dado que Weber era un pianista virtuoso y realizó giras como concertista cultivando un gran prestigio en este campo), música para la liturgia católica (era profundamente religioso) y más piezas con clarinete (Weber es un pilar en la literatura para este instrumento) escritas generalmente para el virtuoso clarinetista Heinrich Baermann. 

La forma concertante (la relación dialéctica entre el solista y el conjunto) fue, de hecho, un rasgo definitorio de su estilo no solo en los conciertos como tales sino también en sus óperas y en su música de cámara. Con Carl Maria von Weber moría en 1826 un notable director de orquesta (hizo mucho por la ampliación de la orquesta y el fomento del virtuosismo), pianista de fama, guitarrista y crítico musical. 

En 1827 murió Beethoven y al año siguiente Schubert. Desaparecían con ellos los restos del clasicismo en los que Weber se había criado, aunque tal vez Weber fuera, de los tres, el más alejado del clasicismo y el más cercano a una estética puramente romántica. Su semilla germinó en Der Vampyr (1828) o Hans Heiling (1833), de Marschner y, por supuesto, en Wagner, cuyas óperas románticas de los años 40 están fuertemente influenciadas por Weber. 

Del mismo modo su obra pianística influyó en Mendelssohn, Chopin y Liszt. Hasta Berlioz hizo una celebrada orquestación de la Invitación a la danza en 1841 y tres años después, en su Tratado de orquestación, fija su atención en la orquesta de Weber. 

En su autobiografía Wagner expresa una abierta idolatría respecto a Weber, recordando que cierto día visitó a su familia (muy orientada al mundo del teatro) y pudo ver al genio en persona. Y mucho más tarde Gustav Mahler le homenajeó completando en 1886 su Drei Pintos, que Weber había dejado inconclusa.

En cambio Weber es hoy un autor insuficientemente recordado más allá del Freischütz y un par de obras instrumentales. Aunque se remarque su carácter de precursor del romanticismo, no se valora con exactitud su calidad de pionero como coetáneo de Beethoven, Rossini y Schubert, ni tampoco su contribución a la construcción de la figura moderna del director de orquesta. Aunque estuvo lejos de realizarla no se le puede negar tampoco la condición de precursor de la Gesamtkunstwerk wagneriana, por su atención a todos los detalles de la producción en el campo de la ópera.

En cualquier caso, en honor y fomento de la gloria weberiana tras su muerte, el Freischütz corrió como la pólvora, y con él la fama de Weber. El 4 de agosto de 1849 se estrenó en el Liceu, y aunque se cantó en italiano era la primera ópera alemana que se representaba en el teatro catalán. Un hecho sintomático y que no quedó en mera anécdota, ya que hubo reposiciones entre 1886 y 1888 y otra vez en 1891 y en 1903. Es curioso que Weber, que murió antes que Beethoven y Schubert, sea valorado (hay que reconocer que con razón, si nos atenemos al talento) en menor medida que estos teniendo en cuenta que su influencia posterior (Wagner, Liszt, Chopin, Mendelssohn), es probablemente superior a la que Schubert tuvo durante el siglo XIX.