© Joaquín Gómez Sastre / FIS
Más Mahler
05/08/2025. Palacio de Festivales, de Santander. Obras de M. de Falla, I. Stravinsky y G. Mahler. The Hallé Manchester Orchestra. Dirección musical: Kahchun Wong.
Ha querido la casualidad que la primera visita que hemos realizado al Festival Internacional de Santander haya sido para escuchar a la The Hallé Manchester Orchestra, agrupación de la que Mark Elder ha sido director titular hasta 2021, es decir, el director de la Orquesta de la Comunitat Valenciana que hemos escuchado los dos días anteriores en la Quincena Musical donostiarra. Preciosa y curiosa unión de factores.
La orquesta británica se ha presentado con su nuevo director titular, el singapurense Kahchun Wong (1986) y un programa en el que ha dominado la música del siglo XX, con presencia de Falla, Stravinsky y Mahler. La del primero solo puede entenderse como detalle con el país de origen pues la breve Danza ritual del fuego, de El amor brujo se tocó sin pasión y de forma bastante rutinaria. De bastante más enjundia resultó ser la Suite de El pájaro de fuego (versión de 1919), de Igor Stravinsky, en la que ya pudimos apreciar las principales características de batuta y orquesta. Kahchung Won destaca por un gesto grandilocuente, casi exagerado y muy descriptivo; si algún neófito debutaba en el mundo sinfónico con este concierto no le fue difícil entender la labor del director porque la gestualidad de Won es tan detallista que deletrea todas y cada una de las frases, matices, expresiones y detalles de la partitura. Por ejemplo, verle mover los brazos acompañando –exigiendo- el trémolo de trompas es de una claridad pedagógica meridiana.
Joaquín Gómez Sastre / FIS
La obra de Stravinsky, como más tarde la imponente Sinfonía nº 1 en re mayor, de Gustav Mahler, nos permitió disfrutar de una orquesta de sonido suntuoso aunque tampoco fue algo excelso. No quiero menospreciar la labor de la orquesta pero la impresión que nos da es que este nivel ya lo vivimos con otras orquestas más cercanas y sin tanto nombre. Y, sin embargo, Won es capaz de arrancar de la agrupación una capacidad de contraste entre las distintas secciones de la partitura de gran valor. Así, en el cuarto movimiento de la obra mahleriana pasábamos del sonido opulento al piano más cuidado en alarde técnico que merece la pena ser apuntado.
Hace apenas dos o tres décadas cada sinfonía de Gustav Mahler era una fiesta porque solo los melómanos más puestos al día tenían una estrecha relación con la música del bohemio. Ahora Mahler está presente en todos los festivales, en todas las temporadas y quizás estamos siendo sometidos a cierto abuso de la música de Gustav Mahler. Los que la disfrutamos no estamos quejosos pero cada vez se escucha más entre el público el reproche de su densidad y complejidad. Y ello cuando el momento más excelso de la noche pudo ser la Trauermarsch, un tercer movimiento de una delicadeza y tenebrosidad muy bien calculadas. Quizás, por ello, Won decidió que el inevitable bis del concierto fuera Nimrod, de Edward Elgar, ejemplo de música delicada y algo empalagosa.
Ya puestos, bien haría el FIS en cuidar el programa de mano porque pronosticar 55 minutos para la primera parte cuando apenas superaba la media hora no es error fácil de entender. Al salir del auditorio llovía, así que la ola de calor quedaba momentáneamente neutralizada, al menos en la capital cántabra, lo que es de agradecer.
