© Pablo LorentePlumas en conserva
Madrid. Teatros del Canal (Sala Roja). 11/09/2025. P.J., Enrique Viana. Tadeo, Santiago Ballerini. Alonso, Germán Olvera. María Rey-Joly, Mari Cruz. Mar Morán, Mari Trini. Andrea Rey, Mari Paz. Berna Perles, La Trini. Gerardo López, Jesús Cantolla, y Daniel González, Mariquitas. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Albert Boadella y Martina Cabanas, dirección de escena. Alondra de la Parra, dirección musical.
Que en el año 2025 se de este caso, dice mucho del retraso con el que llega la apertura de dicho ‘melón’, y quizá por ello, el resultado tenga un cierto sabor a algo que tenía que haber tenido lugar bastante antes.

El texto, de resultado práctico y efectivo, pero con palabras, dichos y frases más propios de otra época, presenta formas y tiene visos de ser una zarzuela clásica, aunque evita la crítica política tan afín al género, algo que hubiese tenido fácil con unas instituciones locales que se empecinan año a año en no ondear la bandera arcoíris en las fiestas de ese ‘Orgullo’ en el que se desarrolla la zarzuela, o que ponen palos en las ruedas recortando los derechos trans y contra la LGTBIfobia.
Con una trama sencilla -que excepto por la novedad de ‘chico conoce chico’ bien podría ser la estructura de tantas y tantas zarzuelas ya compuestas- la obra se sigue bien y con orden, casi siempre con tono ligero, y no sin cierta superficialidad, poniendo límite muy claro a lo que hubiese podido enturbiar esa ligereza (esa enfermedad que ni se nombra, por ejemplo).

La música de Javier Carmena ha seguido la senda de los Chueca, Vives o Sorozábal, llenando la partitura de foxtrots, pasodobles, chotis o boleros, consiguiendo que casi siempre algún número nos suene a algo o a alguien y, aunque alguna vez la réplica sea más descarada (ese fandango de Doña Francisquita), el resultado suele ser brillante y muy efectivo, sobretodo por un sentido melódico del compositor sobresaliente. Carmena domina también las situaciones con eficaces modulaciones, consiguiendo y sorprendiendo con momentos de verdadera emotividad e incluso épica, como el impactante final del segundo acto. Bien y ricamente orquestada, la zarzuela de esta forma se desarrolla con su cierto impacto, más allá de etiquetas o corrientes compositivas, siendo el resultado impropiamente maduro y rico teniendo en cuenta el corto recorrido del compositor.
La dirección escénica de Albert Boadella y Martina Cabanas se une a esa efectividad con un resultado práctico con pocos medios, consiguiendo que la trama fluya de forma limpia y con sentido, aportando coreografías eficaces y cercanas al musical.

Entre los cantantes hay que destacar en primer lugar a Germán Olvera, que con un papel largo y difícil impactó por su entrega, su bello color baritonal y su voz robusta y expresiva que llenó el recinto de los Teatros del Canal.
Santiago Ballerini cantaba el otro protagonista, y lo hizo con dedicación, dándolo todo en una partitura de exigente orquestación. Su registro agudo quizá ofrece más dudas, con sonidos abiertos o empujados, pero el tenor argentino posee un bonito color vocal y canta con verdadera entrega.
Berna Perles hizo que su rol de La Petri se nos hiciera muy corto, bordando con mucha gracia su texto, y aportando el momento mas íntimo y emotivo de la noche en su intervencion a solo con bellos filados y reguladores muy de agradecer.
Enrique Viana, con su papel de narrador P.J., volvió a sentar cátedra de showman en cada una de sus intervenciones, además de aportar intención y muchísimo salero en su estupendo chotis cantado; y María Rey-Joly, Mar Morán y Andrea Rey estuvieron acertadas y con gracia con su trío de ‘Maris’.

Alondra de la Parra dirigió con pulso y brillantez general la partitura, aunque fue una pena que no se plegase a los pianos y diminuendos que cantaba Perles en su citada aria. La Orquesta de la Comunidad de Madrid comenzó con la cuerda apagada respecto al viento, pero pronto se compensó y ofreció una competente actuación de buena sonoridad, y el Coro de la Comunidad tuvo un desempeño feliz tanto vocal como actoralmente.
En resumen: zarzuela nueva con sabor a clásico reconvertido y reciclado, aunque un tanto de ‘primero’ de ‘mariconismo’, y que puede tener, en algunos ámbitos, un amplio recorrido.
Fotos: © Pablo Lorente
