© Javier del Real | Teatro Real
Pintando el sonido
Madrid. 27/09/2025. Teatro Real. A. Vivaldi: Farnace. Emiliano González Toro: Farnace. Key’mon W. Murrah: Gilade. Adele Charvet: Berenice. Deniz Uzun: Tamiri. Juan Sancho: Pompeo. Seraphine Cotrez: Selinda. Alvaro Zambrano: Aquilio. Ensemble I Gemelli. Emiliano González Toro, director.
Vivaldi estrenó la ópera Farnace en 1727 en Venecia y la obra conoció varias versiones distintas adaptadas a diferentes teatros y elencos. La partitura era especialmente querida por el compositor y la utilizó como ‘carta de presentación’ en distintos lugares y, entre las numerosísimas óperas compuestas por Vivaldi, Farnace fue la que más veces revisó, copió y readaptó.
La ópera tiene una trama profundamente dramática, y Vivaldi era un maestro en plasmar emociones extremas: la furia, la desesperación, el amor, la compasión.. El libreto de Farnace lleno de contrastes le permitió desplegar toda su expresividad. Todo esto sintoniza con lo que más le interesa al compositor veneciano: la emoción sincera y el drama interior, más que la mera pompa cortesana.
Musicalmente la ópera sigue el esquema de arias da capo, incluyendo arias de furia/venganza, con motivos rítmicos enérgicos, orquesta incisiva, tempos rápidos y saltos melódicos; de lamento con melodías descendentes en modo menor y cromatismos expresivos; de amor o ternura, con líneas vocales amplias, acompañamiento suave y textura transparente; o de grandeza/heroismo, con instrumentos de metal y armonías solemnes.
Es muy definitorio el uso pictórico del sonido, con cuerdas tremolantes para el frío, figuras rápidas que imitan el temblor o la ira, o cambios de tonalidad repentinos para subrayar el conflicto moral. Todo ello en un ‘cuadro’ musical lleno de imitaciones de la naturaleza muy vivaldianamente naif donde la tormenta, o el ruiseñor, toman forma sonora de manera especialmente vivida.

Nada mejor de todo esto como ejemplo que su aria más famosa: Gélido in ogni vena, y en donde Farnace, creyendo que su hijo ha muerto, canta sobre una música que retrata literalmente la sensación física del frío del horror y la culpa, con los violines tocando heladas figuras descendentes que evocan la sangre que se enfría, y el bajo repetiendo unas espectantes y tensas notas repetidas que hacen que el momento pase casi congelado, a cámara muy lenta.
En esta ocasión, para la interpretación de la ópera en el Teatro Real, se ha contado con un conjunto especializado en el seicento italiano, que aquí da un paso más adentrándose en el pleno barroco Vivaldiano: el Ensemble I Gemelli. que tuvo una notable prestación llena de mérito al no contar con la ayuda del clásico director que le proporciona y facilita las entradas o indicaciones.
Emiliano González Toro se anunciaba como director, además de tenor protagonista, pero la realidad es que, aparte de una obertura teatralizada más que dirigida en el sentido tradicional por él, cada cantante, con más o menos fortuna, daba su entrada a la orquesta antes de comenzar sus respectivas arias.
Se notó un trabajo de muchas horas detrás, con los cantantes sin partitura y teatralizando de forma denodada cada recitativo, en una ópera difícil y larga, y todo fluyó, más o menos, con bastante fortuna.

Entre los cantantes hubo un triunfador con mucha diferencia: el joven contratenor Key’mon W. Murrihy, que sorprendió a todos con una emisión facilísima, llena de morbidezza, de gratísimo color asopranado, y con una técnica prodigiosa, que solventó staccati y trinos de forma perfecta. Cuando amplíe su rango dinámico y adquiera más personalidad puede convertirse en un cantante realmente a seguir. Emiliano González Toro cantó el protagonista con seguridad, con acentos e intención en cada recitativo y solventó con fortuna los pasajes de agilidad además de con la suficiente musicalidad en su famosa aria antes descrita.
Buena y con regularidad la prestación también de la mezzo Adéle Charvet interpretando a Berenice, y meritoria la del tenor Juan Sancho cantando Pompeo, solventando espinosas incursiones al agudo. Menor impresión fue la dejada por Deniz Uzun cantando el personaje de Tamiri; y correctos Séraphine Cotrez como Selinda y Alvaro Zambrano como Aquilio.

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