Fazil_Say_c_Fethi_Karaduman.jpeg© Fethi Karaduman 

A mi manera 

Berlín, 30/09/2025. Kammermusiksaal de la Philarmonie. Variaciones Goldberg (Bach) y diversas composiciones de Fazil Say. Fazil Say, piano.

El pasado martes 30 de septiembre, dentro de su programación camerística, la Philharmonie berlinesa ofrecía un concierto con las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach en su versión para piano, a cargo del reconocido Fazil Say. Las Variaciones son una de las obras profanas más conocidas del compositor alemán y forman un conjunto de creaciones extraordinarias a partir del aria que da comienzo a la obra. Hay dudas razonables sobre el origen del encargo para esta pieza. Según el primer biógrafo de Bach, Nikolaus Forkel, el encargo de las Variaciones surgió a petición de uno de los grandes patronos del compositor, el conde Carl von Keyserlinck de Dresde, que deseaba “disponer de algunas piezas destinadas al clave para Johann Gottlieb Goldberg, su clavecinista particular y antiguo alumno de Bach, cuyo carácter fuera tan sutil y en cierto modo animado como para sentirse un poco confortado en sus noches de insomnio”. Pero  en la actualidad hay dudas sobre esta intención, ya que Goldberg contaba tan solo catorce años cuando se publicaron las variaciones. Más bien se tiende a considerar que la obra forma parte del Clavier Übung, una colección de libros de ejercicios para clave. Fuera como fuere la realidad es que Goldberg ha dado nombre a esta composición con veintiocho variaciones que se abren y cierran con el aria original. 

Escrita originalmente para clave, hoy es el piano el instrumento con el que la obra se interpreta con mayor frecuencia. Siempre ha sido una partitura muy controvertida en cuanto a su interpretación. Durante muchos años (y aún ahora) se consideró la (las, porque hubo más de una grabación y siempre hay pequeñas diferencias) versión del canadiense Glenn Gould como el paradigma a seguir. Pero también surgían voces en contra de la ecléctica y demasiado personal y rigurosa visión del pianista. También un público más amplio conoció versiones magistrales como la de la pianista rusa ​​Tatiana Nikolayeva, un ejemplo de virtuosismo, ponderación y belleza. A partir de la difusión del CD se han podido oír interpretaciones muy diferentes pero que cada vez se alejaban más de Gould y se acercaban a una visión más musicológica de lo escrito por Bach. 

Acudí al reclamo de la Filarmónica de Berlín de oír una de mis composiciones favoritas con un bagaje de escuchas no sé si buenas o malas, pero totalmente diferentes a lo que me encontré. Decir que Fazil Say “dinamita” las Goldberg quizá sea exagerado, pero no lo es constatar que su versión, más que ecléctica, es, para mí, caprichosa y egocéntrica pero muy acorde con la trayectoria de Say. El pianista turco es un gran amante del jazz y suele compaginar el piano clásico con el jazzístico. Esta pasión “contaminó” sin duda la obra de Bach que, desde el aria de comienzo, sonó a todo, menos a Bach. Entiéndanme, exagero un poco, era Bach pero allí sonaba también el romántico Chopin, y había ecos constantes de Beethoven y también de Schubert. No era cuestión de virtuosismo, que lo había, ni de ritmo (endiablado o extremadamente lento según la variación) sino más bien de la desconcertante elección de esos tempi, que seguramente no era fruto del capricho sino la visión que tiene Say de una obra barroca fundamental del repertorio. Además acortó ostensiblemente la interpretación (algo que, por otra parte, tampoco es tan inhabitual) eliminando la repetición de la segunda parte (o parte B) de todas las variaciones. El resultado fue, para el que escribe, sorprendente y realmente poco reconfortante. Todo esto vino acompañado de una exagerada gesticulación, exhibicionista, y queriendo hacer partícipe al público de lo escuchado, como si quisiera integrarlo en su visión. También hubo zapateados y cantabiles bastante audibles. Una forma muy personal que tiene sus incondicionales adeptos entre el público (y que se vio en los aplausos finales). Desgraciadamente no fue mi caso. 

La segunda parte estuvo dedicada a composiciones del propio Say. Como ya comenté es también un conocido pianista de jazz y ha consagrado una parte importante de su carrera a este estilo musical. Las composiciones presentadas fueron de un convencionalismo bastante aburrido, muy poco arriesgadas, con melodías cómodas de oír pero sin garra. Sin duda Kara Toprak (Tierra negra) op. 8 de 1997 fue la composición más interesante, con claras reminiscencias al folklore turco. Sus variaciones sobre Summertime de Gershwin o el Capriccio nº 24 de Paganini son realmente olvidables. Pero lo menos salvable fue Alla Turca Jazz, una fantasía sobre el Rondó de la Sonata para clave KV 331 de Mozart, una pieza que pienso que solamente haría gracia a la visión del compositor austriaco que creó Milos Forman para protagonizar la película Amadeus.