
Ecos lorquianos
Madrid. 15/01/2026. Teatro Monumental. Obra de Manuel de Falla y Eduardo Soutullo. Carmen Solís, Cristina Faus, Javier Tomé, María Mezcle, Juan Manuel Cañizares, Antonio Najarro, Esteban Jesús Serrano, Esmeralda Espinosa, José Julián Frontal, Miguel Ángel Ariza. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE. Christoph König, dirección musical.
La Orquesta Sinfónica y Coro RTVE, bajo la dirección de Christoph König, propuso en este concierto una velada de fuerte densidad simbólica y ambición artística, construida sobre dos polos complementarios: la evocación poética y memorial de Federico García Lorca en la obra contemporánea de Eduardo Soutullo, y el drama telúrico, popular y ritual de La vida breve de Manuel de Falla, presentada en una versión escénico-concertante de clara vocación interdisciplinar.
Eduardo Soutullo convoca a Lorca
El concierto se abrió con Lorca en la Residencia, una partitura de estreno que no narra, sino que convoca. Soutullo trabaja desde la sugerencia, desde una escritura orquestal densa y cuidadosamente estratificada, donde el sonido parece emerger de la memoria más que del gesto explícito. No hay ilustración ni retórica: hay clima, resonancia, tiempo suspendido.
La obra no es un ejercicio meramente descriptivo, sino un diálogo entre la palabra poética y una estética orquestal contemporánea, que pretende evocar más que ilustrar el universo seminal de Lorca y su actividad intelectual en la Residencia de Estudiantes, espacio clave para su formación y creatividad temprana.
Soutullo, Premio Nacional de Música 2023, integra en la partitura fragmentos de distintos poemas —procedentes de Libro de poemas, Poeta en Nueva York y Impresiones y paisajes— proyectando, a través del coro, una conversación entre la voz humana y la textura orquestal actual.
La Orquesta Sinfónica RTVE mostró aquí un notable control del color y del equilibrio interno, con una especial atención a los planos tímbricos y a la respiración de los silencios. Christoph König optó por una lectura sobria, contenida, evitando subrayados emocionales innecesarios y permitiendo que la obra se desplegara desde su propia gravedad. El resultado fue una atmósfera de escucha concentrada, casi introspectiva, que preparó al oyente para el giro radical que supondría la segunda parte del programa.
Manuel de Falla: La vida breve
El paso a La vida breve supuso un cambio de registro evidente, aunque no exento de tensiones interpretativas. El inicio resultó excesivamente lento y contemplativo, con un tempo que, lejos de generar tensión latente, diluyó parte del carácter dramático inicial de la obra. Faltó aquí, por parte de Christoph König, un mayor sentido de impulso narrativo y una teatralidad musical más decidida, esa que en Falla no es gesto externo sino estructura interna del discurso.
Desde el punto de vista sonoro, la lectura fue clara en texturas y articulación, pero el equilibrio orquestal no siempre jugó a favor del drama: la cuerda quedó en demasiados momentos relegada, tapada por el viento, lo que restó densidad y cuerpo al tejido expresivo. La sensación fue la de una interpretación bien construida técnicamente, pero a la que le faltó fuerza y cohesión en el discurso narrativo, ese punto de riesgo que permita decidir si se mira más hacia el impresionismo refinado o hacia la raíz áspera y popular. En esta ambigüedad, la versión pareció quedarse a medio camino.
En el plano vocal y escénico, el reparto sostuvo con solvencia el drama. Cristina Faus compuso una abuela recia, protectora, de fuerte presencia escénica, apoyada en una voz sólida y una actuación idiomática, creíble y bien medida. Su personaje aportó anclaje emocional y verdad teatral en cada intervención.
Salud, no es un papel “brillante” en el sentido tradicional, sino exigente, expuesto y psicológicamente devastador. Con una tesitura incómoda y poco agradecida, predomina un registro central muy expuesto, con ascensos al agudo que no buscan el lucimiento, sino el desgarro emocional, y unos forte escritos en ocasiones al límite de la proyección. En este papel Carmen Solís, ofreció un retrato profundamente sufriente del personaje, de gran intensidad expresiva, construida desde la contención y el fraseo cuidado, más trágica que declamatoria, muy coherente con la lectura general de la obra. Se mueve con especial comodidad en el registro medio, donde su voz gana en densidad y expresividad; asciende al agudo sin dificultad técnica, aunque en los forte el sonido puede resultar algo áspero. Brilló especialmente en los melismas, resueltos con musicalidad y precisión, mostrando una comprensión estilística más que notable del lenguaje falliano.
Javier Tomé, en el papel de Paco, ofreció una interpretación solvente y bien construida desde el punto de vista vocal, con emisión segura, fraseo correcto y una comprensión clara de su función dentro del engranaje dramático. Su Paco fue creíble y bien sostenido en escena, aunque inevitablemente limitado por la propia escritura del personaje. En el dúo con Salud, uno de los momentos de mayor tensión emocional de la obra, la prestación de Tomé resultó correcta pero de escaso vuelo dramático, sin terminar de generar el contraste ni la electricidad necesarios frente al desgarro del personaje femenino. Faltó ahí mayor riesgo expresivo y una implicación emocional más profunda que intensificara el conflicto central, quedando el enfrentamiento más equilibrado en lo musical que verdaderamente incisivo en lo teatral.
La Voz de la fragua, a cargo de Miguel Ángel Ariza, sonó lírica, clara y bien proyectada, aunque ligeramente alejada del estilo más áspero y terrenal que este momento suele reclamar, quedando algo descontextualizada respecto al clima dramático general.
Junto a ellos, un elenco amplio y bien ensamblado — Esteban Jesús Serrano, Esmeralda Espinosa y José Julián Frontal— contribuyó a dar consistencia teatral a una versión que apostó por el rigor musical sin renunciar a la dimensión ritual de la obra.
La integración de los elementos flamencos fue, en cambio, uno de los grandes aciertos de la propuesta. La cantaora, María Mezcle, junto a la guitarra de Juan Manuel Cañizares y la presencia del bailarín Antonio Najarro, aportó un folclorismo bien entendido, nunca ornamental, siempre al servicio del drama. Supieron mantener el tipo frente a la orquesta, dialogando con ella sin perder identidad ni autenticidad.
Especial mención merece el trabajo coreográfico: las castañuelas, de ejecución magnífica, y el uso de la capa, con movimientos elegantes, precisos y perfectamente alineados con la música, añadieron una dimensión visual sobria y eficaz, reforzando el carácter ritual de la obra sin caer en el exceso.
El Coro RTVE, siempre fundamental en La vida breve, respondió con solidez y empaste, aportando esa dimensión colectiva que transforma el drama individual de Salud en tragedia compartida.
Entre memoria y tragedia: una velada de identidad y contraste
El concierto planteó un recorrido coherente entre memoria y herida, entre evocación y tragedia. Si Lorca en la Residencia encontró una lectura especialmente lograda en su contención y profundidad, La vida breve ofreció una versión sólida pero discutible en su enfoque dramático y narrativo, más atenta al encaje en lo sonoro que arriesgada en lo teatral. Aun así, la Orquesta y Coro RTVE, junto a un elenco comprometido, firmaron una velada de alto interés artístico, que invitó no solo a escuchar, sino a reflexionar sobre las múltiples capas —musicales, culturales y emocionales— que atraviesan estas obras fundamentales del repertorio español.
Fotos: © Auditorio de Tenerife - Miguel Barreto