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También música es femenino 

Festival Musika-Música 2025. 8/03/2025. Sala 0B del Auditorio Euskalduna. English Chamber Orchestra, con obras de G. F. Haendel y J. S. Bach. Dirección musical: Stephanie Gonley. L’Arpeggiata, con obras de M. Cazzati, P. A. Ziani, A. Kircher, G. Kapsberger, S. de Murcia y tradicionales napolitanas. Dirección musical: Christina Pluhar.

 

 

Introducción

Nueva edición de la fiesta máxima anual de la música clásica en muchos kilómetros a la redonda que es Musika-Música, que cumple su edición XXV. En esta edición y a diferencia de otras ediciones, no ha tenido un hilo conductor en torno al cual se haya vertebrado la programación; en este caso Musika-Música ha sido un totum revolutum en el que han convivido formatos, estéticas y estilos diversos sin que entre ellos existiera aparente ligazón, más allá de pertenecer al mismo género, ese que convencionalmente denominamos música clásica. A mí nadie me ha pedido mi opinión pero aprovecho estas líneas para manifestar mi preferencia por el modelo anterior, por el tema conductor del festival, incluso aunque tal se lea con extrema generosidad.

En cualquier caso, lo importante es poder volver a acercarse al Euskalduna y a sus diferentes salas y poder disfrutar de conciertos a todas horas, entremezclar estéticas diversas en apenas unos minutos y vivir con pasión y desenfado nuestro amor por la música. En este caso, y en coincidencia con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora nos hemos acercado en domingo a vivir dos conciertos radicalmente distintos y que ofrecieron, grosso modo, un alto nivel de interpretación. Recordemos al lector que dadas las peculiares circunstancias del festival los conciertos están programados –salvo excepciones, como el concierto inaugural- a programas de una hora de duración, que se cumple de forma escrupulosa para dar paso al siguiente. Vamos con los dos que hemos vivido.

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English Chamber Orchestra 

Afamado grupo británico dedicado a la música barroca y que nos vivita con relativa frecuencia, nos ofreció un programa muy convencional, sin ningún resquicio para el riesgo en un horario harto infrecuente: las dos del mediodía de un domingo. Tres obras de Georg Friedrich Haendel acompañadas de un concierto bachiano nos llevan al meollo mismo de la música de comienzos del siglo XVIII. Una suntuosa selección de cinco números de la Water Music en fa mayor, de Haendel, con brillantez sonora de las trompas nos llevó al mejor momento de la velada, el Concierto para violín y oboe en do menor, BWV 1060R, extraordinariamente interpretado por la concertino-directora, Stephaney Gonley y un oboe sin identificar en el insuficiente papel informativo. Muy compenetrados y con un sonido brillante, lo cierto es que nos transportaron a ese mundo que, según algunos, roza la perfección que es el de Johan Sebastian Bach. Sin solución de continuidad, un vibrante Concerto grosso en si bemol mayor, op. 3, nº 2, de Haendel y para terminar con una página breve, la Sinfonía de la entrada de la reina de Saba, del oratorio Solomon, del mismo compositor.

La sala estaba ocupada prácticamente al cien por cien y lo cierto es que la reacción popular fue de entusiasmo ante una interpretación límpida y acertada aunque no deja de ser curioso que –nadie es perfecto, ya se sabe- el grupo tuviera una entrada desequilibrada en uno de los movimientos del concerto grosso y tuvieran que detenerse y volver a comenzar, eso sí, todo ello realizado con absoluta naturalidad. Un buen concierto y satisfacción general.

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L’Arpeggiata 

Este concierto se desarrollo en la misma sala 0B del Euskalduna apenas dos horas después de finalizar el antes mencionado, el tiempo justo para acercarse a un restaurante y comer lo justo para no tener que sufrir una digestión que nos condicione la escucha. La misma sala pero, sorpresivamente, apenas cubierta en un 50 % siendo como ha sido este concierto precisamente uno de los recomendados por la organización para el noble objetivo de acercar a la “gente joven” a la música clásica. No es el momento de hablar sobre lo necesario o no para conseguir tal logro pero bien por el horario, las cinco de la tarde, bien por ser domingo tarde lo cierto es que me sorprendió el poco público. Llevo muchas ediciones de Musika-Música encima y no recuerdo una sala tan despoblada. ¡En fín!

El concierto fue lo esperado: una fiesta de ritmo, sonido y alardes musicales de muchos de los solistas que despertaron en el público los alaridos, silbidos y aclamaciones típicas de los nuevos tiempos de la música clásica. El tronco de la música ofrecida es el Nápoles del siglo XVII, con compositores hoy casi desconocidos (caso de Maurizzio Cazzati o Athanasius Kircher, entre otros, y al menos para quien escribe estas líneas) junto a otros de más renombre como Girolamo Kapsberger o Barbara Strozzi, de la que, si no me equivoco, finalmente no se interpretó su prevista aria.

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L’Arpeggiata la han formado en esta ocasión ocho músicos entre los que han destacado prácticamente todos: muy sonoro, afinado y acertado Doran Sherwin al cornetto; espectacular en la guitarra barroca –especialmente en el fandango de Santiago de Murcia, arreglado por él mismo- Josep María Martí y efectista por infrecuente la página solista del percusionista Sergei Saprichev. Fue uno de los claros ejemplos de la cercanía más evidente de lo que mucha gente cree entre la música barroca y la contemporánea. Así podríamos seguir con prácticamente todos los componentes del grupo, perfectamente coordinado por Christina Pluhar, también solista de tiorba y arreglista de muchos de los números interpretados. 

En el programa se intercalaban páginas instrumentales y vocales y los cantantes fueron tres: la soprano Céline Scheen, de voz limitada y siempre moviéndose en una tesitura muy central, en páginas sin alardes especiales en la zona aguda aunque también conviene apuntar que es dueña de un timbre hermoso; la mezzosoprano Luciana Mancini, muy efectista y actoral aunque con problemas de afinación en la franja más aguda; y, finalmente, el alto Vincenzo Capezzuto, que quizás nos ofreció la canción más impactante del concierto, la tradicional italiana, La canzone di Cecilia, con una prosodia magnífica y que nos arrastraba casi en su estructura y modo de interpretación, al mundo de los cantautores actuales. Su voz es muy pequeña, siempre afalsetada pero es dueño de un gusto evidente. La última obra, La passariellu, tradicional napolitana del siglo XVIII la ofrecieron los tres cantantes de forma conjunta a modo de colofón. También intervenía Anna Dego como actriz-bailarina sobre la que prefiero mantener un respetuoso silencio. La reacción del público al final del concierto fue desaforada.

 

Conclusión

Son ya 25 ediciones y lo cierto es que Musika-Música es un festival consolidado aunque intuyo que se está produciendo algún tipo de reflexión entre los organizadores acerca del futuro del mismo. Para mucha gente es el único momento de acercarse a conciertos relativamente breves y muy representativos de lo que la música clásica es pero también corremos el riesgo de quedarnos los que somos y tener cada vez más dificultades para acercar un público nuevo.

El día salió muy primaveral pero coincidía con el 8 de marzo y miles de personas respondieron a las movilizaciones planteadas por las distintas corrientes del movimiento feminista. Casualmente –o no- los dos conciertos a los que pude asistir los dirigían mujeres pero quizás no hubiera estado de más dedicar esta edición a la fecha y a la mujer música en todas sus vertientes. En cualquier caso, un nuevo éxito y vivida una nueva oportunidad de disfrutar de la música.