© Monika Rittershaus 

Una batuta para dominarlos a todos

Salzburgo. 01/04/2026. Festival de Pascua de Salzburgo. Felsenreitschule. Berliner Philharmoniker. Kirill Serebrennikov, dirección de escena. Kirill Petrenko, dirección musical.

La expectación era indudable y máxima. El regreso de la Filarmónica de Berlín al Festival de Pascua de Salzburgo tenía que ser épico. Y puedo confirmar que así ha sido, iniciando con este Rheingold la puesta en escena de un nuevo Anillo que tendrá continuidad durante los próximos años, exceptuando el parón de 2028, cuando está previsto escenificar Moses und Aron.

Fundado por Herbert von Karajan en 1967, buscando un espacio propio donde dar rienda suelta a sus ambiciones operísticas con Wagner, de la mano de su propia orquesta, este festival estuvo ligado a la formación berlinesa hasta el año 2011, cuando desavenencias con la administración del evento hicieron que los Berliner se desplazaran a Baden-Baden, donde estuvieron hasta el año pasado

La fama de Kirill Petrenko como un gran director de ópera se forjó sobre todo durante sus años al frente de la Bayerische Staatsoper de Múnich, donde fue director musical 2013 y 2021. Allí le pude ver dirigir innumerables títulos, desde Lucia di Lammermoor a Die Tote Stadt pasando por Salome, Tristan und Isolde, Tosca, Die Soldaten... y por supuesto el Ring de Richard Wagner (en 2015 y en 2018), una obra que también dirigió en el Festival de Bayreuth en 2013, 2014 y 2015.

En todas las ocasiones que he tenido ocasión de escribir sobre el trabajo de Petrenko he subrayado su singular capacidad para combinar lo expresivo y lo analítico. Y es que nadie como él consigue una versión musical de semejante tensión teatral en la que al mismo tiempo todo suena sumamente ordenado y transparente. En este Rheingold una vez más Petrenko logra que escuchemos detalles inéditos en la partitura; volvemos a tener la extraordinaria sensación de asistir al estreno de una obra.

Dicho esto, hay algo de revelador en la manera que tiene Petrenko de traducir la música para escena, con una conexión constante e íntima entre el foso y las tablas. El maestro ruso resulta paciente y obsesivo en su manejo de los volúmenes y las dinámicas, ya desde el mismo preludio, que emerge como si fuese un fenómeno natural, algo casi orgánico. La admirable orquestación de esta partitura wagneriana encuentra en Petrenko y los Berliner una recreación inolvidable, con un nivel de detalles realmente incomparable.

Petrenko abunda en tiempos ágiles -que no rápidos- y encabalga la narratividad del libreto con la acción del foso como si fueran una misma cosa, con un extraordinario dinamismo. La primera intervención de Wotan es acompañada por los metales con una belleza que encandila y la aparición de los gigantes Fassolt y Fafner es tal vigor y tal tensión que produce una impresión realmente física en el oyente. Y por descontado el final, precipitado desde el 'Abendlich strahlt der Sonne Auge' con una épica extraordinaria. 

Admiración, emoción, verdad… Nada flaquea en una versión musical absolutamente memorable, de las que hacen época, sostenida en un instrumento de absoluta lujuria sonora, la Filarmónica de Berlín, con una cuerda en estado de gracia, con unas maderas asombrosas y con un metal realmente épico. 

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Para el inicio de este Ring, el director de escena ruso Kirill Serebrennikov, también conocido por su actividad como cineasta, ha escogido situar la acción -él mismo lo confiesa así- en "una África imaginaria después del apocalipsis, en la que la humanidad tiene que reinventarse". El resultado es un Rheingold de aires tribales, casi prehistórico y cuajado de referencias a diferentes culturas ancestrales. Serebrennikov -quien se ocupa asimismo del vestuario y la escenografía- no pretende imponer un concepto ni sobreimprimir una dramaturgia. Más bien juega la carta de generar una estética y pone el acento en una dirección de actores realmente estimable.  

En la mirada de Serebrennikov sobre el Rheingold hay multitud de referencias, unas más evidentes y otras más recónditas, algunas incluso -cabe suponer- que cobrarán sentido conforme avance la puesta en escena de este Ring en los años venideros. Y toda la propuesta se hace acompañar de unas proyecciones -algo tediosas, por repetitivas- que contribuyen a situar la acción en ese escenario desértico y postapocalíptico, con una humanidad forzada a reinventarse, y conectando asimismo con el núcleo más legendario y mitológico del libreto. 

La representación tuvo lugar, por cierto, en la Felsenreitschule y no en la sala del Grossesfestspielhaus. La elección es todo un acierto ya que este espacio ofrece unas posibilidades escénicas y acústicas extraordinarias a las que Serebrennikov y Petrenko sacan todo el partido posible. La propuesta cuenta también con la intervención del Recycle Group, que "explora el ámbito de la realidad virtual mediante imágenes y materiales reciclados, buscando tender puentes entre temas aparentemente incompatibles como lo clásico y lo contemporáneo", según puede leerse en su propia página web. Suyo es el remate de la representación con unas esculturas que conforman finalmente la imagen del anillo, ocupando todo el espacio de la gran Felsenreitschule.

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El elenco vocal estuvo cuajado de gratas sorpresas. En primer lugar hay que elogiar el excelente trabajo de Leigh Melrose como Alberich. El barítono británico -un gran cantante-actor, como dejó patente con su Beckmesser en el Teatro Real- hace toda una creación, física y vocal, desarrollando el personaje concebido por Serebrennikov en su puesta en escena. Alberich es aquí una suerte de caudillo con reminiscencias de hehicero y Melrose no pudo resultar más hipnótico con su vívida interpretación del rol.

La inteligencia de Christian Gerhaher como intérprete ha quedado sobradamente avalada a lo largo de los años. Cuando se adentra en un rol, cabe colegir que lo ha hecho tras una madurada decisión. Este Wotan se antoja al límite de sus facultades vocales, sobre todo por lo grave de la tesitura y la necesidad de un notorio empaque vocal en las intervenciones solistas que tiene el personaje. Gerhaher nunca da la impresión de verse sobrepasado por el rol y sin duda la batuta de Petrenko contribuye a que todo funcione debidamente en términos de proyección, volúmenes y balance. Así las cosas, solo cabe aplaudir un Wotan tan bien acentuado y, por qué no decirlo, tan bien actuado -qué humanidad, qué grandeza en su manera de decir el texto-, manifestando de una manera muy creíble las contradicciones del rol en su afán por conservar el anillo una vez lo posee.

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Del resto del elenco cabe destacar las excelentes intervenciones de Brenton Ryan como Loge y Thomas Cilluffo como Mime. Aunque vocalmente no resulten descollantes, se pliegan de un modo encomiable a las indicaciones escénicas -especialmente en el caso de Loge- y dan lo mejor de sí en el plano musical, bien espoleados por un Petrenko siempre atento a los solistas. Del resto de voces destacaría especialmente el sonoro y contundente Fasol de Le Bu, sin duda un cantante a seguir; y también la impecable Erda de Jasmin White, quien clavó literalmente su única y comprometida intervención.

Completaban el cartel el Froh de Thomas Atkins, el Donner de Gihoon Kim, el Fafner de Patrick Guetti, la Fricka de Catriona Morison, la Freia de Sarah Brady, la Woglinde de Louise Foor, la Wellgunde de Yajie Zhan y la Flosshilde de Jess Dandy. Todo ellos rindieron a un nivel francamente estimable, sin que hubiera flaquezas reseñables en tan extenso elenco.

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Fotos: © Monika Rittershaus