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Apoteosis y despedida

Peralada. 4/4/2026. Iglesia del Carmen. Ein deustches Barockrequiem. Vox Luminis. Lionel Meunier, dirección musical.

Peralada. 4/4/2026. Iglesia del Carmen. De Victoria: Officium Defunctorum. O Vos Omnes. Xavier Pastrana, dirección musical.

Peralada. 5/4/2026. Iglesia del Carmen. Obras de Mozart y Schubert. Yewon Han (soprano), Marcela Rahal (mezzosoprano), Filipe Manu (tenor), Manuel Fuentes (bajo). Cor Francesc Valls (Pere Lluís Biosca, director). Franz Schubert Filharmonia. Guillermo García Calvo, dirección musical.

Con el Sábado Santo, rememoración del descenso de Jesús a los infiernos según la liturgia cristiana, llegó la apoteosis musical de la cuarta edición del Festival Perelada Pascua. No es sorprendente ya que, en la misma jornada, coincidían dos formaciones tan relevantes y rigurosas en lo suyo como Vox Luminis y O Vos Omnes. Por la tarde, el conjunto fundado y dirigido por Lionel Meunier proponía un recorrido por la música sacra alemana del siglo XVII mientras que, unas horas más tarde, el ensemble vocal catalán liderado por Xavier Pastrana se enfrentaba al extraordinario Officium Defunctorum de Tomás Luis de Victoria. Y, si la propuesta y la prestación de los primeros puso un listón de calidad altísimo, los segundos protagonizaron una de esas experiencias musicales que quedan en los anales del festival.

Tomando las Musikalische Exequien de Heinrich Schütz -obra que supuso la explosión internacional de Vox Luminis- como referente y base estructural, y con el Deutsches Requiem de Brahms en el horizonte, Lionel Meunier ha construido un artefacto músico-litúrgico que profundiza en el repertorio barroco sacro germánico marcado por la reforma luterana y previo a la cristalización bachiana. Así, a través de composiciones de carácter religioso con formatos distintos de autores tan desconocidos como Andreas Scharmann, Thomas Selle, Johann Herman Schein, Christian Geist, Tobias Michael, Wolfgang Carl Briegel, Andreas Hammerschmidt, Heinrich Schwemmer o Johann Philip Förtsch, Meunier y compañía han diseñado una entelequia que retrata un momento muy concreto y poco conocido de la música alemana que conforma el sustrato de la gran misa para difuntos brahmsiana.

Con un conjunto coral formado por doce voces y un reducido aparato instrumental compuesto por dos violines, dos violas de gamba, violone i órgano, Vox Luminis exhibió la calidad interpretativa y autoridad estilística que lo han convertido en uno de los ensembles de referencia en este repertorio. La profundidad del trabajo tanto en el planteamiento conceptual como en la preparación musical se evidencia en cómo cada uno de sus miembros responde de manera natural y cohesionada al más mínimo gesto de un Meunier integrado en el coro y, a menudo, en un segundo plano. Por ello, la precisión absoluta en los ataques, la flexibilidad en el juego dinámico, la variedad expresiva y la belleza tímbrica se antoja aún más milagrosa. Cierto es que, en las escasas intervenciones solistas, se echa en falta una mayor contundencia y calidad vocal, pero en cuanto las voces se juntan el empaste y amplitud de la gama cromática son simplemente asombrosas.

Si Vox Luminis impresionó por la tarde, lo que ofreció O Vos Omnes por la noche es difícil de describir. Situados en el centro de la basílica y con el público a su alrededor, las seis voces, únicamente apoyadas circunstancialmente por un bajón, el fagot antiguo, desplegaron una paleta de colores infinita gracias a una claridad de texturas y juego de planos sonoros inimaginable. Con los mínimos recursos lograron que la iglesia retumbara sacudida por reconcentrada espiritualidad a través de la fantasiosa polifonía y capacidad expresiva de la majestuosa obra de Tomás Luis de Victoria. Una actuación que, sin duda, supone un hito en la breve historia del certamen.

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Por primera vez, y visto el resultado no será la última, el Festival Perelada de Pascua ha alargado su actividad hasta la mañana del Domingo de Resurrección. Tras las profundidades abisales de la jornada anterior, la sesión matinal fue acertadamente luminosa. La Franz Schubert Filharmonia y el Cor Francesc Valls, conducidos por Guillermo García Calvo llenaron por última vez la Església del Carme con un programa compuesto por obras de Mozart y Franz Schubert. La primera parte estuvo íntegramente dedicada al compositor de Salzburgo, del cual sonó primero el tardío Ave Verum Corpus seguido de la juvenil Misa brevis en sol mayor, KV 49.

Desde el primer momento, el Cor Francesc Valls, aquí mucho más protagonista que en el oratorio de Caldara del concierto inaugural, demostró su calidad y justificó por qué ha sido escogido como conjunto residente en esta edición. Cada una de sus intervenciones derrochó expresividad, con un sonido cálido y equilibrado en todas sus secciones, perfectamente sustentado por una Franz Schubert Filharmonia en plena forma que, gracias a la claridad en la articulación impuesta por la precisa batuta de García Calvo, superó los obstáculos acústicos de un espacio ingrato para orquestas medianas y grandes.

Una notable versión de la Misa en sol mayor, D 167 de Franz Schubert -en la misma tonalidad luminosa que la de Mozart- cerró el concierto y el certamen dejando un poso de serenidad y esperanza. El cuarteto vocal, formado por la soprano Yewon Han, la mezzosoprano Marcela Rahal, el tenor Filipe Manu y el bajo Manuel Fuentes estuvo a gran nivel, contribuyendo al éxito de esta primera matinal en Peralada.