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50 años no es nada 

50 años no es nada, o es mucho. No es nada porque deseamos a la Schubertiade austriaca 50 años más por lo menos, y es mucho por lo que suponen tantos años defendiendo el lied y la música de cámara de Franz Schubert y también de otros compositores de estos géneros que son más minoritarios que la ópera o la música clásica en general. Pero ¿qué es una Schubertiada? Se da el nombre de “Schubertiadas” a unas reuniones de intelectuales y artistas organizadas por los amigos del gran músico. El lugar de los encuentros eran las tabernas y las casas particulares, fuera de los salones y la etiqueta nobiliaria. Allí se comía, bebía, se charlaba y se hacía música. Muchas veces escuchaban a Schubert al piano y al cantante Johan Michael Vogl interpretando los lieder del músico vienés. Más adelante los temas derivaron hacia el arte y las letras en general: pintura, poesía, filosofía. Muerto tempranamente en 1828, sus amigos siguieron con la tradición para no olvidarlo.

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¿Y qué es la Schubertiade?: Un festival para Franz Schubert. Darle el lugar que le correspondía junto a Mozart y Beethoven fue la idea detrás de la Schubertiade, que se celebró por primera vez en Hohenems en 1976. Iniciada por el gran barítono alemán Herrmann Prey, esta pequeña ciudad, rica en historia, se convirtió rápidamente en una de las sedes más renombradas del festival. Según los planes de Prey, se crearía una especie de "Bayreuth para Schubert" en el palacio renacentista local. Un lugar donde el público tendría la oportunidad única de familiarizarse con la obra completa del compositor. Sin embargo, el concepto era bastante inusual: todas las obras se interpretarían en el orden en que fueron compuestas. No obstante, la idea de Prey no era viable ni artística ni financieramente en este pequeño entorno, por lo que él se retiró de Hohenems. Gerd Nachbauer, quien había participado como director general desde el principio, también asumió la dirección artística a principios de la década de 1980 (cargo que aún conserva) y posteriormente amplió el programa. Hasta 1983, el programa consistía exclusivamente en composiciones de Franz Schubert; desde entonces, también se han interpretado obras de otros compositores, principalmente predecesores, contemporáneos y sucesores de Schubert. Sin embargo, como antes, la extensa obra del compositor austriaco sigue siendo el eje central del festival, con recitales de lied, conciertos de cámara y recitales de piano que conforman el programa principal.

La organización de la Schubertiade inaugura su temporada de 2026 recordando uno por uno los conciertos que abrieron la primera edición en ese 1976, repitiendo las mismas programaciones y guardando fielmente el orden con el que se produjeron contando con la excelente acústica del Markus-Sittikus-Saal en todos los eventos menos en uno. Es un empeño admirable que solo los grandes festivales consiguen llevar a buen puerto. Y la Schubertiade es sin duda alguna, hoy en día, el festival de Schubert más importante y prestigioso del mundo, con alrededor de 70 eventos y 35.000 visitantes cada año. Su extenso programa y su atmósfera musical lo hacen único y especial.

 

Liederabend

El apartado vocal se centró en varios conciertos de lieder (Liederabend). La figura de Hermann Prey, como ya se dijo, impulsor de este evento, estuvo presente en 1976 en la mayoría de recitales. La edición pionera se inició con una selección de canciones bastante conocidas y que resumen, como también ya se dijo, la trayectoria compositiva del maestro austriaco. Tengo que reconocer una afinidad especial como cantante de lied con Konstantin Krimmel, al que pronto podremos ver en España, concretamente como Figaro en las próximas funciones programadas  por el Gran Teatre del Liceu de Barcelona de Las bodas de Fígaro. Me parece que es una de las voces más bellas y que mejor conectan con este género y he sido testigo de conciertos inolvidables brindados por él. Es poco gesticulante en comparación con otros compañeros, más conciso. Pero es su voz, la que a través de sus modulaciones consigue expresar todo lo que el verso y la música transmiten. En esta velada estaba en plena forma y nos ofreció versiones emocionantes de grandes lieder de Schubert. Destacar de la primera parte sus versiones del famoso Ganymed (D 544) sobre texto de Goethe, el descriptivo Die Sterne (Las estrellas, D 939) y el lleno de contrastes An die Leier (A la lira, D 737). La segunda parte fue tremendamente emotiva, redonda tanto en lo vocal como en lo musical, terminando con Nachtstück (Nocturno D 672), un bellísimo lied sobre un texto del amigo de Schubert, Johann Mayhofer.

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En la edición inaugural hubo poca representación femenina. Solo un recital, pero nada menos que de Christa Ludwig, una de las mezzos más valoradas del siglo XX y una excelente liederista. En esta ocasión fue Sophie Rennert, que acaba de lanzar un cd con canciones de Schubert en la discográfica BIS, la que se encargó de rememorar el concierto. La voz de Rennert tiene una frescura envidiable, estupenda proyección y un color muy atractivo y un vibrato natural. La voz es grande y hermosa en la zona central y grave y sube sin dificultad al agudo, aunque lo más destacado de la mezzo es cómo juega con las notas, cómo expresa con su voz toda la pasión, alegría, desesperación y amor que encierra cada verso, cada poema. De la primera parte destacaría el Lied de Mignon de Goethe: Nur wer die Sehnsucht kennt (Solo quien conoce el anhelo D 877/4), de un romántico íntimo y bellísimo y la interpretación de Ständchen (Serenata D 921)  con el acompañamiento de un coro de voces femeninas, bastante raro de oír en directo. La segunda parte fue apabullante, con joyas que luego han servido de base para otras composiciones con Der Tod und das Mädchen ( La muerte y la doncella D 531) o Die Forelle (La trucha, D 550), acabando con una magistral interpretación de Du bist die Ruh (Tú eres la paz, D776). Un recital inolvidable.

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El plato fuerte de esta celebración ha sido la posibilidad de escuchar los tres ciclos de lieder que escribió Schubert, aunque no ha quedado confirmado que Schwanengesang fuera compuesto como un ciclo cerrado ya que se publicó después de su muerte. 

Die schöne Müllerin fue el primero de los ciclos. El tenor Ilker Arcayürek, de origen turco, aborda esta joya del mundo del lied de una manera muy natural, nada forzada. Su narración es fluida, adaptándose perfectamente a la evolución de su personaje (el molinero enamorado) sin romper la magia de la historia. Me refiero a que su enfoque comienza de una manera alegre, optimista y va evolucionando según la realidad (la actitud de la molinera, la aparición del cazador, la aceptación de el amor no correspondido), no cae en exageraciones, en gestos o demasiado jocosos o excesivamente trágicos. Por eso se hace más creíble. El tenor conecta con Schubert y con su música y eso nos permitió disfrutar de una variada muestra de un canto de buena técnica y diferentes registros que domina con maestría. Su timbre es especial, y al principio a mí me costó adaptarme a él hasta que le encontré esa personalidad que encierra. Tampoco ciertos pianissimi de la zona aguda acabaron de convencerme, pero eso no es óbice para calificar su trabajo de excelente.

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Escribir una reseña después de escuchar Winterreise (El viaje de invierno), el Everest del mundo de la canción alemana, siempre resulta difícil. Los versos de Wilhelm Müller, intensos, apreciables pero no excepcionales, se convierten, en manos del compositor vienés, en el paradigma del sentimiento del idealizado hombre romántico, aquel que parte a un viaje, quizá sin retorno, en el invierno helado de su corazón. El acercamiento a ese mundo tan cerrado, tan íntimo, tan especial, constituye uno de los retos más difíciles para un cantante. No sólo por la complejidad musical, sino sobre todo porque en el Viajero de Schubert hay mil hombres distintos a los que el intérprete se puede acercar de mil maneras diferentes. Es la tercera vez que oigo al barítono italiano Andrè Schuen en este ciclo, y esta vez ha sido su interpretación más redonda. Sigue manteniendo la increíble calidad técnica y ese timbre tan espectacular pero esta vez vi a un intérprete más introspectivo, más maduro, buscando lo profundo de la música a través del texto. Estuvo magnífico en cada uno de los poemas, con una evolución del personaje menos airada que en otras ocasiones, más sosegada e íntima, más cercana al ideal romántico de Schubert. Sin duda el mejor concierto de los ofrecidos estos días, sin desmerecer a nadie, por supuesto.  

Terminaban los conciertos de lied con el Schwanengesang (el canto del cisne),en la voz de Konstantin Krimmel. Fue una demostración de calidad, de ductilidad de los colores vocales que se adaptaban a cada lied, a cada verso, a la riqueza sonora creada por Schubert para los versos de Ludwig Rellstab y Heinrich Heine. Krimmel interpretó primero los lieder escritos por Heine y después los de Rellstab. Destacaron la interpretación de Der Atlas (Atlas), Der Doppelgänger (El doble), Liebesbotschaft (Mensaje de amor), la famosa Ständchen (Serenata) y un precioso Abschied (Despedida). La Markus-Sittikus-Sall resonó y se llenó en los momentos más trágicos con la imponente proyección y la fuerza del volumen del barítono alemán. Un final espectacular para esta conmemoración.

Schubert era, sobre todo, pianista, y su arte se puede apreciar especialmente en los acompañamientos musicales de sus lieder. Pero digo mal. No son acompañamientos. Realmente cada lied es un juego entre voz y piano, donde este tiene una gran libertad en muchos casos. De hecho, creo que el Schubert más experimentador está aquí, en las teclas de muchas de sus canciones. Ammiel Bushakevitz tocó en el primer concierto del aniversario con Krimmel y en La bella molinera con Arcayürek. Siempre a muy buen nivel, lo noté más suelto, con un pianismo más libre en el concierto con Krimmel. En la molinera se adaptó perfectamente al tenor pero no sonó tan espontáneo. A Sophie Rennert la acompañó su pianista habitual, Joseph Middleton, un auténtico especialista en lied, que dirige el Leeds Lieder, un prestigioso festival dedicado a este género. El gran Daniel Heide puso su marca elegante y experta en sus dos intervenciones. La conexión con Schuen fue perfecta en Winterreise y también hubo mucha complicidad con Krimmel en El canto del cisne. Es sin duda hoy por hoy uno de los mejores pianistas de esta parte del mundo pianístico tan especial y tan bello.

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Kammerkonzert 

Es también extensa la producción de música de cámara en la trayectoria compositiva de Schubert. Prey eligió don conciertos. El primero con tres de las piezas más conocidas, por no decir las más, para cuarteto de cuerda, interpretadas por un grupo bien conocido en Schubertiade, el Mandelring Quartett.  Empezaron con una pieza breve, de un solo movimiento, Allegro assai, pero bien conocida:  El Streichquartettsatz, D 703.Después consiguieron una impecable interpretación del Cuarteto nº 13 “Rosamunde”. Pero donde el virtuosismo y el sentimiento de estos cuatro músicos fue más palpable en el Cuarteto nº 14, La muerte y la doncella, una de las cumbres para cuarteto de cuerda de la historia de la música. El dolor y la belleza llegaron hasta muy dentro del público que les dedicó largos y sonoros aplausos, además de los consabidos pataleos en el suelo de madera, signo inequívoco en estos lares de que ha gustado enormemente la interpretación.

El día 3 de mayo pudimos escuchar un concierto excepcional.  La interpretación del Octeto D 803 fue mágica, con una un virtuosismo en los solistas y a la vez una tremenda compenetración entre ocho músicos. que no suelen trabajar juntos. además del estupendo Cuarteto Pavel Haas con su primer violín Veronika Jarůškova a la cabeza pudimos disfrutar de cuatro solistas de altísima calidad: Petr Ries contrabajo, Karel Dohnal, un clarinetista excepcional, Přemysl Vojta un trompa de categoría y un estupendo fagotista,Tomáš Františ. La segunda parte la ocupó una de las obras más famosas y bellas de Schubert: Forellenquintett (el quinteto La trucha D667). Intensa y alegre interpretación de tres de los componentes del Pavel Haas, el contrabajista Petr Ries y un muy inspirado Boris Giltburg al piano.

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Klavierabend 

El piano  solista tuvo en 1976 una sola presencia. Se eligió un concierto con piezas a cuatro manos, quizá, por el ambiente de camaradería que imperaba cuando Schubert vivía. Yaara Tal y Andreas Groethuysen fueron los encargados de rememorar varias piezas de este tipo como la “Grande Sonate” D 617 o las simpáticas “Trois Marches Militaires” D 733, sobre todo la más conocida, la primera. En la segunda parte brillaron los dos intérpretes en esa gran composición que es la Fantasie D 940.

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Chorkonzert

Lo más innovador de esta “reconstrucción” de la primera Schubertiade es escuchar en la parroquia de St. Karl de Hohenems música religiosa compuesta por Schubert, además en el único lugar físico que repite su enclave original. Pudimos oír obras sueltas de la primera etapa del compositor y un Deutsches Requiem D 621 que no sabía que existiera. También es notable la inclusión del Salmo 92 (D 953) en una comunidad judía tan activa como fue la de Hohenems hasta el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, uno de los atractivos de la ciudad es su excelente Museo Judio. Schubert puso música al texto en hebreo (cantado por coro y barítono solo –Konstantin Krimmel–) y luego se tradujo al alemán por Moses Mendelssohn, abuelo del famoso compositor Felix Mendelssohn. Finalizó el concierto la Misa Alemana D 872, a cargo, como el resto del concierto del Kammerchor Feldkirch y el director, Benjamin Lack, e incorporando en esta última obra de miembros de Orquesta Sinfónica Vorarlberg.

 

Una experiencia inolvidable y perfectamente organizada. Solo queda dar las gracias, como siempre que acude Platea a la Schubertiade, a la organización de la misma, a la Oficina de Turismo de Austria en España y al Bodensee-Vorarlberg Tourismus.