© Sergi Panizo
Afinidades electivas
Barcelona, Gran Teatre del Liceu. 5/05/2026. Massenet: Werther. Matthew Polenzani (Werther), Elmina Hasan (Charlotte), Leonor Bonilla (Sophie), Carlos Daza (Albert), Stefano Palatchi (El alcalde), Josep Fadó (Schmidt), Enric Martínez-Castignani (Johann), Cristòfol Romaguera (Bruhlmann), Marta Esteban (Kathchen). Christoph Loy, dirección de escena. Henrik Nánási, dirección musical.
No cabe duda de que el máximo aliciente y principal reclamo de las funciones del Werther de Massenet que se están llevando a cabo en el Gran Teatre del Liceu ha sido el debut de Xabier Anduaga en el rol protagonista. En cierto modo, la producción ha parecido girar entorno al tenor donostiarra, quien ha cosechado un importante éxito (como ya se comentó en estas páginas) con bis incluido de la romanza “Porquoi me reveiller” en la tercera función. La lógica expectación que ha despertado este sonado debut ha eclipsado más si cabe la prestación del cast alternativo que, a pesar de ello, ha mostrado un muy alto nivel, tanto vocal como escénico. Lo más interesante, más allá del aspecto musical, ha sido apreciar las notables diferencias entre ambos repartos, especialmente en lo que se refiere a dinámica teatral e interacción entre los personajes. Tanto es así que se podría afirmar que en esta producción firmada por Christof Loy coexisten dos Werther muy distintos.

Probablemente el elemento clave del que parte esta dualidad sea el protagonismo de dos tenores tan distintos como Xabier Anduaga y Matthew Polenzani. Anduaga, lógicamente, propone un Werther joven, atractivo y apasionado. El tenor americano, a sus 58 años, está obligado a jugar otras bazas y a fe que lo hace. Su estampa es la de un Werther decadente, un tanto decrépito con su melena blanquecina y su actitud espectral. Si en el personaje del tenor español la pulsión dominante es la pasión amorosa, en el de Polenzani parece ser la muerte. A ello contribuye también el elemento vocal. En contraste con la lozanía de su colega, el instrumento del americano suena un tanto ajado y escaso de esmalte en la franja central, pero en el registro semiagudo y agudo gana en armónicos y es de una contundencia y seguridad sorprendentes. Por otro lado, el fraseo y la dicción son impecables, así como el juego de medias voces variado y expresivo, demostrando que está familiarizado y domina el estilo francés.

Ese enfoque y esa imagen contrastan radicalmente con la juventud y belleza de la Charlotte de Elmina Hasan, lo cual aporta a la puesta en escena un componente más simbólico que el naturalismo dominante en el primer reparto. La mezzo azerbaiyana, además, posee una presencia y dinámica escénica muy notable, lo cual dio especial relieve a su personaje. La suya es una Charlotte que parece más idealizada que terrenal, aspecto que conecta con el concepto original de Goethe. El timbre de Hasan es atractivo, aunque marcadamente lírico, característica comprensible teniendo en cuenta la juventud de la cantante. Pese a ello, defendió bien su gran escena del tercer acto que cantó con expresividad y elegancia firmando un debut del personaje y en la casa muy interesante.

Uno de los aspectos más originales de la lectura de Loy es el tratamiento del personaje de Sophie. Habitualmente, la hermana pequeña de Charlotte queda reducida a ser el contraste ligero de la trama, el oasis musical y escénico entre tanto drama. El director alemán, sin embargo, consigue otorgar mucha más densidad y protagonismo al rol. Aquí, Sophie no es la niña inocente que no se entera de nada. Al contrario, coquetea con Werther y con Albert y muestra cierto resquemor y despecho hacia su hermana. Esta visión del personaje era muy evidente en la interpretación de Sofía Esparza en el primer reparto, mientras que Leonor Bonilla en el segundo suaviza un tanto esos contornos para ofrecer una versión más tradicional y chispeante. Desde un punto de vista musical y vocal, la soprano andaluza regala una Sophie prácticamente ideal, con medios sobrados muy bien proyectados y una línea de canto inmejorable. Un nuevo triunfo de Leonor Bonilla en el Liceu.
También excelente el Albert de Carlos Daza que exhibió la nobleza de su timbre baritonal y de su elegante fraseo en cada una de sus intervenciones, dando especial relieve a la romanza del primer acto. Una nobleza que se apoderó del personaje, menos maligno que el dibujado por su colega David Oller. La interacción entre los cuatro protagonistas, su afinidad y particular acercamiento hacia sus personajes, dio como resultado un Werther realmente alternativo. Desconozco hasta donde llega la mano de Loy o de la responsable de esta reposición, Silvia Aurea De Stefano, pero el resultado es interesante y enriquecedor. El resto del cast fue el mismo que en la función inaugural ya reseñada en Platea Magazine y mantuvo el nivel, mientras que la Orquestra del Gran Teatre del Liceu sonó más segura pese a la dirección un tanto pálida de Henrik Nánási.
Fotos: © Sergi Panizo