© Shumpei Ohsugi 

De la ópera a la música de cámara

3/6/2026. Vitoria-Gasteiz. Palacio de Congresos Europa. Obras de F. Chopin, J. Brahms y E. Grieg. Kyöhei Sorita (piano) y Boris Borgolotto (violín). 

No deja de ser curioso, al menos para quien firma estas líneas, que una agrupación dedicada a la ópera como la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) haya decidido que dentro de los festejos por el 75º aniversario de la temporada operística de la capital vizcaína se considere conveniente organizar un breve ciclo de música de cámara en las tres capitales de la Comunidad Autonómica Vasca. La celebración es totalmente legítima: pocas agrupaciones culturales pueden alardear de haber mantenido viva su actividad durante tres cuartas partes de siglo y la ABAO tiene todo el derecho de reclamar para sí el éxito de su recorrido histórico.

La ópera tiende a ser hiperbólica en su manifestación artística y en sus demandas y sin embargo este festival es íntimo, recogido. Además, la ópera se basa, fundamentalmente, en el valor de la voz humana y este breve festival no tiene presencia de la misma. Y lo me parece un detalle poco afortunado, se ha dado en llamar a esta nueva propuesta ABAO Basque Musikaste cuando desde hace más de cincuenta años existe el Festival Musikaste, en Errenteria (Gipuzkoa) que, precisamente se ha celebrado en la segunda semana del pasado mes de mayo, hace apenas tres semanas. ¡Pues anda que no habrá posibilidades de nombrar un festival de música de cámara!

El primero de los conciertos previstos, con obras para violín y piano, se ha celebrado en la capital alavesa, en la sala auditorio María de Maeztu del Palacio de Congresos Europa, un lugar suficiente aunque no el más adecuado para la música clásica. Los conciertos son de carácter gratuito tras la retirada de la pertinente invitación y lo cierto es que las 720 butacas estaban cubiertas –al menos las que podía divisar desde mi localidad- en un 90 % aproximadamente. Los artistas, el pianista japonés Kyöhei Sorita y el violinista francés Boris Borgolotto.

El concierto estuvo dividido en dos partes. La primera, solo para piano, centrado en la obra  de Frederic Chopin; la segunda, con dos sonatas para violín y piano de Brahms y Grieg respectivamente. Dos horas de velada que la mayor parte del público siguió con respeto aunque se palpaba la presencia de asistentes quizás no muy conocedores de las “normas” habituales de comportamiento en este tipo de eventos, lo que conllevó que en cada uno de los movimientos se aplaudiera como si la obra hubiera finalizado.

El pianista japonés ofreció los Cuatro Scherzos del genio polaco sin pausa, lo que creo que fue excesivo para parte del público. Cuarenta minutos de música que, lo creo sinceramente, hubieran requerido alguna breve presentación de la obra y el significado de la figura del scherzo y del mismo compositor. Efectivo y efectista, Sorita interpretó de memoria las cuatro obras y fue capaz de enseñarnos tanto la contundencia de las partes más dramáticas como el virtuosismo de las más desenfadadas. La respuesta del público fue de evidente efusividad.

Tras el descanso de quince minutos, se añadió al lúgubre escenario el pianista francés Boris Borgolotto para interpretar, en primer lugar la Sonata para violín nº 1 en sol mayor, op. 78,(1879) de Johannes Brahms en lugar de la tercera, la anunciada, de tono fundamentalmente sosegado y melancólico. A continuación la Sonata para violín nº 2 en sol mayor, op. 13, (1867) de Edvard Grieg. Es fácilmente comprobable tanto la unidad de la tonalidad de ambas sontas como la cercanía en el tiempo del estreno y su relativa coincidencia estética. Y es que también para este tipo de música la ABAO no esconde su preferencia por lo clásico y convencional, huyendo de cualquier experimento. También en este caso hubiera sido deseable cierta intervención previa de carácter pedagógico porque la que hubo, de apenas un minuto, fue paupérrima y con errores.

Borgolotto asumió el protagonismo de la noche y nos brindó una interpretación intensa tanto de la primera sonata, más reposada y de la segunda, que naciendo desde el pianissimo va creciendo hasta dar rienda suelta a un ritmo vivo y que permite al solista enseñar sus dotes virtuosísticas. La compañía de Sorita fue tan eficaz como solidaria, siempre al servicio de su compañero. La respuesta popular fue aun más vehemente y es claro que fue del gusto de los asistentes.

Nada sabemos de las intenciones de la ABAO con esta iniciativa. El tiempo nos dirá si esto es flor de un día, flor de un aniversario, o hay otras intenciones. En cualquier caso agradezcamos la oportunidad de vivir en Vitoria-Gasteiz un concierto de cierta altura.