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Medea riconosciuta 

Epidauro. 20/06/2026. Athens Epidaurus Festival. Luigi Cherubini: Medea. Anna Pirozzi (Medea), Jean-François Borras (Giasone), Danae Kontora (Glauce), Alisa Kolosova (Glauce).  Tassis Christoyannis (Creonte), Yannis Stamatakis (Capitán de la guardia), Emily Tsimidaki (Primera doncella), Irena Athanasiou (Segunda doncella). Orquesta y coro de la Ópera Nacional Griega. Jacques Lacombe, dirección musical. Panaghis Pagoulatos, dirección de escena. Nueva producción sobre la reposición reimaginada de la producción histórica de 1961.

Acontecimiento histórico para la Ópera Nacional Griega que ofreció en una única función, la ópera Medea (París, 1797), de Luigi Cherubini, en el Festival de Atenas y Epidauro, fundado en 1955. Un entorno incomparable, el del mítico teatro griego de Epidauro, situado en la Península del Peloponeso, a dos horas y cuarto en coche de la capital ateniense, y donde se han escenificado las tragedias griegas desde el siglo II a C.

Con una capacidad de 10.000 personas, un sold out colgado desde el mes de febrero, y con el homenaje de una producción mítica, la protagonizada por Maria Callas en 1961, en el mismo teatro de Epidauro. La Ópera Nacional Griega ha sabido convertir este evento insólito en un éxito de público, mediático y nostálgico, además de representar un orgullo de la historia griega del arte lírico, del teatro y su tragedia helénica.

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La soprano napolitana Anna Pirozzi fue la encargada de asumir el enorme reto de suceder a La Divina, quien cantó Medea en el Teatro de Epidauro en 1961, en una recordada versión escenificada por el equipo de Alexis Minotis como director de escena, con Yannis Tsarouchis como encargado del vestuario y con Maria Hors en la coreografía. 

El lema de la temporada 25/26 de la Ópera Nacional Griega es el autodescubrimeinto y como tal se ofreció esta reposición, sobre la histórica producción de 1961, en una nueva producción con Panaghis Pagoulatos como director de escena, escenografía de Lili Pezanou, vestuario de Tota Pritsa, coreografía de Gianna Filippopoulou, Kelly Zúmbela e iluminación de Christos Tziogkas.

El público se rindió ante la propuesta, gracias a las prestaciones de una Pirozzi de canto legato y elegante, fiel a si misma y sin sombras callasianas que la presionaran. Un reparto coherente y de holgado nivel, una orquesta más que correcta con un director de gran sensibilidad vocal, y una producción vintage de aroma a lo peplum consiguió proporcionar un viaje en el tiempo para recrear la magia de lo atemporal.

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El teatro de Epidauro, famoso por su disposición clásica de teatro griego, con una capacidad que se sitúa ente los 10.000 y hasta 15.000 espectadores, siempre ha sido reconocido como una obra de ingeniaría teatral y civil de reconocido prestigio. Su sorprendente acústica natural, sin micros ni altavoces, tampoco en esta Medea, asombra por la limpieza del sonido, sin alteraciones ni ruidos que afecten a la proyección de las voces ni al orgánico sonido de los instrumentos de la orquesta. En este aspecto, poder vivir una ópera en un teatro pensado para las representaciones de las tragedias griegas, fue una experiencia inolvidable por la calidad natural de un sonido fiel al de la proyección de la voz humana y su acompañamiento orquestal desde un foso, donde los equilibrios voces-orquesta, se pudieron comprobar con extático resultado.

Epidauro se encuentra a escasa hora y cuarto de la ciudad de Corinto, donde sucede esta historia de Medea, Jasón, Glauce y Creonte, y a menos de una hora de las ruinas de la ciudad mítica de Micenas, cuna fundacional de la cultura helénica, por lo que tanto el entorno como la ambientación pusieron en bandeja una experiencia lírica en un contexto geográfico ideal.

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Desde su primera intervención, Medea no sale a escena hasta pasados treinta minutos de la ópera, Anna Pirozzi, mostró un canto de cuidado fraseo, piani de gran calado y legato de gran personalidad. Si la imagen de La Callas se hizo presente en un vestuario que remitió a la producción protagonizada por la Diva, Pirozzi, inteligente artista, llevó su recreación a su terreno, con un carácter mucho menos ígneo, y más humano, sin mostrar la fúria arcánica de la maga, y apostando por un perfil donde el enamoramiento de la hija del rey de la Cólquide, suavizó un temperamento que pudo parecer demasiado tibio para algunos. En ese aspecto su caracterización ganó enteros en el aspecto amoroso de Medea, frente a una falta de acentos e incisiones, sobretodo en la escena final, que dejó a su personaje en un punto medio al que le faltó mayor carácter teatral. La voz sonó presente desde el principio, con sus arias y declamación teatral, con un tercio agudo, resentido en las notas fijas, pero expansivo en las frases largas, para una recreación final de gran dignidad vocal.

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El tenor francés Jean-François Borras, siguió la estela de Pirozzi y delineó un Giasone, personaje antipático y poco agraciado vocalmente en esta ópera, con la dulzura de su timbre meloso, un canto empático y un fraseo delicado sin brillos heroicos ni excesos de testosterona vocal. Un trabajo sensible que obtuvo un grato reconocimiento del público.

Favorita del respetable fue la Neris de la mezzo rusa Alisa Kolosova, quien cantó su aria con el solo obbligato del fagot, en una sintonía musical de sobrados medios, color oscuro y atractivo timbre y flexibilidad vocal.

La joven soprano griega Danae Kontora, fue una Glauce delicada de medios muy ligeros que quiso coronar su preciosa aria di sortita, y primera de la ópera, con un sobreagudo y variaciones con algún apuro de colocación y afinación. El instrumento es hermoso por timbre y claridad, aunque en un ambiente abierto y de la monumentalidad de Epidauro, quedó demasiado eclipsada.

El Creonte del baritono griego Tassis Christoyannis, remató todas sus intervenciones, arias y dúo, con la autoridad requerida gracias a una emisión de gran presencia, una tesitura homogénea y un agudo rocoso que lo convirtieron en uno de los protagonistas mejor identificados con su rol.

Corrección y gran profesionalidad en los personajes secundarios, el Capitán de Yannis Stamakis, y las doncellas Emily Tsimidaki y Irena Athanasiou.

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El coro de la Ópera Nacional Griega rindió en un nivel irregular, mujeres destempladas y sección masculina mejor equilibrada, en una lectura musical de Jacques Lacombe, que mimó las voces y ofreció puntuales brillos de la orquesta. Solistas de nivel como el flautista en sus solos del aria de Glauce, o las trompas en el número coral previo a la primera salida de Medea, que recuerda por estilo y monumentalidad al Fidelio beethoveniano, situaron el remarcable nivel de la Orquesta de la Ópera Nacional.

La producción se erigió con el homenaje clásico a la histórica de 1961, con un vestuario de tonos ocres y un movimiento natural con unas coreografías de sacerdotisas griegas de estilo antiguo, para una lectura coherente con el homenaje, resuelta con inteligencia y sin aspiraciones mayores.

Un éxito que sitúa y encuadra el gran momento del equipo de la Ópera Nacional Griega, con su director artístico Giorgios Koumendakis al frente, en una nueva edad dorada de la institución a la espera de más retos como el presente. 

¿Habrá más óperas en Epidauro? ¿Norma? Pues fue la única otra ópera que Callas cantó allí en 1960 ¿Una Elektra?. Al estar tan cerca de la tumba de Agamenón en las vecinas ruinas de Micenas… 

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Fotos: © Giannis Antonoglou