© Guillermo Mendo 

Aida según Odiseo

Sevilla, 23/6/2026. Teatro de la Maestranza. Verdi: Aida. Marigona Qerkezi (Aida), Alejandro Roy (Radamés), Ketevan Kemoklidze (Amneris), Ernesto Petti (Amonasro), Insumg Sn (Ramfis). Coro Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevila. Dirección de escena: Paco Azorín. Dirección musical: Daniele Callegari.

¿Y quién es Odiseo, se preguntarán? Pues el personaje que Paco Azorín toma como hilo conductor de su propuesta escénica para la nueva producción que se presenta en el Teatro de la Maestranza de Sevilla de Aida de Giuseppe Verdi en coproducción con varios teatros de España y Portugal. Como explica en una reciente entrevista en Platea Magazine, Azorín es un gran admirador de Stanley Kubrick y, sobre todo, de 2001: Una odisea del espacio, y desde ese punto de partida ha creado un ser que viaje del futuro (3001) a la época del Imperio Egipcio, concretamente al hipotético momento en el que se desarrolla el drama de Aida y Radames. Odiseo no habla, es una especie de trapecista y acróbata que contempla los sucesos con una mezcla de sorpresa e incomprensión y es una especie de apoyo de los dos amantes. Una manera de romper, según el director, con las producciones clásicas de esta joya del genio verdiano. ¿Lo consigue? Según se mire.

Evidentemente el ambiente cambia completamente, es una Aida casi interestelar con toques del Egipto clásico. La sensación es que es una especie de recuerdo que tiene Odiseo de su experiencia en esa especie de máquina del tiempo que le ha llevado al antiguo Egipto, mezclando el pasado con el futuro y permitiendo así algunas libertades sobre el libreto que se toma el director. El resultado final no desagrada. Hay un buen trabajo del propio Azorín con la escenografía y la iluminación y de Pedro Chamorro en el diseño del video, pero tampoco ningún acierto significativo, nada que cree un verdadero ambiente que interese profundamente. Lo más logrado de la producción es la primera escena del cuarto acto con el dúo de Radamés y Amneris y el posterior juicio al capitán egipcio: ahí es donde mejor se plasma la que podemos interpretar como la idea que quería transmitir con esta producción.

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Vocalmente la función fue un éxito. Marigona Qerkezi volvió a demostrar su valía en el papel de Aida como lo hizo en A Coruña, donde lo debutó en 2023, afianzando en estos años su dominio del rol. Y es que la cantante kosovar, como ya dije entonces, posee un timbre bello, una técnica muy trabajada, una voz potente, descollante siempre en los concertantes y matizada con un gusto exquisito. Estuvo brillante en todas sus intervenciones comenzando con el bellísimo Ritorna vincitor, pero todo el acto del Nilo, desde la conocida O patria mia hasta los dúos con Amonasro y Radamés, fueron espléndidamente interpretados.

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Alejandro Roy fue un Radamés sin fisuras vocales , con una potente y brillante proyección y un agudo al que llega con facilidad y soltura aunque el fiato no sea muy prolongado. En los momentos más líricos se echa de menos que apiane más, porque ahí es donde se le ve más forzado. Impecable la actuación de Katevan Kemoklidze que ofreció una Amneris de gran nivel,  con una voz perfecta para el papel de la hija del faraón y rival de Aida por el amor de Radamés. Además fue sin duda la mejor actriz sobre el escenario y recibió merecidos aplausos (como el resto del elenco) al final de la representación. Ernesto Petti fue un Amonasro correcto, sin grandes momentos. Muy buen desempeño de Insung Sin como el sumo sacerdote Ranfis y mejorando notablemente a lo largo de la representación, Manuel Fuentes como el Rey. Señalar también el excelente trabajo de David Marco como Odiseo, el funambulista viajero.

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Los teatros españoles tienen, en su gran mayoría, unos coros de un gran nivel. Pocas veces recuerdo reseñar una ópera en España donde el coro tenga presencia en la que  los resultados no sean, como mínimo, buenos, siendo la norma generalmente la excelencia Sevilla disfruta de un conjunto, el Coro del Teatro de la Maestranza que dirige Íñigo Sampil. Con Aida volvió a demostrar su calidad, con esas medias voces de la parte femenina o la implacable tensión de la parte masculina como los justicieros sacerdotes. Bravi por todos ellos.

La seria batuta de Daniele Callegari dio un tono clásico a su versión musical de una de las más bellas partituras verdianas. Sus tiempos fueron reposados (quizá en algún momento en exceso) y pudimos oír una música que nunca se salía de lo marcado por Verdi, especialmente en momentos como la marcha triunfal, donde muchos maestros y más orquestas se pasan de decibelios. No fue el caso porque también Callegari contaba con un foso que domina una de las orquestas más profesionales y precisas del panorama operístico nacional: la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. La ROSS volvió a demostrar su estupendo nivel, con unos solistas de categoría (nombrar al primer oboe como ejemplo es de necesidad) y formando un conjunto que se adaptó perfectamente a lo marcado desde el podio.

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Fotos: © Guillermo Mendo