© Elena del Real | Teatro de la Zarzuela
Fijar un estándar
Madrid. 27/06/2026. Teatro de la Zarzuela. Penella: El Gato Montés. Borja Quiza. Miren Urbieta-Vega. Rafael Humberto Rojas. Christof Loy, dirección de escena. Rafael Sánchez-Araña, dirección musical.
La historia del género lírico español, en una interminable búsqueda de su propia identidad, está jalonada de altibajos y ha estado siempre marcada por una mirada interior un tanto miope. Digo esto porque da la impresión de que ha hecho falta que un director de escena foráneo como Christof Loy haya venido hasta nuestros escenarios para fijar un estándar desde el que mirar la zarzuela y la ópera española sin complejos.
Sucede a menudo, en todas las culturas y sociedades, aunque de manera particular en la historia de nuestro país: desde fuera alguien nos mira y nos retrata mejor que cuando nosotros mismos nos contemplamos en el espejo. Nos podrá gustar más o menos el trabajo de Loy con El Gato Montés, como con Benamor o El barberillo de Lavapiés -los tres títulos que el alemán ha puesto en escena este año- pero es innegable que su acercamiento a nuestra música es genuino, serio y ambicioso.
No estoy diciendo que los directores de escena de nuestro país no hayan hecho o no sean capaces de hacer lo que ha hecho Loy con estas representaciones de El gato montés. Pero es innegable que Loy aplica su pátina a esta ópera española, de un modo tal que este Gato, sin complejos, podría presentarse en cualquier escenario internacional.
Y es que muchas veces se ha escenificado la zarzuela con una sobredosis de costumbrismo, con un imaginario anclado en tópicos y con un código visual pagado de sí mismo. Loy no ha inventado la pólvora; no hay en este Gato Montés nada genuinamente nuevo más allá de una mirada que cree en nuestro género lírico con más ahínco si cabe del que nosotros mismos hayamos podido mostrar a veces.

La mirada de Loy sobre El gato montés contribuye a estilizar el legado de una suerte de verismo hispano ciertamente poco valorado. Y es que la obra de Penella tiene destellos de Mascagni, de Verdi, de Puccini… Hay una grandeza dramática indudable en esta partitura y Loy logra plasmarla en escena con verdadera tensión teatral, con un buen manejo de las escenas corales y con infinitos detalles en la dirección de actores. La propuesta del regista alemán se beneficia además, es indudable, de la esmeradísima escenografía de Manuel La Casta, bellamente iluminada por Albert Faura.
Carlota Moseguí y Javier Pérez ya han glosado en nuestras páginas los dos elencos que han dado vida a esta nueva producción, por lo que apenas añadiré un par de apuntes sobre los artistas que pusieron en pie la función del pasado sábado. En el rol titular es indudable que Borja Quiza ha encontrado un rol con el que dar rienda suelta a su vis más dramática, mostrando además un instrumento que ha ganado cuerpo y empaque.
A su lado Miren Urbieta-Vega confirma el buen momento que atraviesa su trayectoria, abordando un rol complejo, de escritura a veces ingrata pero con una romanza de las que ponen la piel de gallina. La gran sorpresa de este elenco es el joven tenor Rafael Humberto Rojas, hijo del desaparecido Rafael Rojas. El cantante mexicano brindó un Rafael de campanillas, fraseado con musicalidad, atendiendo al texto con intención genuina. Sin duda, un nombre a seguir de cerca durante los próximos años.
No me resisto a glosar también el gran trabajo de Manel Esteve como Padre Antón y Gerardo Bullón como Hormigón. Qué grandes profesionales tenemos en este país. La función sería otra sin intervenciones como las suyas.
Debutando estos días en el foso del Teatro de la Zarzuela, el maestro canario Rafael Sanchez-Araña -protagonista de nuestra portada web de junio- confirmó su fascinación por esta partitura, apostando por el calado dramático de la música de Penella. En su dirección hubo pulso y lirismo, ahondando en ese aire de verismo hispano ya citado y que anima la partitura de principio a fin. La Orquesta de la Comunidad de Madrid se mostró en muy buena forma, subrayando Sánchez-Araña el trabajo de unas cuerdas bien empastadas y expresivas. Gran trabajo también, de los mejores que recuerdo últimamente, del Coro del Teatro de la Zarzuela, preparado por Antonio Fauró. Y magníficos, por cierto, una vez más los Pequeños Cantores de la ORCAM en su esmerada intervención.
Fotos: © Elena del Real | Teatro de la Zarzuela