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Estrenos y tradición

Tuesta. 3 y 4/07/2026. IX Schubertiada de Valdegovía - Gaubea. Iglesia Nuestra Señora de la Asunción. 

(3-VII)  Meredith Wolhgemuth (soprano) y Jinhee Park (piano), con obras de Francis Poulenc, Arnold Schönberg, Rebecca Clarke, Marc Migó, Robert Schumann, Franz Schubert, Hugo Wolf y Alison Bauld.

(4-VII) Bo Wang (barítono) y Yuriko Watanabe (piano), con obras de Franz Schubert, Richard Strauss y Gustav Mahler.

Meredith Wolhgemuth y Jinhee Park

Apasionante como plural el primer concierto de esta edición, único fuera de abono y que en un día precioso, soleado pero sin agobios, sirvió para abrir la IX Schubertiada de Valdegovía-Gaubea. El milagro que nació en 2018 ya ha dejado de ser un tierno infante para llegar a ser un festival de música con arraigo, renombre y prestigio entre los melómanos y las melómanas vascas. Y es que, no nos engañemos, pocos festivales muestran tanta calidad con tan pocos medios. Por ello, me parece de justicia que el primer párrafo de esta reseña sirva para agradecer el producto ofrecido, además del marco y la cooperación de personas voluntarias que, entregadas, hacen de cada concierto una experiencia única.

Parece de poco valor pero Meredith Wolhgemuth y Jinhee Park vinieron ex profeso desde Estados Unidos hasta Tuesta para ofrecernos un programa de una hora preñado de pluralidad, valentía y novedad. Y es que como muestra de la madurez de este proyecto, Valdegovía vivió su primer estreno mundial: el compositor catalán Marc Migó (1993) nos ofreció Canviar de cel, un ciclo de cinco canciones en catalán sobre poemas de Adriá Targa (1987) compuestas para la pareja protagonista. La soprano, que presentó la obra y la agradeció emocionada, pronunció más que correctamente el catalán de unas canciones heterogéneas en su expresión, de estética apoyada en la tradición y con textos cargados de melancolía y muy ligados a elementos de la naturaleza. Una obra que en su deseable favorable futuro siempre pondrá al pequeño pueblo de Tuesta en el mapa musical.

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Otros dos momentos cumbres de la velada fueron la interpretación de las dos canciones compuestas por mujeres, para mí ambas desconocidas hasta ahora, lo que no es sino producto de mi ignorancia: The Seal Man, poema narrativo de John Masefield es una especie de balada acerca del amor imposible de una mujer que acaba engullida por el mar y que la compositora británica Rebecca Clarke (1886-1979) narra de forma muy descriptiva. Ya en la segunda parte vivimos el punto más sorprendente de la tarde; Wolhgemuth nos presentó Ophelia’s lament, de la australiana Alison Bauld (1944) que, más que una canción, es un monodrama en la que la soprano encarna tres personajes a través del airado diálogo: el rey, la reina y la misma Ofelia, que lleva el peso de la acción. Estamos ante una obra casi dramática y en la que Bauld da a Ofelia canto mientras que el resto de los personajes se nos presentan a través de un parlato declamado que permite diferenciar personajes y sentimientos. Wohlgemuth, en un alarde de sapiencia teatral, lo bordó y nos permitió disfrutar de una obra de enorme interés y que se sale por completo de lo que uno puede esperar en un concierto de lied. Una muy agradable sorpresa.

En el resto del programa, agilidad y chispa vocal la de Wolhgemuth para delinear Trois poèmes de Louise Lalanne, de Francis Poulenc; densidad y volumen vocal para las dos canciones de Arnold Schönberg; y sencillez y estilo en las canciones de Robert Schumann, Hugo Wolf y Franz Schubert. En definitiva, un programa que nos ofreció tres siglos, cuatro lenguas y múltiples estéticas además de conocer compositoras y obras de rara programación. A ello ayudó de forma palmaria tanto la voz densa y plena de armónicos de la soprano neoyorquina como su capacidad de dramatizar hasta los más pequeños aspectos de cada uno de los textos. Y todo ello resultaría cojo sin la aportación de su compañera pianista, muy bien compenetrada, la surcoreana Jinhee Park, atenta a la cantante y cargando en las canciones antes apuntadas su lado más dramático, teatral. 

En definitiva, la iglesia de Tuesta estaba llena y quienes hasta allá nos acercamos pudimos vivir un momento histórico –el estreno- y un concierto muy bien diseñado y desarrollado.

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Bo Wang y Yuriko Watanabe

Después de un concierto ejemplo de diversidad el barítono chino Bo Wang y la pianista japonesa Yuriko Watanabe afrontaron un programa ejemplo perfecto de la tradición; partiendo de lieder de Franz Schubert los artistas tomaron tierra en canciones de Strauss y Mahler, guardando el equilibrio en ese eje cronológico que los tres compositores suponen y que otros posteriores, caso de Hans Werner Henze o Aribert Reimann han continuado hasta hoy.

Un programa denso, nada “fácil”, en absoluto pensado para el relax o el cómodo tránsito por el mundo estético del lied. Con la excepción de los tres lieder mahlerianos de Das Knaben Wunderhorn, el resto de las catorce canciones fueron ejemplo de austeridad, densidad y profundidad. Y para ello Bo Wang, insultantemente joven, nos enseñó una voz hermosísima, de bello color y volumen y con cierta facilidad para el acceso a las notas más graves. El agudo era algo más débil y tenía que recurrir al forte; y lo que no le puede negar es la voluntad de dramatizar las canciones. Es decir, no pasaba sobre ellas sino que entraba en las mismas, desentrañaba el texto y nos lo transmitía con conocimiento idiomático. La pianista Yuriko Watanabe acompañó con acierto y era evidente la implicación entre ambos artistas. Su presencia se hizo notar aún más en los cuatro ejemplos straussianos y en los de Gustav Mahler.

El público volvió a responder de forma reseñable. La iglesia presentaba una entrada formidable y el comportamiento del respetable es digno de elogio: ningún teléfono, casi ninguna tos –y las que hubo, recogidas, íntimas- y un respeto enorme por el arte de cantantes y acompañantes. Con este fin de semana da comienzo una edición que esta vez ha estado más presente que nunca en los medios de comunicación generalistas, hasta el punto de que parece que algunos ahora han descubierto esta Schubertiada. También es cada vez más obvia la presencia de personas de provincias próximas que han oído hablar de la calidad del festival y que se acercan, pudiendo así conocer también una parte de Araba que es ignorada hasta por los más cercanos.

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Fotos: © Aletxu Cabello