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¡Libertad, igualdad… Beethoven!

Munich 15/07/2026. Bayerische Staatsoper. L. van Beethoven: Fidelio. Matthew Polenzani (Florestan), Camilla Nylund (Leonore), Mirjam Mesak (Marzelline), Samuel Stopford (Jaquino), Tomasz Konieczny (Don Pizarro), Ryan Speedo Green (Don Fernando), Tanzel Akzeybek (Primer prisionero), Paweł Horodski (Segundo prisionero). Orquesta y Coro de La Bayerische Staatsoper de Munich. Dir. Coro.: Franz Obermair. Yoel Gamzou, dirección musical. Calixto Bieito, dirección de escena. Reposición de la coproducción de la Bayerische Staatsoper de Munich con la ENO de Londres.

Esta producción de Fidelio de Beethoven, firmada por Calixto Bieito, se ha convertido ya en un clásico en el fondo de armario de las producciones de la Bayerische Staatsoper de Munich. En su séptima reposición desde su estreno en 2010, la visión abstracta y espacial de Bieito sigue causando desconcierto y provocando rechazo por una parte visible de la audiencia. Sus golpes de efecto, sus cortes en los diálogos con textos añadidos de Jorge Luis Borges o Conrad McCarthy, la aparición final de Don Fernando caracterizado como el Joker del film de Nolan... todo ello no puede ni quiere dejar indiferente. La cuestión es, ¿qué poso deja en el espectador?

Si bien es verdad que Fidelio, fue una ópera-experimentación de Beethoven de la cual nunca acabo contento y se puede considerar una ópera work in progress, ahí sus diferentes versiones, oberturas, cortes, etc…Esta cualidad se adapta al ejercicio de laboratorio que Bieito propone. Un laberinto vertical, luego transformado en horizontal, donde los personajes se buscan, se pierden, se encuentran e incluso se agarran y caminan como verdaderos malabaristas/funambulistas, en un alarde aeroespacial que reincide en una obra más allá del tiempo y el espacio. En ese sentido, la producción de Bieito acierta con su libertad escenográfica, una trampa de gran efecto visual creada por Rebecca Ringst con la acertada iluminación de Reinhard Traub.

Que la dramaturgia de Andrea Schönhofer provoque más preguntas que respuestas podría añadirse al estímulo de un título que es fundamental en la historia de la ópera, por su carácter innovador, por su clara intención de modernidad y porque el Wagner futuro vio aquí las puertas abiertas a la revolución de la ópera alemana que él firmará con gusto y siempre alabando la herencia beethoveniana.

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En el plano musical la producción también contó con innovaciones, como fue comenzar con la Obertura Leonora 3, una de las escritas por Beethoven que descartó en su edición final, pero que aquí se recupera con audacia y efectismo. Son casi catorce minutos del mejor Beethoven, el que busca el efecto teatral, el que cincela los motivos de la ópera, el que incita a la catarsis. Desde el podio, el director israelí Yoel Gamzou, exprimió la potente orquesta beethoveniana con el maravilloso sonido de la Staatsorchester, y si bien tuvo momentos de sonido demasiado en forte, dinámicas alucinadas y un tempi que pareció descontrolado por momentos, la lectura final, con una excelsas cuerdas, flautas y vientos-metales, puso el punto de partida a gran altura musical.

La ópera es un caramelo para cualquier director y aquí Gamzou aprovechó unos momentos estelares más que otros. El maravilloso cuarteto, delineado con claridad contrastó con el aria de Leonore, heroica pero sin profundidad expresiva. Tampoco destacó la maestría sinfónico-coral del revelador coro de los prisioneros, pero en lineas generales fue una lectura viva, teatral, con desmesura pero también con lirismo y cuidado de las voces solistas sobre el magma orquestal. Tanto la Bayerisches Staatsorchester como el Coro, fueron los verdaderos protagonistas para un Beethoven que trasciende el ideal romántico alemán, con ese trasfondo del espíritu de la Revolución Francesa, que tan solo quince años después, el de Bonn recogería con un espíritu musical ilustrado universal para la eternidad.

Hay que destacar como un logro de la producción, discutible pero muy emocionante, la inclusión de un extenso fragmento del tercer movimiento Molto adagio, del Cuarteto de cuerda opus 132 del propio Beethoven. Incluido después del explosivo duo de los esposos en al acto segundo, la aparición del cuarteto, separados por cajas colgadas del techo que fueron bajando para luego desaparecer de nuevo, tuvo un efecto teatral de poético resultado musical y dramático. Excelentes los integrantes del cuarteto, miembros de la Staatsorchester.

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En el reparto destacó la Leonore de la soprano finesa Camilla Nylund. Reconocida ya como una consolidada soprano lírico-dramática, con Isoldes y Brunhildes en su repertorio. La Nylund tiene la capacidad de firmar papeles de gran dificultad vocal con la elegancia de un instrumento que sin tener la potencia ni los agudos tremebundos de las históricas wagnerianas, consigue convencer por la nobleza del timbre, la seguridad técnica y un carisma aterciopelado donde no existen los sonidos feos ni tiranteces de tesitura. Además es una actriz consistente y aplicada sea cual sea la producción y su exigencia física.

El Florestan de Matthew Polenzani, en un estado de madurez vocal admirable, dibujó un personaje atormentado y contradictorio con su cometido dramático. Si bien el timbre y el color corresponden más a un Tamino, Polenzani se hace con la tesitura, sin problemas de proyección ni emisión, y convence por la finura de la linea de canto, por la entrega expresiva y por el talante de un gran profesional en un punto muy dulce de su carrera.

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De aspecto y actuación rutinaria pero todavía con una presencia vocal incuestionable, René Pape fue un Rocco más severo que jocoso en contraste con el atractivo y frescura vocal de la Marzelline de la soprano estonia Mirjam Mesak, un nombre a retener y única solista junto a Nylund y Polenzani a la que el público aplaudió en su aria solista. 

Potente, seguro y con ese color tímbrico tan característico, entre rudo y granítico, el bajo-barítono polaco Tomasz Konieczny fue un Don Pizarro creíble, dominador del rol y con la majestad de un estado vocal óptimo en uno de sus mejores momentos profesionales.

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Corrección sin grandes alardes en el Jaquino de Samuel Stopford así como en el Don Fernando de Ryan Speedo Green. Destacó en su breve rol de particchino el barítono polaco Paweł Horodyski como Segundo Prisionero. Una voz potente y cálida que merece mayores roles. Impecable como acostumbra la seguridad y notoria frescura vocal la del tenor berlinés de ascendencia turca, Tansel Akzeybek como Primer Prisionero.

Una función que mezcló con acierto la experimentación teatral de un Calixto Bieito inquieto y cuestionable con el sonido de unas huestes musicales de primer orden para hacer justicia a una de las partituras operísticas más interesantes y complejas de hilvanar del repertorio.

Fotos: © Geoffroy Schied