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¡Bendita juventud!

16/07/2026. Vitoria-Gasteiz. Auditorio del Conservatorio Jesús Guridi. Obras de J. C. Arriaga y G. Mahler. Eusko Gazte Orkestra - Joven Orquesta Vasca. Dirección musical: Unai Urretxo.

Cada seis meses la  Eusko Gazte Orkestra - Joven Orquesta Vasca realiza un encuentro de trabajo tras el cual se realiza un ciclo de conciertos que, en este caso, han recorrido cinco ciudades: las tres capitales de la Comunidad Autonómica Vasca más las localidades guipuzcoanas de Azkoitia y Hondarribia. La capital alavesa cerraba tal ciclo, por lo que asistimos también a la despedida de los y las músicas que han vivido una experiencia que imagino nunca olvidarán. 

Así pues, hablamos de una agrupación juvenil que ha tenido a bien asumir una obra de enorme complejidad cual es la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, de Gustav Mahler; y es que pareciera que Mahler e inexperiencia lozana pudieran ser conceptos antagónicos, difícilmente ensamblables. Mahler es hiperbólico, intenso y extrovertido; pero también puede entenderse, porque lo es al mismo tiempo, recogido, frívolo e íntimo. Considero que entender el universo mahleriano exige tiempo y experiencia y una orquesta joven puede tener muchas características pero no quizás estas dos. Sí aporta, en cambio, frescura, dinamismo y pasión, con las que se pueden suplir las carencias. Para ello la labor del encargado del encuentro, a la sazón director de los conciertos, se convierte en pieza esencial y parece que entre los jóvenes y el guipuzcoano Unai Urretxo, batuta de este acontecimiento, ha habido relevante conexión.

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Porque el concierto ha sido hermoso, muy disfrutable. La sinfonía se abordó con el necesario solo de trompeta que sonó majestuoso, imperial, transmitiendo seguridad y eficacia a todos los oyentes. No se quedó a la zaga el solista de trompa en un tercer movimiento, scherzo, muy bien delineado; y en modo complementario podemos también subrayar el trabajo del timbalero, muy eficaz y sonoro, la sección de violonchelos, de enorme poderío en el tempestuoso segundo movimiento o la labor de la cuerda en general –junto a la arpista- en el célebre adagietto, el cuarto movimiento.

Aquí y allá hubo algunas pequeñas debilidades y desequilibrios pero en absoluto empañan una labor impecable, capaz de levantar este monumento sinfónico, culminando con un quinto y último movimiento rondó final muy bien delineado por la batuta. Ésta, de gesto algo rutinario, trabajó, sin embargo, sin descanso construyendo la obra y cada movimiento superaba en logro al anterior. Una versión notable que nos permitió disfrutar de una obra intensa. 

El director animó al público a aplaudir, si así era su deseo, tras cada una de las partes en las que presentó la sinfonía antes de su interpretación y así ocurrió: tras los movimientos segundo y tercero más la lógica respuesta tras el final el público se arrancó en aplausos sinceros que a un servidor no le ayudaban en la interiorización de la sinfonía. Con muy buen criterio Urretxo se negó a cualquier bis que hubiera sido difícilmente encajable tras semejante obra.

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Como complemento a esta magna sinfonía la EGO ofreció la Obertura de Los esclavos felices, de Juan Crisóstomo Arriaga recordando así una vez más el 200 aniversario del fallecimiento del que pudo ser el más grande compositor vasco de la historia. Es escuchar esta obra en su frescura y alegría y no poder evitar el pensar en la misma frescura y alegría de las oberturas de Gioacchino Rossini. ¿Cómo imaginamos la ópera completa tras la escucha de la partitura de este “mocoso” de 13 años? Pues, como mínimo con estupefacción, dada la calidad de las líneas musicales.

El auditorio del Conservatorio Jesús Guridi presentaba una entrada digna aunque lejos de la que sería una entrada convencional de los conciertos de abono de la Euskadiko Orkestra, y es que la melomanía vitoriana es selectiva y no entiende, por lo que se ve, de esfuerzos caniculares. Con los jóvenes, nos vemos en diciembre.