© Geoffroy Schied
Isolación y nigromancia
Munich 16/07/2026. Prinzregententeather. Händel: Alcina. Jeanine De Bique (Alcina), John Holiday (Ruggiero), Elsa Benoit (Morgana), Avery Amereau (Bradamante), Carine Tinney (Oberto), Julian Pregardien (Oronte), Gerrit Illenberger (Melisso). Bayerische Staatsorchester. Continuo: Axel Wolf, Marinus Andersson, Allan Bergius, Alessandro Praticó. Stefano Montanari, dirección musical y órgano. Johanna Wehner, dirección de escena. Nueva producción de la Bayerische Staatsoper de Munich.
Hermosa noche de ópera barroca con dos grandes protagonistas, emocionante Janine De Bique como Alcina y el Ruggiero dominador de John Holiday, encabezando un reparto de gran altura para un éxito musical sin paliativos. Magnífica orquesta con lectura históricamente informada, liderada al órgano por un Stefano Montanari de gran sensibilidad barroca en contraste con la nueva producción de Johanna Wehner, irregular y de estética kitsch poco favorecedora.
El triunfo de la Bayerische Staatsorchester, con instrumentos originales, criterio historicista y un continuo absolutamente excepcional, fue la base musical de una lectura de Montanari siempre atenta a las voces, con infinidad de colores y unos arcos barrocos desde las cuerdas que hablaron y cantaron con los solistas. Destacar por la fineza del sonido y claridad de la articulación el solo de chelo en la inolvidable aria de Morgana Credete al mio dolore o ese milagro sonoro que es el aria Sta nell’Ircana de Ruggiero con dos solos de trompa barroca excelsos.
El director musical italiano sorprendió con algunos tempi, dinámicas dilatadas o nervio y aceleración, siempre justificados dramáticamente en un espejo hedonista a una producción donde el feísmo de la primera parte se atenuó algo en una segunda parte de mayor tino estético y teatral.

Johanna Wehner propone una Alcina de carácter feminista en cuanto ni es una nigromante salvaje ni una bruja maligna de carácter monolítico. Es una mujer dolida por experiencia amorosas pasadas que se protege con su magia y crea un entorno insular donde ella se cree soberana, sin éxito, de sus sentimientos. La dramaturgia de Saskia Kruse justifica esta lectura, plausible y teatralmente interesante, que sin embargo, choca con una escenografía feísta y de colores llamativos de Benjamin Schönecker, entre la cual ni el vestuario kitsch de Ellen Hofmann ni la iluminación de Michael Bauer consiguen atrapar a un espectador anonadado por la música händeliana.
En la segunda parte, con un salón elegante, donde la sofisticación de Alcina está más de acuerdo a la magna partitura, la cosa logra tener un trasfondo más creíble. Sobretodo por una dirección de actores que cree en sus personajes y los hace deambular perdidos en sus vaivenes emocionales con credibilidad y sentimiento.
En ese aspecto reinó como debe la Alcina, frágil y sensual, de una Janine De Bique pura humanidad y belleza tímbrica. Su lectura psicológica y humana de la maga consigue la catarsis deseada y triunfa en sus innumerables arias de bravura, de paragone o lamenti con autoridad y carisma. Imborrable su Ah! Mio cor, aria central de la ópera, que cerró una primera parte de manera trascendental. Pequeños cambios de color en la emisión no enturbiaron unas variaciones de gran belleza en los da capo, con filados en los agudos y piani de gran dama del barroco.
A su lado enloqueció al público el Ruggiero del contratenor de Houston John Holiday. Con una emisión de cristalina pureza y un uso de los resonadores de cabeza sonoros que llenaron la sala con maestría, su color luminoso, fraseo acaramelado y un hipnótico timbre metálico lo hicieron irresistible. Primó en él la belleza del sonido frente a una expresión algo distante que jugó a favor de una personaje que rechaza a Alcina pero ha de mantener su estratagema para volver con su verdura amada.
A punto estuvo de robarle el protagonismo a De Bique la soprano francesa Elsa Benoit, una Morgana de incisivo timbre, radiante proyección y dominio mórbido del sonido con agudos luminosos de gran plasticidad y belleza. En contraste dejó entrever una articulación italiana de mejorables acentos. Con todo, momentos como la inefable Tornami a vagheggiar, o la citada anteriormente Credete al mio dolore, tuvieron en su interpretación cumbres musicales de la velada.
Fue muy resuelta la interpretación de la mezzo-contralto estadounidense Avery Amereau como Bradamante. Con un precioso color oscuro, tersura y calidez. El Oberto de la soprano escocesa-maltesa Carine Tinney, logró llamar la atención con un rol secundario que ella hizo brillar gracias a un control de la tesitura, radiante e incisivo, donde su gran técnica barroca la reivindicó como un acierto del reparto.
Siempre dulce, expresivo y carismático el tenor Julian Prégardien, fue un Oronte impecable, con es plus característico del cantante que lo convierte en una voz indispensable en medio de un equipo de cantantes top. Sopresa por la frescura del instrumento, flexibilidad y autoridad del registro del joven barítono Gerrit Illenberger, miembro de la Semper Opera Junges Ensemble. Un Melisso llamativo y en estilo que está llamado a mayores roles de repertorio.
Una fiesta barroca que hizo justicia musical y vocal a una de las grandes partituras barrocas de todos los tiempos.

Fotos: © Geoffroy Schied