© Geoffroy Schied
Bellini atemporal
Múnich. 20/07/2026. Bayerische Staatsoper. Bellini: Norma. Elena Stikhina (Norma), Najmiddin Mavlyanov (Pollione), Adalgisa (Emily Sierra), Aebh Kelly (Clotilde), Michel Butler (Flavio), Roberto Tagliavini (Oroveso). Jürgen Rose, dirección de escena. Giacomo Sagripanti, dirección musical.
Durante los últimos veinte años, la Ópera Estatal de Baviera ha mantenido una única producción de Norma en su repertorio: aquella que el teatro muniqués encargó a Jürgen Rose en 2006. Con certeza, se trata del montaje menos polémico que se encuentra actualmente en el cartel del Münchner Opernfestspiele. Frente a las otras óperas que se han visto en el festival de verano de este año, la Norma de Rose parece de corte clásico, cuando, en realidad, no está protagonizada por los druidas, ni los romanos que imaginaron Vincenzo Bellini y su libretista Felice Romani en 1831. Más que evocar la Galia del siglo 50 a.C. bajo la ocupación romana, el montaje de Rose presenta una estética atemporal que permite universalizar los tres temas centrales de este icónico melodrama: el triángulo amoroso, la fe religiosa y los dos pueblos rivales.
El vestuario —también firmado por el veterano regista alemán junto con la escenografía y la magnífica iluminación— no permite identificar la época, ni el lugar en que transcurre dicha relectura. Sin embargo, tiene un peso decisivo en su concepción escénica, dado que la incorporación de ciertos elementos de attrezzo refuerzan dos de los temas principales de esta obra maestra del bel canto. Así, la rebelión contra los romanos, tan ansiada por los druidas, se intensifica con las metralletas y los pasamontañas que llevan los miembros del coro. Mientras que la devoción religiosa de las jóvenes sacerdotisas se subraya con una prenda similar al chador iraní que cubre sus cabellos. Estos elementos no solo lucen su profunda carga simbólica, también intervienen en momentos clave de la dramaturgia. Es el caso de la escena en la que Norma retira el velo a Adalgisa, para liberarla de sus votos, al final del dúo del primer acto.
En la producción de Múnich, la trama belliniana se desarrolla en dos espacios comunicados por una escalera gigante. El ambiente superior acoge todas las escenas públicas, dedicadas al culto y a las proclamas bélicas, mientras que la parte inferior se convierte en el territorio de lo íntimo, donde afloran los sentimientos y las verdades silenciadas. Este segundo nivel corresponde a la cámara subterránea en la que se esconden Norma y los dos hijos que ha concebido con Pollione en secreto. Por último, cabe elogiar el diseño expresionista y claustrofóbico de este refugio familiar. Su forma de pirámide invertida evoca, con gran acierto, el triángulo amoroso entre Norma, Adalgisa y Pollione.
El teatro muniqués encomendó la dirección musical de la décima reposición de Norma a Giacomo Sagripanti. Al frente de la Orquesta Estatal de Baviera, el maestro italiano escogió unos tiempos muy fluidos, de gran transparencia, evitando precipitaciones y explosiones dramáticas. Su lectura privilegió la continuidad del fraseo y la respiración musical, pero, sobre todo, hizo de la línea vocal el verdadero eje del discurso musical, acompañando a los solitas con una flexibilidad ejemplar.

El debut de la soprano rusa Elena Stikhina en el rol de Norma constituía el principal reclamo para asistir a las dos únicas funciones en las que se ha programado esta reposición durante el festival de verano. Debe mencionarse que la sombra de Edita Gruberová —quien fue la encargada de inaugurar esta producción en 2006 con casi sesenta años— siempre ha planeado sobre las cantantes que han asumido el papel en el montaje de Rose. A esa sombra ya se enfrentaron Sondra Radvanovsky, Sonya Yoncheva y otras sopranos mucho antes que Stikhina. Pero para esta última la exigencia ha sido superior, puesto que su Norma constituye el primer acercamiento de la rusa al repertorio puramente belcantista.
A priori, sus característicos agudos metálicos, capaces de atravesar cualquier orquesta, no iban a ser tan requeridos ni elogiados en Norma. De hecho, su brillo acerado tardó en acomodarse al clima de recogimiento de Casta diva. Pero, una vez asentado, Stikhina brindó una interpretación sobria, de extrema pureza y sin adornos forzados. Pese a no ser especialista en bel canto, esta soprano lírico-spinto consiguió modular su instrumento con inteligencia y buena técnica. Su éxito se debe a las posibilidades expresivas de su centro tan rico y amplio. Con ello pudo sostener el extenso fraseo belliniano y transmitir la autoridad vocal que se espera de la líder religiosa de los druidas.

La cancelación de Aigul Akhmestshina en el rol de Adalgisa, propició la incorporación de Emily Sierra en el reparto a pocas semanas del estreno. La mezzosoprano californiana, que había debutado el papel un año antes en la Ópera de Toulon bajo la dirección de Sagripanti, no presentó dificultades para asumir la sustitución. Más bien, se coronó como otra gran triunfadora de la velada. Su canto cálido y ligero brindó una Adalgisa de gran musicalidad, que supo expresar el tormento interior de esa novicia que se debate entre seguir sus votos religiosos o rendirse a la pasión amorosa. Fue, además, la solista con mayor entrega escénica de todo el elenco.
El uzbeko Najmiddin Mavlyanov resultó ser una pareja adecuada para Stikhina al compartir una voz de naturaleza afín, aunque no estuviera a la altura de la agilidad y capacidad expresiva de la rusa. El tenor compuso un Pollione de emisión franca y agudos bien proyectados, resuelto desde una ejecución spinto, más próxima al heroísmo verdiano que al refinamiento belcantista. Ese acercamiento reforzó la imagen de un Pollione de acusada arrogancia y altivez. Lamentablemente, ese carácter dominante e inflexible no permitió mostrar la vulnerabilidad que también encierra el personaje.
Por su parte, el Oroveso de Roberto Tagliavini fue otro gran acierto del reparto. El bajo italiano encontró su mayor virtud en la elegancia del fraseo y su emisión redonda y clara. Merece una mención aparte la amplitud cromática de su registro grave, perfilando un padre de Norma de mayor complejidad psicológica, alejado de la habitual lectura hierática y estereotipada. Cerraron el resto del reparto con solventes interpretaciones la mezzo irlandesa Aebh Kelly en el rol de Clotilde y el tenor estadounidense Michael Butler como Flavio. Asimismo, los miembros del Coro de la Ópera Estatal de Baviera respondieron con la homogeneidad y la solidad demandadas, alternando el fervor guerrero de los galos con el recogimiento de las escenas rituales. Fueron especialmente impactantes sus vibrantes gritos de Guerra!, lanzados al unísono mientras alzaban sus kalashnikovs con una precisión coreográfica.
Fotos: © Geoffroy Schied