Las distintas caras de la ópera
26-07-2025. Biblioteca Pública. Aiwass, de Igor Escudero, con Carmen Vicente (soprano), Miguel Ferrer (tenor) y Pablo Márquez (pianista).
26-07-2026. Museo Etnográfico. Nadie, de Javier Centeno, con Blanca Valido (soprano), Javier Aguado (barítono), Gala Kossakovsky (flauta) y Claudia Vicente (violonchelo).
Teatro Principal. 26/07/2026. I tre gobbi, de Manuel García, con Cristina Toledo (soprano, madame Vezzosa), David Alegret (tenor, conde Bellavita), Javier Povedano (barítono, marqués Parpagnacco), Juan Laboreria (barítono, barón Macacco) y Andoni Larrabeiti (actor, sirviente). Dirección escénica: José Luis Arellano. Piano y dirección musical: José Miguel Román.
En la última jornada de Little Ópera pudimos vivir don formas tan distintas como apasionantes de disfrutar de este hermoso arte: por un lado, las denominadas “óperas en miniatura”, iniciativa que está empujando el festival y que este año nos ha permitido vivir dos de ellas escenificadas y otras dos grabadas y adaptadas en teatro de calle. Por otro lado, una función de ópera escenificada al uso en el coqueto Teatro Principal de la ciudad.
La primera es una propuesta maravillosa: óperas de cinco minutos que se escenifican para un máximo de seis personas y que vives en riguroso directo, a un metro de distancia de los cantantes y viviendo ese hecho tan increíble que es que alguien cante para solo para ti. Aiwass, de Igor Escudero, que ya pudo escucharse el año pasado, es una historia sobre el mundo de lo oculto en el que se implica a los espectadores para la liberación de los cantantes, atrapados en un agujero negro. Nadie, de Javier Centeno, estreno de este año, nos narra un momento de intimidad de una pareja. Ambas se interpretan hasta dieciocho veces en un día, lo que de esfuerzo físico y mental supone para los músicos, citados en la ficha previa. Es una experiencia muy recomendable que cantantes e instrumentistas hacen disfrutable por su entrega y acierto.
Al mismo tiempo en la Plaza Viriato uno puede escuchar grabadas y “escenificadas” con las manos Tiramisú de Juan Durán y El paseo, de José Luis Greco. De ello se hace cargo el grupo de teatro de calle MorsaPolar ante el cual solo puedo quitarme el sombrero.

Ya en un recinto convencional y como cierre del festival pudimos vivir la ópera de salón de Manuel García I tre gobbi, que nos hizo pasar un momento más que agradable. Producida por la Fundación Juan March la obra narra las peripecias de madame Vezzosa vacilando a sus tres pretendientes, jorobados y de los que consigue todo lo que quiere. Quizás el mensaje sea poco creíble para un joven actual, además de que el problema de la tartamudez hoy se entiende forma bien distinta pero lo cierto es que los cuatro cantantes, el actor y el pianista se implicaron hasta hacernos disfrutar.
La obra tiene una estructura particular: comienza con la presentación de madame Vezzosa, que tiene toda una larga escena para que sepamos cómo se las gasta la señora. Luego vienen, de forma sucesiva, las presentaciones –y, por lo tanto, las escenas- del marqués Parpagnacco, del tartamudo barón Macacco y del conde Bellavita. Y así transcurren casi dos tercios de la hora y cuarto de la obra. Un interludio pianístico nos traslada a la escena conclusiva en la que ¡oh, sorpresa!, la señora acabará domando a los pretendientes.

Little Opera nos presentó un elenco sólido. Cristina Toledo, excelente transmitiendo su coquetería, mostró una voz importante que llenaba el pequeño teatro y con un agudo más que solvente; Javier Povedano tiene una voz hermosa aunque clarea en la franja aguda y dio empaque al atrevido marqués convencido de que su riqueza le abría las puertas del amor. Juan Laborería estuvo excelso en la expresión de su tartamudez además de transmitir con una voz relevante la ternura de un personaje muy condicionado por sus problemas físicos. Finalmente, David Alegret mostró su característica voz de tenor ligero de estilo rossiniano, ágil en la coloratura y en las notas más agudas, además de ser capaz de dibujar la estulticia y petulancia de un personaje patético. El actor Andoni Larrabeiti como sirviente se convirtió, además, en el elemento esencial para garantizar el devenir escénico de la obra con facilidad. Espectacular el vestuario de Ikerne Giménez.
Todo ello transcurría en una unidad escénica creada en tonos rojos, con espejos laterales y telares transparentes que la dotaban de mayor dimensión. La propuesta de José Luis Arellano, por lo tanto, es tan sencilla como efectiva. Finalmente, digno de aplauso la labor al piano –característica habitual de las óperas de salón- de José Miguel Román, que fue aplaudido en su interludio.
El teatro presentaba un lleno evidente y lo cierto es que el comportamiento del público fue ejemplar con aplausos finales sinceros y numerosos. Así se cerraba la XI edición de Little Ópera y ahora solo queda esperar al 23 de julio de 2027 para poder dar inicio a la siguiente.
