© David Borrat
Claroscuros de una noche especial
Vilabertran. 16/08/2026. Schubertiada de Vilabertran. Canònica de Santa Maria de Vilabertran. Matilda Sterby (soprano), Matti Hirvonen (piano). Obras de Schubert, Grieg, Sibelius y Nystroem.
Matilda Sterby abría una nueva edición de la Schubertíada de Vilabertran que tiene este año un carácter especial a causa de la muerte, durante el año pasado, del alma mater, impulsor y fundador del festival, Jordi Roch. De ello hablaron Antoni Colomer y Sílvia Pujalte en la presentación de la sesión que se realizó tres cuartos de hora antes del primer concierto y que era por lo tanto presentación a su vez del festival en su conjunto.
Sterby venía secundada al piano por Matti Hirvonen, sueco como ella aunque su nombre pudiera sugerir otra cosa. Sterby tiene 35 años y una voz poderosa, y durante el programa exhibió notables virtudes y también alguna flaqueza. En la primera parte nos ofreció un surtido variado de canciones de Schubert, mientras que en la segunda se centró en la musica nordica con obras de Sibelius (Finlandia), Grieg (Noruega) y Nystroem (Suecia).

Para empezar la suya es una voz lírica grande, musculosa en ciertas zonas, con una octava alta limpia y sonora. Aunque ello no se corresponda al tópico asociado a la voz liederística no es en absoluto un impedimento sinó un buen punto de partida. Ya que estamos en el campo de las virtudes hay que decir de ella que canta con una expresión franca, nada amanerada, como se pudo observar particularmente en Auf dem See y en adelante. En esta canción, como ya habia hecho en la anterior (Frühilingsglaube), los grupetti ligeros (de semicorcheas o fusas) lucieron espléndidamente aéreos. Por otra parte, como es exigencia absoluta en este género, Sterby ofrece la suficiente variedad dinámica y una notable plasticidad en el fraseo.
Sin embargo, en este punto ya se presenta alguna amibigüedad, porque aunque la secuenciación de dichas dinámicas es bastante variada, el virtuosismo en el dominio de la messa di voce (caracteristica de tantos grandes liederistas) es discutible, lo que hizo que faltara magia en ciertos pasajes (Sehnsucht). Tambien su expresividad es a veces un arma de doble filo, en un punto borroso entre lo elocuente y lo sobreactuado. En este terreno, se da la contradicción de que en una apuesta como esta se descuidara a veces (notoriamente en Rastlose Liebe) la claridad de la dicción del texto, si bien en otros momentos (Sehnsucht) afrontaba el texto en un modo muy expresivo.

Pero todo esto serian detalles hasta cierto punto despreciables si no fuese porque, despues de un acceso de tos en Der Zwerg y durante el final de la primera parte se percibió un cierto cansancio y algunas notas calantes (generalmente en intervalos ascendentes o ataques directos) en Mignon ("Dahin! Dahin!") y en Nacht und Traume ("Heil'ge nacht"/"Nieder wallen"). Y esto no parece un hecho accidental puesto que, con un descanso de por medio se pudo apreciar lo mismo en Møte, de Grieg, por ejemplo.
Cabe decir que, sin que hubiese un gran desnivel, se la percibió mas infalible en la segunda parte, en la que particularmente Sibelius le permitió lucir su espléndida (por lo menos para este repertorio) octava alta. Lo mismo se puede decir de su compañero, Matti Hirvonen, que en la primera parte planteó contextos sonoros un tanto vaporosos, lo que no le impidió crear una atmósfera bella e intensa en Der Jüngling an der Quelle. Lo mejor de su aportación se guardó para la segunda parte, sin embargo. En las obras de Sibelius, Grieg y Nystroem la articulación fue mucho más concreta y, en opinión del que escribe, más satisfactoria.
Hubo en la sala un entusiasmo relativo al final de la velada. Sterby presentó entonces, de manera muy bien hilvanada (en inglés), el único bis de la noche: Våren, de Edvard Grieg, dedicada a Jordi Roch, que fue un buen compendio de lo visto: cantante cómoda, timbre sensual...y ciertas inquietantes notas largas que acusan un apoyo insuficiente y una entonación levemente baja.

Fotos: © David Borrat
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