© David Borrat
Un barítono en las profundidades
19/08/2026. Canònica de Santa Maria de Vilabertran. Johannes Martin Kränle, barítono, Hilko Dumno, piano. Obras de Gustav Mahler, Frank Martin y Franz Schubert.
El pasado 19 de agosto se consumó al fin el muy esperado regreso del barítono Johannes Martin Kränzle y su pianista habitual, Hilko Dumno, a la Canònica de Vilabertran, para presentar, seguramente, el programa más denso y trascendental de la presente Schubertíada. En su tercera visita al festival —Dumno también acudió en la pasada edición, acompañando a la soprano Ruzan Mantashyan en su debut—, el experimentado dúo recorrió un programa mucho más sombrío que el desamor grisáceo de Winterreise, que interpretó hace dos temporadas.
La propuesta era nada menos que las cinco piezas de Kindertotenlieder de Mahler, seguidas de los Sechs Monologe aus «Jedermann» y, ya en la segunda parte, una pincelada de Schubert de temática pesquera y una pequeña selección de cinco Humoresken de Des Knaben Wunderhorn, otro título habitual en los muros de la Canònica.

El experimentado barítono, de sesenta y cuatro años —recién cumplidos el día anterior al concierto—, conserva todavía excelentes facultades en su registro grave, algo que pudo comprobar la audiencia reunida en el pequeño pueblo ampurdanés. A estas alturas, y tras una dilatada trayectoria, sobra decir que su perfil encaja de pleno con el repertorio wagneriano, como ha demostrado repetidamente en el emblemático Festival de Bayreuth. Y aunque desde siempre los barítonos de ópera han cultivado el lied de forma paralela y complementaria, en algunos casos, en cierto punto de su carrera, su marcada teatralidad y su empaque vocal parecen remar más hacia el gran escenario que hacia el Liederabend.
Por supuesto, sería injusto –además de osado– cuestionar la solvencia de Kränzle en el terreno del lied, pero sí cabe señalar que, quizá por la edad y la madurez de su imponente instrumento, sus capacidades expresivas cuajaron mucho mejor con los lieder de mayor profundidad del programa, es decir, los de Mahler y Martin de la primera mitad, que con la selección de Schubert, o al menos así fue en esta ocasión. Sin embargo, tampoco debe achacarse nada a la naturaleza del programa, donde la segunda parte supuso claramente un contrapeso anímico positivo necesario, que compensó el tono trágico y funesto de la primera.

Su lectura e interpretación de Canciones para los niños muertos, fue por todo lo comentado, poco reprochable. La solemnidad vocal del alemán reflejó muy bien el calado de los versos de Friedrich Ruckërt (1788–1866). Sin desperdicio ninguno, destacó Nun seh' ich wohl, warum so dunkle Flammen a pesar de los arduos agudos, y un interesante Wenn dein Mütterlein. Tras un espectacular In diesem Wetter, los veteranos se adentraron en el infausto mundo de la leyenda de Jedermann, recopilada por Hugo von Hofmannsthal (1874–1929). Destacó el lied que abre el ciclo, compuesto por Frank Martin y el impasible So wollt ganz zerniechtet sein así como especialmente los más teatrales: Ach Gott, wie graust mir vor dem Tod y O ewiger Gott! por su claridad narrativa y aquí, al menos, un registro medio agudo mejor sustentado que en los lieder de Schubert.
Fue interesante, de hecho, el contraste entre el Fischerweise de Kränzle y el de Hasselhorn, quien lo interpretó el día anterior, sin resultar demasiado sorprendente el hecho de que el primero no ofreció la misma suavidad en el registro medio agudo que su compatriota –treinta años más joven–. Dentro del capítulo “pesquero” dedicado a Schubert, Kränzle defendió bien la ironía lírica de Der Fischer sin problemas de respiración, aunque Die Forelle resultó quizá lo más sólido de la selección, con Dumno muy atento a la articulación arpegiada.

Ya con Mahler de nuevo, y tras un Des Antonius von Padua Fischpredigt ameno y teatral, dio la sensación de que el barítono volvía a pisar terrenos más firmes con un espléndido Rheinlegendchen, muy bien navegado en cuanto a cambios de tempo, especialmente en las apoyaturas de final de frase. No se quedó muy atrás la caballeresca Trost im Unglück pero Der Tamboursg’sell volvió a relucir su autoridad dramática, en un descenso a las profundidades tan disfrutable como triste y perturbador. Remarcables, especialmente los últimos Gute Nacht y la precisión del pianista en los últimos redobles que escucha el desgraciado tamborilero.
Tras un pequeño lapsus Kränzle defendió el exigente Lob des hohen Verstandes antes de despedir el recital con un emotivo An die Musik de nobles intenciones, en memoria, naturalmente, de Jordi Roch, cerrando así una velada memorable y uno de los platos fuertes del festival.

Fotos: © David Borrat
Read More
Read More
Read More