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Justicia musical

Salzburgo. 22/08/2026. Festival de Salzburgo. Mozart: Così fan tutte. Elsa Dreisig (Fiordiligi), Victora Karkacheva (Dorabella), Bogdan Bolkov (Ferrando), Andrè Schuen (Guglielmo), Christopher Maltman (Don Alfonso), Johannes Martin Kränzle (Don Alfonso), Lea Desandre (Despina), Christof Loy, dirección de escena. Christoph Koncz, dirección musical.

Han pasado seis años desde que el sector cultural quedó prácticamente paralizado tras la propagación del coronavirus. En 2020 muchos festivales de lírica, cine y artes escénicas tuvieron que cancelar sus respectivas ediciones debido a la pandemia. Pero en medio de ese panorama desolador ocurrió un pequeño milagro: el Festival de Salzburgo llegó a celebrarse ese verano gracias al empeño de su exdirector artístico Markus Hinterhäuser. Tan solo se exigía un pequeño sacrificio para que aquello sucediera: mutilar las obras representadas con el fin de reducir el tiempo de exposición de los espectadores. 

Como la normativa sanitaria austríaca no permitía que la duración de las funciones superara las dos horas, la nueva producción de Così fan tutte de Christof Loy sufrió enormes recortes. Concretamente, perdió un tercio de su contenido para subir al escenario del Grosses Festspielhaus. Decía Joana Mallwitz -responsable de aquella dirección musical y de efectuar los cortes en la partitura- que fue muy doloroso interpretar el dramma giocoso de Wolfang Amadeus Mozart y Lorenzo da Ponte sin algunos de sus segmentos más emblemáticos. Pues, para alcanzar el minutaje reglamentario, no bastaba con reducir el texto de los recitativos acompañados. También se suprimió la icónica cavatina de Ferrando Tradito, schernito, o el aria de Despina In uomini, in soldati!, entre otras.

Estos fragmentos se echaron de menos nuevamente en 2021, cuando la producción se repuso sin cambios. Pero, en la presente edición, el Festival de Salzburgo ha querido hacer justicia a la obra del hijo pródigo de la ciudad estrenando una versión extendida de la producción de Loy, en la que se incluye la mayoría de los números musicales omitidos. Sin embargo, sigue faltando mucho texto de los recitativos acompañados, así como la célebre aria de Guglielmo Donne mie, la fate a tanti. 

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Esta nueva versión dilatada no ha alterado en absoluto la puesta en escena minimalista del regista alemán. El renovado Così mantiene intacto el espacioso decorado que construyó Johannes Leiacker para respetar la distancia de seguridad pandémica. Toda la trama transcurre en un único salón interior de época y lugar indeterminados, que queda limitado por una pared blanca con dos puertas a cada extremo. Dicho muro blanquecino se ha convertido en un elemento escénico recurrente en los finales de ciertos montajes de Loy (como en Arabella o Eugenio Onegin). Pero en el Così no solo aparece durante el cierre de la ópera de forma alegórica. Aquí se emplea como único decorado de toda la producción, exceptuando un breve momento, durante la primera escena del jardín del segundo acto, en el que la pared se parte en dos, mostrando un árbol sobre un fondo negro. En el contexto pandémico fue una solución excelente para sacar adelante la producción. Pero, en la actualidad, dicha austeridad escénica resulta muy ingrata a los ojos del espectador. 

También se han conservado los escalones a pie de foso que alejaban los músicos de los cantantes porque el regista los utilizó para fines dramatúrgicos. Estos generan nuevos ambientes dentro de la escena, permitiendo que los solistas protagonicen momentos de introspección, o de recogimiento. Por su parte, no se aprecian cambios en el vestuario de Barbara Drosihn, el cual combina los trajes elegantes del sello Loy con ropajes jamás vistos en sus producciones anteriores (como las camisas estampadas y las bermudas de colores vistosos que Ferrando y Guglielmo llevan cuando aparecen disfrazados de nobles albaneses).

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En suma, las arias y el texto adicional de los recitativos se han integrado de manera orgánica, sin necesidad de introducir nuevas situaciones dramáticas para acogerlos. Los cambios se han resuelto alterando la actuación gestual de los protagonistas, dado que esta constituye el elemento esencial de la producción. Para seguir la trama de este Così austero es imprescindible prestar atención a las miradas penetrantes que se cruzan los seis personaje a lo largo de la obra, junto con las expresiones faciales de tristeza, desconsuelo, gozo, o esperanza que los solistas mantienen mientras permanecen en escena.

Ciertos detalles revelan secretos de quienes los llevan a cabo, como las lágrimas de Don Alfonso cuando Ferrando canta Un’aura amorosa, o la mano de Guglielmo dudando si acariciar, o no, a Dorabella mientras Ferrando la contempla con tristeza al son del rondó Per pietà, ben mio, perdona. El Così fan tutte de Loy es un ballet compuesto por miradas y pequeños movimientos. Se trata de una adaptación muy contenida de sus excesivas coreografías escénicas, que combinan bailes, carreras y persecuciones de punta a punta del espacio teatral. 

Valga decir que obligar a los solistas a memorizar este minucioso trabajo actoral tiene sus riesgos. Ello impide que se hagan substituciones de última hora cuando alguno se indispone. Tal tragedia sucedió el día de la representación reseñada: el barítono alemán Johannes Martin Kränzle no pudo hacer frente al rol de Don Alfonso. Kränzle lo interpretó sobre el escenario, mientras Christopher Maltman lo cantaba desde el foso. El público salzburgués, lejos de protestar, celebró la noticia entre gritos de asombro y aplausos antes de comenzar la función. Pues los veteranos sabían que Maltman es sinónimo de excelencia vocal. Su inclusión in extremis no solo salvó la función. El barítono inglés se convirtió en la gran estrella de la noche ofreciendo un Don Alfonso de una robustez, amplitud vocal y riqueza expresiva inigualables.

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No quedó atrás la Fiordiligi en manos de Elsa Dreisig. La soprano franco-danesa, que asumía el papel por tercera vez en esta producción, se desenvolvió con mayor seguridad que en su estreno. Su voz parece haberse endurecido, sin perder por ello su ligereza característica. La mezzosoprano rusa Victoria Karkacheva fue la única nueva incorporación de la edición extendida de 2026. Su Dorabella resultó un tanto fría y rígida en la faceta actoral, pero la solista compensó con un rigor técnico de primer orden. Su presencia en el elenco es un acierto por el contraste que genera su timbre oscuro y aterciopelado junto a las voces de Fiordiligi y Despina. Esta última volvió a ser interpretada por la mezzo franco-italiana Lea Desandre. Su agilidad y frescura vocal cosecharon aplausos en la esperada Una donna a quindici anni y sonadas carcajadas en sus intervenciones como doctor y notario. 

El tenor ucraniano Bodgan Volkov, aclamado por su Lenski de referencia, demostró ser un intérprete igual de excelente para el rol de Ferrando. Su espléndido control del legato junto a sus conocidos pianissimi de extraordinaria belleza ofrecieron Un’aura amorosa inolvidable. Esa suavidad se complementó con una gran potencia vocal en la cavatina iracunda Tradito, schernito. Por último, cerró el cuarteto amoroso el barítono italiano Andrè Schuen. Su Guglielmo volvió a sonar cálido, con seguridad y aplomo, como en las otras ocasiones que lo interpretó en Salzburgo.

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Por último, y no menos importante, debe mencionarse la polémica que ha suscitado la forzosa sustitución de Joana Mallwitz de la dirección musical de las últimas dos funciones del Così fan tutte. La maestro alemana que en 2020 se convirtió en la primera mujer de la historia en dirigir una ópera escenificada en el Festival de Salzburgo no ha podido hacerse cargo de todas las representaciones de la reposición de 2026, puesto que la ley austríaca prohíbe trabajar a mujeres embarazas en el tercer trimestre por “protección de maternidad anticipada”. Pese a los esfuerzos del festival por mantener a Mallwitz en su puesto, alegando las condiciones saludables de la artista y su bebé, fue imposible retenerla. Christoph Koncz asumió las últimas dos funciones, cosechando un gran debut bajo la dirección de la Filarmónica de Viena. El joven maestro austríaco mantuvo la sonoridad ligera y la rigidez métrica, casi excesiva, que definen la interpretación mozartiana de Mallwitz. La orquesta no fue tan transparente en su conjunto, pero regaló momentos de mayor intuición y menos perfección analítica.

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Fotos: © Monika Rittershaus