Schulhof_Schubertiada26_a.jpg

Vibra la cuerda en Vilabertran

Vilabertran. 26/08/2026. Schubertiada de Vilabertran. Canònica de Santa Maria de Vilabertran. Bernat Prat y Maria Florea (violines), Noemí Fúnez y María Raíllo (violas) y Blai Bosser y Oriol Prat (violoncelos). Obras de Chaikovski y Schulhof.

Erwin Schulhof fue un compositor checo de lengua alemana. En el censo del Imperio austrohúngaro este tipo de personas aparecían diurectamente como alemanes puesto que los individuos eran clasificados étnicamente. Tal sería el caso, por ejemplo, de Gustav Mahler y Franz Kafka, contemporáneos de Schulhof, particularmente éste último. Sin embargo nacer en Praga no era lo mismo que nacer en Berlin o en Viena y a los siete años Schulhof audicionó para  Antonín Dvořák, compositor checo por excelencia, y mantuvo más tarde relación personal con Leoš Janáček. Su vida fue realmente atribulada y le llevó a servir en el ejército austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial, colaborar con Tristan Tzara y George Grosz, militar en el Frente de Izquierda checo, obtener la nacionalidad soviética, escribir una cantata sobre el Manifiesto Comunista y acabar, en 1941, en un campo de concentración alemán, donde murió.

Solo por su trayectoria vital el individuo resultaría interesante, pero su música, como la de otros artistas "degenerados" (según terminología del Tercer Reich) no solo no obtuvo reconocimiento antes y durante la Segunda Guerra Mundial, sinó que tampoco fue revalorizada después. Hubo que esperar décadas hasta que se publicaran en disco algunas de sus obras. De manera que para la mayoría del público presente el jueves en Vilabertran era un absoluto desconocido. Pep Gorgori desgranó algo de sus peripecias durante unos veinte minutos antes del concierto y ahí que nos lanzamos a conocver su Sexteto para cuerdas, compuesto en 1924. La obra es muy notable, de un vanguardismo hasta cierto punto asequible incluso cuando la atonalidad es el lenguaje dominante, como es el caso del primer movimiento. 

Schulhof_Schubertiada26_b.jpg  

Para ejecutar la obra teníamos al sexteto formado por Bernat Prat y Maria Florea (violines), Noemí Fúnez y María Raíllo (violas) y Blai Bosser y Oriol Prat (violoncelos). Entraron muy enérgicos, como exige la partitutra (Allegro risoluto, pone), y la verdad es que la intensidad fue el sello de toda la velada. Maria Florea pudo lucir ya fugazmente un bello fraseo y Oriol Prat sostuvo las lineas de bajos con agresividad y concentración. En el segundo movimiento (Tranquillo), con matices más stravinskianos, el conjunto consiguió transmitir atmósferas muy sugerentes. Y para completar el panorama, ciertas reminiscencias bartokianas perfuman el tercero (Burlesca. Allegro molto con spirito), en que la solidez del conjunto sostuvo una tensión rítmica admirable. En el último movimiento (Molto adagio), el conjunto se lució, Bernat Prat volvió a poner su sello en las líneas del cello, Oriol Prat lució un pizzicato muy andarín y, sobretodo, Maria Florea hizo una auténtica exhibición de belleza en el fraseo y el sonido. Naturalmente en un sexteto hay funciones que lucen más que otras, pero los elogios tienen que ir para todo el conjunto, que hizo un alarde de riqueza tímbrica durante todo este úlñtimo movimiento. El público agradeció el esfuerzo y aunque el sexteto de cuerdas no sea la formación más frecuente, da la sensación de que esta obra tiene que estabilizarse como un referente en el repertorio para esta formación.

 Schulhof_Schubertiada26_c.jpg

La segunda parte consistió en el Sexteto de Chaikovski, Souvenir de Florence. compuesto en 1890. Se trata, naturalmente, de una obra mucho más popular y el rendimiento del conjunto fue igual de notable que en la primera parte. Florea siguió convenciendo con un solo espléndido en el primer movimiento (Allegro con spirito) y tocaron todos a una con una cohesión admirable. Más tarde se lucieron Maria Florea y Blai Bosser en un duo espléndido sobre la base del acompañamiento en pizzicato del resto. Los bellos trinos de Bernat Prat animaron el tercer movimiento (Allegro moderato) y en el Allegro vivace final culminaron con un final espectacular, cuadradísimo y brillante. Dado que Chaikovski es Chaikovski y que se trataba del final el respetable regaló a los artistas con sentidos aplausos, muy merecidos como se puede deducir de esta crónica.

Para homenjear a Jordi Roch una vez más con un bis dedicado al fundador del festival, eligieron el segundo movimiento del sexteto de Brahms, del que ofrecieron una ejecución excelente y muy sentida. Y nos fuimos a casa muy contentos, como suele suceder en este festival cuyo nivel general es realmente encomiable.

Schulhof_Schubertiada26_d.jpg