© FIS / Pedro Puente
Yo estuve allí
31/08/2026. Santander. Palacio de Festivales. LXXV Festival Internacional de Santander. Selección de Der Ring des Nibelungen, de Richard Wagner. Catherine Foster (soprano, Brünnhilde), Klaus Florian Vogt (tenor, Siegmund y Sigfrido), Nicholas Brownlee (baritone, Wotan). Orquesta del Festival de Bayreuth. Dirección musical: Pablo Heras-Casado.
Es indudable que el Festival Internacional de Santander se ha apuntado un gran tanto al programar el concierto de la Orquesta del Festival de Bayreuth. Se han juntado los astros y se han podido hacer coincidir las dos conmemoraciones: el 150 aniversario del festival wagneriano y el 75 del mismo FIS. Santander ha sido, y ello es sintomático, la única plaza no operística del estado que ha conseguido disfrutar del concierto, junto a Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia. Ha sido, por lo tanto, un acierto la apuesta por su contratación y, vivida la experiencia, un acierto estratégico el que este concierto cerrara la actual edición porque el resultado ha sido, sencillamente, memorable.
Ya antes de entrar al Palacio de Festivales se observaba un ambiente especial, el propio de esos momentos que se intuyen únicos. Y es que una de las grandezas de cualquier evento cultural, de cualquier concierto, es que llegue a quedar grabado en tu memoria hasta el punto de que pasado el tiempo puedas recordar –y, por qué no, alardear- de que se estuvo presente en el mismo.

Es sabido que el Festival de Bayreuth es, junto a muy pocos otros mencionables, el ejemplo paradigmático de festival elitista, especial y particular. Ya se sabe que solo por mes y medio el célebre Festspielhaus abre sus puertas para poner en escena parte del corpus operístico de Richard Wagner, con la exclusión habitual de sus tres primeras obras. Aunque hoy no vive, ni mucho menos, sus mejores momentos, ir a Bayreuth sigue teniendo un encanto y aura especiales y no son pocos los melómanos que se embarcan en gastos excesivos por vivir, siquiera una vez, la experiencia de vivir la experiencia de la música teatral de Wagner en su casa. Por ello este concierto era, para muchos melómanos, una oportunidad única de disfrutar a Wagner de forma distinta.
Con la sala llena y este ambiente particular los miembros de la orquesta ocuparon sus lugares. Una presencia enorme del metal, viento y madera y la cuerda, sobre todo la grave, reforzada en busca de la sonoridad particular de Wagner. Y ya desde la primera intervención, con el final de Das Rheingold, nos dimos cuenta que no estábamos viviendo cualquier cosa: por un lado porque los metales sonaron fulgurantes y contundentes y por otro porque la mejor voz de la noche sin discusión, la del barítono Nicholas Brownlee nos enseñó su aterciopelada voz, mostrándonos un Wotan poderoso. Solo escuchar su So grüss ich die Burg con un timbre tan redondo nos acercaba a lo mejor que hoy en día puede escucharse en este papel. Los metales coadyuvaron a entrar en el Walhalla con ceremoniosidad y dignidad musicales.

A continuación, las dos páginas de Die Walküre: la escena de Siegmund del acto I y el final de la ópera con la voz, nuevamente, de Wotan. Con respecto a esta última Brownlee nos marcó el cénit canoro de la noche con una intervención magnífica. Su primer Leb wohl fue tan contundente que nos quedamos pegados al asiento; la voz es densa, homogénea y poderosa y a poco que este cantante sea inteligente, estamos ante el Wotan del presente y futuro. Por de pronto, ya será una realidad el próximo febrero en el Gran Teatre del Liceu y, a mayor escala, en la nueva tetralogía de Bayreuth a partir de 2028.
Antes, debutó Klaus Florian Vogt como Siegmund. Y aquí he de detenerme un segundo: Vogt no es un heldentenor por mucho que cante Wagner. Y con este tenor reconozco con humildad que vivo sin vivir en mí; ello porque el timbre de Vogt no es hermoso ni trascendente, su voz no es ancha y no corresponde al carácter heroico de los personajes. Este año, como tantos otros le he seguido por las retransmisiones radiofónicas del mismo festival de Bayreuth y escucharle es, en ocasiones, trabajoso. Sin embargo, he de admitir que en directo te asombra su capacidad de traspasar la orquesta, de hacerse oír y solventar su partitura sin aparentes problemas, tanto la franja aguda como la grave con solvencia. Desde luego, sus cientos de participaciones en Bayretuh solo pueden entenderse o bien porque es el tuerto en el país de los ciegos o bien porque otros estamos equivocados. Desde luego, con todas sus limitaciones, supera ampliamente a la escuela del mugido que se instaló en la colina sagrada allá por finales del siglo pasado con supuestos cantantes como Wolfgang Schmidt, Manfred Jung o Christian Frantz, por poner solo tres ejemplos.

Dicho esto, y si aceptas el color blanquecino de la voz de Vogt como animal de compañía, su labor solo es merecedora de elogio. Sus Welse! tuvieron cierto empaque y el fraseo fue notable. Más tarde, en la página de Siegfried, el final del dúo de la ópera, volvió a mostrar las mismas características. Eso sí, si como Siegmund te hace dudar, como Sigfrido no tiene un pase teórico. Se implicó mucho en la escena de la muerte del héroe, ya en Götterdämmerung, yendo al suelo en el momento del ataque de Hagen.
La tercera protagonista ha sido la soprano Catherine Foster, veterana que lleva cantando en el festival dos décadas. Temía el desgaste vocal pero solventó sus dos páginas con acierto. La voz muestra cierto deterioro pero tanto en el dúo de Sigfrido como en la Inmolación de Brünnhilde supo asumir los agudos con solvencia y asumió sus retos con dignidad.

Los últimos protagonistas son, evidentemente, la misma Orquesta del Festival de Bayreuth y su director, Pablo Heras-Casado. Y fue aquí, como ocurrió con Nicholas Brownlee, donde se alcanzó el clímax: por un lado, porque la labor de la orquesta fue prodigiosa por poderío, contundencia y color. Metales de fiabilidad extrema, cuerdas graves que sostenían la arquitectura del Heras-Casado, violines de una ductilidad absoluta y una percusión efectista y segura. Acaban de terminar el festival y traen el material más que trabajado pero transmitieron tomárselo en serio, lo que algunos bien que agradecemos. En este sentido, Heras-Casado nos demostró que como batuta wagneriana va dando pasos en gigante hacia la excelencia y que cuenta con toda la confianza del establishment de Bayreuth, que le otorgado la máxima responsabilidad en la próxima edición de Der Ring das Nibelungen, desde 2028.
Un concierto mágico, muy emocionante y, en provincias, una oportunidad única para vivir música excelsa interpretada por artistas de primera categoría. El público respondió puesto en pie en su totalidad, transmitiendo la consciencia de que se acababa de vivir una velada diferente. Santander y el FIS lo han hecho muy bien y ahora bien puedo decir que el día en que la Orquesta del Festival de Bayreuth deslumbró en Santander, estuve allí.

Fotos: © FIS / Pedro Puente
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