© Clemens Manser Photography
Händel mirabilis
Bayreuth. 09/09/26. Friedrichsforum. Emöke Baráth, soprano. Andreas Scholl, contratenor. Wrocław Baroque Orchestra. Dirección musical: Markellos Chryssicos.
Velada de sugerente hermosura handeliana con uno de los contratenores históricos, un Andreas Scholl que, a sus 58 años, sigue sonando con una presencia digna de mención, y una de las cantantes más demandadas entre las especialistas en música barroca, la soprano húngara Emöke Baráth.
Con un repertorio basado en dos de las óperas consideradas de mayor calidad de Händel, Giulio Cesare (1724) y Rodelinda (1725), estrenadas en un periodo que la historiografía del compositor ha denominado annus mirabilis —en 1724 también se estrenó Tamerlano, otra de sus mejores óperas—, el programa presentado fue una auténtica delicia.
Scholl cantó arias de dos de sus roles más icónicos de su extensa carrera, el de Cesare y el de Bertarido, y no evitó arias de bravura y exigencia técnica como Vivi tiranno! de Rodelinda, donde supo aunar, con la maestría de la veteranía, donaire vocal y venturosa pericia en las coloraturas. Es cierto que la voz es menos brillante y que los sonidos de cabeza predominan con cierta monotonía en los colores, pero el contratenor alemán sabe utilizar un fraseo expresivo e incisivo que sobresale, sobre todo, en arias de contemplativa belleza como Dall’ondoso periglio – Aure, deh, per pietà de Giulio Cesare, con la que comenzó el recital, o en Pompe vane di morte – Dove sei, armato bene, de Rodelinda, en la segunda parte del concierto. También supo estar a la altura en la virtuosa aria Va tacito, de Giulio Cesare, con el cinegético y preciosista solo obbligato de la trompa natural, interpretado con destreza y seguridad por un joven músico cuyo nombre no figuró en el programa.

Además, Scholl empastó de manera orgánica y tímbrica en los dos dúos con la soprano Emöke Baráth, tanto en el emotivo Io t’abraccio, de Rodelinda, interpretado con la dulzura y emotividad expresiva justa, como en el culminante Caro! – Bella! – Più amabile beltà, de Giulio Cesare.
Si bien ciertos sonidos fijos y algo nasales, además de la natural pérdida de esmalte de un instrumento que sigue luciendo un timbre de notable belleza, evidenciaron el paso del tiempo, la voz conserva una admirable proyección y presencia sonora. Andreas Scholl demostró madurez, tablas y el carisma de uno de los contratenores más influyentes de principios del siglo XXI, que mantiene estilo, dominio del escenario y personalidad.
Emöke Baráth lució su actual y radiante estado de forma en arias como Da tempeste, o en una fantasiosa y perlada Se pietà di me non senti, ambas de la Cleopatra händeliana. Si el estilo es natural, la proyección precisa y el fraseo notable, la húngara suma una interiorización emocional de gran efecto en Ritorna o caro o en Mio caro bene, de Rodelinda. Estuvo a la altura de la fama en este rol que alcanzó Cuzzoni en la première handeliana, una cantante célebre por la belleza turbadora de su timbre y la dulcificación de un canto que enamoró a la audiencia inglesa y que también fue la primera Cleopatra de Händel.

Hay que destacar, por la naturalidad de la expresión, el estilo y la originalidad en los acompañamientos, esos golpes patéticos y transgresores del clave en Se pietà!, fruto de la labor de Markellos Chryssicos, frente a una espléndida Wrocław Baroque Orchestra. La formación polaca, orquesta residente de esta VII edición del Bayreuth Baroque Opera Festival, mostró un sonido aterciopelado, elegante y teatral para un repertorio que hizo justicia a dos de las mejores partituras händelianas.
Una fiesta barroca que supuso el debut de la programación del Festival en el nuevo auditorio del Friedrichsforum de Bayreuth. Recién remodelado y con una capacidad de casi 900 espectadores, su espléndida acústica, sus acabados en paredes y salas de madera y su capacidad técnica para albergar nuevas producciones de ópera lo postulan como segundo espacio para las futuras ediciones del Bayreuth Baroque Opera Festival, para alegría de los asiduos y como nuevo reclamo para los futuros asistentes.

Fotos: © Clemens Manser Photography