© Martí E. Berenguer
Minimalismo y cine en el Petit Palau
Barcelona, 22/09/2026. Palau de la Música Catalana. Petit Palau. Obras de Richter, Klimek y Jenkins. Franz Schubert Filharmonia. Montserrat Seró, soprano. Maria Florea, violín y dirección musical
El otro dia, con motivo del concierto en el Palau de la Orquestra Simfònica del Vallès, hablaba sobre el arte de la construcción de programas y de mi personal rechazo de los programas eclécticos. Para el concierto que nos propuso el otro dia en el Petit Palau (sala pequeña del Palau) Maria Florea junto con miembros de la Franz Schubert Filharmonia y la intervención puntual de la soprano Montserrat Seró, la reflexión podría ser exactamente inversa. Si bien la música elegida para este programa no es exactamente de mi gusto personal el programa propuesto por Maria Florea fue de lo más coherente, con una unidad estilística muy cerrada. El tipo de propuesta giraba alrededor de una estético minimalista y bastante cinematográfica que se abría y se cerraba con obras de Max Richter.
Max Richter cursó estudis de composició y piano a la Universitat de Edimburgo, en la Royal Academy of Music y, más tarde, con Luciano Berio en Florencia. Su participación en el proyecto Piano Circus, un iconoclasta conjunto en el cual colaboró con referentes del minimalismo como Philip Glass y Steve Reich, además de otros nombres destacados como Arvo Pärt y Brian Eno. Entre sus curiosas colaboraciones figuran el trabajo con Robert Wyatt (fundador de Soft Machine) en el album Songs from Before, basado en textos de Haruki Murakami, y From the Art of Mirrors, una banda sonora para las inéditas películas en súper 8 de Derek Jarman.
On the Nature of Daylight, la obra que abría el programa, apareció inicialemente en 2004 en su segundo álbum The Blue Notebooks, y ha sido utilizada en varias ocasiones en cine (Shutter Island, de Martin Scorsese, por ejemplo) en televisión. Richter compuso esta obra como protesta por la invasión norteamericana de Irak. Se introdujo con una voz en off de un fragmento de Kafka perteneciente a los Cuadernos en octavo. Se trata de un desarrollo minimalista, muy cinematográfico y muy al estilo del célebre Adagio de Albinoni, lo que da una idea de la escasa audacia de la propuesta.
Florea tocó muy empastada con el conjunto (incluso mirando atrás, hacia el grupo, al principio del concierto), lo cual fue una tendencia en el conjunto de la velada y que en ciertos momentos resultó excesiva, como también lo fue, en mi opinión, la sobriedad de la interpretación y la limitada gama dinámica, aunque esto forma parte de la cultura estilística del minimalismo.
La segunda pieza fue Meeting Laura, pieza instrumental y vocal emblemática de la banda sonora de la película El perfume: historia de un asesino. La parte vocal corrió a cargo de Montserrat Seró, que cantó bien aunque costó entender el texto porque, al igual que Florea, cantó muy empastada con el grupo aunque se situara en el palco lateral.

La tercera pieza fue Palladio, un concerto grosso "en imitación barroco" de 1995, para dos violines solistas y conjunto de cuerdas, del compositor galés Karl Jenkins, ex-miembro de Soft Machine (como Robert Wyatt, ya mencionado: todo queda en casa). Para esta ocasión florea eligió solo el Allegretto, que es el primer movimiento de la obra. Hay que destacar lo compacta que se mostró la agrupación de la Franz Schubert Filharmonia y la propia Florea.
El plato fuerte del programa era la versión de las Cuatro estaciones de Vivaldi que Max Richter realizó en 2012. Su versión consiste en seleccionar determinados motivos, a veces dándoles una importancia estructural que no tienen en el original de Vivaldi. por otra parte estos motivos toman un control de las piezas que le dan ese carácter repetitivo propia del minimalismo. Las cuatro estaciones de Max Richter (o sea, su paráfrasis sobre la obra de Vivaldi) no son, por cierto, una novedad para la Frnz Schubert Filharmonia, que ya las interpretaron en 2024 con Sayaka Shoji al violín solista.
La actuación de Maria Florea, violinista a la que yo mismo he elogiado en esta revista, se caracterizó, como he dicho, por un sonido muy empastado con el conjunto. Excesivamente, en mi modesta opinión, puesto que en algunos momentos hubiese deseado que sus intervenciones solistas tomaran un plano más destacado por delante (o por encima, según se quiera ver) del conjunto orquestal. Ello no le impidió tocar con gran fraseo el segundo movimiento de la Primavera o tocar un precioso movimiento final de la obra. Por su parte hubo una destacable intervención del primer cellista de la orquesta, particularmente en el duo que ejecutó junto a Florea en el Verano. A ello cabe añadir el entusiasmo contagioso de una de las contrabajista. Todo ello destellos individuales de una agrupación que sonó siempre muy compacta, de manera muy destacable en los primeros movimientos del Verano y del Otoño.
En conjunto hay que agradecer la unidad de programa, en que se entrelazaban el minimalismo y la música cinematográfica, y la cuidadosa aproximación de la orquesta, Maria Florea y la soprano Montserrat Seró.

Fotos: © Martí E. Berenguer