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Sara Blanch, soprano: “Me gustaría debutar con Lucia y hacer más Mozart”

Sin prisa pero sin pausa, la joven soprano Sara Blanch se viene labrando una sólida trayectoria en los principales escenarios españoles, con puntuales incursiones también en teatros y festivales europeos. En esta entrevista tenemos ocasión de conocer de primera mano los orígenes de su vocación por el canto y los compromisos futuros que mantienen repleta su agenda. No en vano este otoño participará en dos producciones de Rossini: Il turco in Italia en Oviedo y L´italiana in Algeri en el Liceu.

¿Dónde comienza su vocación por el canto? ¿En qué momento se decide a llevar a cabo una carrera profesional en la lírica?

Mi vocación viene de manera muy natural. Mis padres son músicos y siempre hubo música en casa. Ya de pequeña empecé a cantar en el coro de mi pueblo, que dirigía mi padre. Siempre supe que tenía una voz, una cierta facilidad y me gustaba mucho cantar. Recuerdo pedir a mis padres poder participar en algún programa de televisión para niños que cantaban, etc. Pero no me dejaron (risas). Ya más adelante, con catorce años, empecé a tomar clases de canto y descubrí la técnica como tal. Desde ese momento, durante ese primer año de clases, tuve claro que quería dedicarme al canto de forma profesional. En realidad yo no sabía cómo era este mundo y qué posibilidades reales había de terminar teniendo una carrera como tal.

Esa vocación se encauza ya definitivamente cuando se traslada a Barcelona.

Sí, con dieciocho años me trasladé a Barcelona y empecé a estudiar en el conservatorio de Sabadell, donde la profesora de canto allí era una conocida de la familia, la hija de Manuel Cabero, el profesor e dirección de mi padre. Después hice las pruebas para la ESMUC y más tarde continué en el Conservatorio del Liceu, donde conseguí el título. Desde entonces he ido presentándome a concursos, audiciones y probando con distintos profesores hasta que he encontrado con quién encajaba mejor. Todo ha ido de manera muy natural hasta ahora; yo al menos lo he vivido así.

Mencionaba ahora sus profesores. ¿Con qué maestros de canto ha trabajado o trabaja hoy en día? Creo que trabaja actualmente con Mariella Devia.

Sí, con ella hace ya casi tres años que hacemos clases de manera continuada. A veces es complicado cuadrar agendas, pero es mi maestra de referencia. Técnicamente es muy clara y me ayuda mucho; enseguida identifica cómo funciona tu instrumento y reconoce los desajustes y cómo corregirlos. Empecé estudiando con Isabel Cañas, amiga de la familia y quien me dio una base muy sólida, desde los catorce hasta los dieciocho. En Sabadell trabajé con Elisenda Cabero; en la ESMUC estuve con Enedina Lloris; más tarde con Francesca Roig; y terminé en el Liceu con Carmen Bustamante, quien me ayudó muchísimo y ha sido una persona importante ara mi desarrollo. Hasta llegar a Mariella Deviay aquí me quedo (risas).

¿Siempre tuvo claro el tipo de voz que tenía, desde el principio?

Sí, lo que percibí siempre es que mi voz tenía un centro de color algo más oscuro que el que se asocia a una soprano ligera. De ahí que pueda hacer un repertorio un tanto distinto al de otras voces de soprano ligera. Fue el caso por ejemplo de un recital de música barroca con piezas de Vivaldi, que tienen una coloratura muy central. 

Su repertorio es precisamente ese, el de una lírico-ligera que por ahora apunta más hacia lo ligero que hacia lo lírico, ¿me equivoco?

Exacto, sí. También porque quiero explotar ahora todo lo ligero que pueda hacer, confiando en que siempre habrá margen más tarde para abundar en el repertorio lírico. No deja de ser un recorrido lógico, la voz tiene su curso y lo norma es hacer en la juventud los roles más ligeros, si tienes la voz para hacerlos, y más adelante los más líricos. Cuando se invierte el proceso, puede llegar a ser perjudicial para la salud vocal.

¿Cuántos años de carrera en activo lleva ahora mismo?

Realmente es complicado marcarlo porque tengo la impresión de llevar cantando toda la vida. El debut como tal en un teatro importante fue en Pesaro, en el 2013, cuando hice Il viaggio a Reims con la Accademia Rossiniana. Antes había hecho otras cosas y ya tenía experiencias en teatro. Con dieciséis años participé en una ópera en el Teatro Nacional de Cataluña, dentro de un programa que representaba ópera para alumnos de educación secundaria. También había hecho una ópera contemporánea y participé asimismo en La flauta mágica en Sabadell en 2013. Ese fue un año clave, que podría ser el punto de partida de mi carrera. A partir de ahí viene una etapa que yo cerraría con el Concurso Viñas en 2016. 

¿Fue un punto de inflexión para sus compromisos profesionales?

A partir de entonces todo entra en una nueva dinámica y mi agenda cogió otro impulso. Me llegaron propuestas, tuve abiertas las puertas de teatros importantes para audiciones, etc. 

Para usted sí fue importante ganar un premio en un concurso. Muchos colegas suyos dan a entender que los concursos apenas les reportan consecuencias directas para su agenda.

En mi caso sirvió para mucho, sí. También tengo que decir que yo siempre he aceptado las propuestas que me han llegado, si eran razonables, sin importarme que fueran papeles pequeños o comprimarios. Yo entendí siempre que estaba empezando y que tenía que pasar por todas esas experiencias en algún momento antes de tener compromisos de mayor peso. Nunca sabes si tras cantar un comprimario en un teatro importante pueden surgir allí mismo nuevos proyectos con posterioridad. Un concurso no garantiza desde luego que tengas la carrera hecha. Yo he ido a cantar en muchas audiciones; unas han ido bien y otras no. Pero a mí el Concurso Viñas me abrió puertas que yo he intentado aprovechar en cada momento. También es verdad que no todos los concursos en los que he participado y en los que he obtenido premios me han supuesto después oportunidades profesionales. Cada caso es muy particular. Al final el concurso es un reto para uno mismo y sirve para conocerse y ponerse a prueba.

Mencionaba ahora los teatros de primera línea que le han abierto sus puertas en estos dos últimos años. Lo cierto es que ya ha cantado en el Real, en el Liceu, en el Maestranza, en la Zarzuela, en el Campoamor… 

Sí, estoy muy contenta. 2017 fue un año bastante apretado de agenda y fue todo un descubrimiento a nivel profesional. Fue una experiencia muy positiva debutar en todos esos teatros. 2018 también está siendo intenso y el año que viene no me puedo quejar con los compromisos que tengo.

Cuénteme un poco más de esos proyectos para la temporada 2018/2019.

Es una temporada intensa. Comienzo en Oviedo con Il turco in Italia. Después más Rossini: iré a L´italiana in Algeri en el Liceu. Participaré después en el estreno de L´enigma di Lea, de Benet Casablancas, ya en 2019. En enero tengo un Carmina Burana con la Orchestra Simfònica Camera Musice, en el Palau de la Música. En marzo iré a Riga para hacer un Don Pasquale, un título que hice ya en Castellón hace unos años. Y en abril L´elisir d´amore en Mallorca, para terminar en mayo con L´italiana in Algeri en Turín. Estoy muy contenta con esta temporada. Y están llegando proyectos y propuestas, incluso para 2020. Es una pena de hecho que no pueda cuadrar todas las propuesta que llegan, porque a menudo se solapan las fechas y eso da mucha rabia.

A la vista e su agenda, se diría Rossini es de alguna manera el centro de su repertorio hasta la fecha.

Sí, desde luego es lo que más he cantado. Me siento muy cómoda y tengo la impresión de conocer bien su lenguaje. Y además disfruto mucho en escena con sus obras.

También ha hecho muchos recitales, sobre todo en verano. 

Me gusta mucho el recital, es un formato que permite un contacto más directo on el público. percibes la interacción con ellos; es como romper la cuarta pared y tengo más libertad para montar el programa. Aprovecho además los recitales para probar mi instrumento en otra tesitura y con otro repertorio, siempre que sea apto para mi voz.

¿Por dónde le gustaría que fuese su repertorio próximamente?

Me gustaría mucho hacer más obras de Donizetti, por supuesto Lucia di Lammermoor. Y hacer más Mozart, incluso roles como Despina en Così fan tutte. Y quiero seguir haciendo Rossini, claro.

Mozart ha cantado poco pero nada menos que La reina de la noche de La flauta mágica.

Sí, también he hecho Zerlina, que están en las antípodas de la Reina. Con ésta me siento muy bien, como si hubiera una identificación muy directa entre mi voz y su línea vocal.

¿Ha pensado en algún proyecto discográfico para darse a conocer?

Me gustaría mucho grabar un disco pero tiene que surgir un buen proyecto, con una casa discográfica que lo respalde. Ojalá llegue más adelante.

 

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