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El Ravenna Festival en su 30 aniversario

Ravenna, la ciudad de los mosaicos, la urbe donde reposan los restos del poeta Dante Alighieri, la capital en tiempos de Justiniano del poder bizantino en Italia, ofrece desde hace treinta años un importante festival de verano. 

Bajo el lema Per l´alto mare aperto, tomando una cita del XXVI canto del Infierno de la Divina Commedia de Dante, desde el 5 de junio y hasta el 16 de julio, el Festival de Ravenna ha reflexionando sobre el pasado de una ciudad que siempre ha vivido mirando al mar, pero sin nostalgias, sin renunciar a su ansía de conocimiento, volcada hacia el encuentro. convirtiéndose en un foco de creación artística e intercambio cultural.

Festival de danza, música y teatro, con un programa amplio y variopinto de actividades, que excede con mucho las coordenadas propiamente dichas de la música clásica, fue puesto en marcha hace ahora tres décadas por Cristina Mazzavillani, esposa a la sazón del maestro italiano Riccardo Muti, y cuenta con dos responsables artísticos, Franco Masotti y Angelo Nicastro, dada la amplia diversidad de su propuesta de espectáculos y actividades.

El Festival de Ravenna ha apostado siempre tender puentes y abrir puertas, buscando horizontes nuevos, especialmente desde su experiencia de 1997 en Sarajevo, llevando la música hasta un escenario de guerra y desolación. Desde entonces, año tras año, han pasado por emplazamientos tan diversos como Armenia, Irán, Beirut o Nueva York, siempre lugares con heridas abiertas, haciendo suyo el espíritu cosmopolita y el afán conciliador, señas de identidad de los ravennati. Kiev fue el destino de la pasada edición, al hilo de las tensiones territoriales entre Ucrania y Rusia. Y dentro de esta experiencia sostenida en el tiempo, bajo el título de Le vie dell´amicizia, en 2109 ha llegado el turno de Atenas, emblemática capital europea donde Riccardo Muti ha dirigido la Novena de Beethoven a los pies de la Acrópolis, reuniendo a su Orchestra Giovanile Luigi Cherubini con un conjunto de orquestas griegas.

Y es que la idea del viaje, tanto el interior como el exterior, ha sido siempre una constante del festival de Ravenna, como haciendo suyo el espíritu del último viaje de Ulises, ese que Dante recreaba en el Infierno de su Divina Commedia: «Cuando libre de Circe la inhumana / que más de un año en Gaeta me retuvo, do antes de Eneas era soberana / ni el cariño por mi hijo me contuvo, ni de mi viejo padre la ternura, / ni el amor de Penélope me abstuvo, / de correr por doquier a la ventura, por conocer el mundo como experto, / y al hombre con sus vicios y cultura. / Lánceme sin temor en mar abierto / con sólo un leño, y tuve por compaña / pocos hombres, mas todos de concierto” (XXVI canto del Infierno de la Divina Commedia de Dante). 

25Jun2012 Silvia Lelli

 

Pero se trata siempre de un viaje que implica un regreso, un retorno; es una ida y vuelta, que promueve el intercambio, el conocimiento de lo diverso. Y es por esto que el Festival de Ravenna va mucho más allá de ser un mero contenedor de espectáculos, un simple catálogo de artistas como sucede en tantas otras programaciones estivales. Franco Masotti, uno de los responsables artísticos del festival desde 1998, lo cuenta desde su propia experiencia: “El Festival de Ravenna es único por el compromiso con el que los ciudadanos locales lo han hecho suyo. Por supuesto, es un festival abierto al mundo, en constante intercambio con el exterior, pero arraigado de un modo increíble entre los habitantes de la ciudad, que lo sienten como un tesoro propio. Su hospitalidad, su implicación, la intensa pasión con la que Ravenna vive el Festival es a buen seguro su mejor capital. Sin ese espíritu seguramente no seríamos capaces de atraer a los mejores artistas internacionales, como ha sucedido en estos treinta años, con un elevado criterio de excelencia artística como carta de presentación de nuestra programación”.

Aproximadamente mil artistas, para unos ciento cincuenta eventos y actividades, en el transcurso de algo más de cuatro semanas. Son cifras de vértigo, números de auténtico récord para una ciudad que apenas rebasa hoy los ciento cincuenta mil habitantes. Hay todavía hoy algo de artesanal es este festival, llevado con mimo por un equipo humano que lo siente como propio y que lo vive con denuedo. El resultado es un festival que invita precisamente a ser vivido, dejándose perder por las calles de Ravenna, curioseando en sus plazas, charlando con sus gentes.

El Festival se beneficia también de emplazamientos únicos, escenarios históricos como la Basílica de San Vitale o San Apollinare Nuovo, marcos verdaderamente incomparables donde la música engrandece aun más sus ecos, entrecruzada con un pasado ya casi inmemorable. No faltan tampoco escenarios más modernos, como el singular Pala de André, edificado en 1990 con una enorme capacidad de aforo y una vistosa resolución arquitectónica en su techumbre. Y por supuesto el Teatro Alighieri, sede histórica de las representaciones líricas en la ciudad, inaugurado en 1852 y diseñado por los arquitectos venecianos Tommaso y Giambattista Meduna, hermanos y responsable el segundo de ellos de levantar de nuevo La Fenice tras su incendio de 1836. El Alighieri, donde tiene lugar la Trilogia d´autunno, recuerda de hecho un tanto, por su decoración, al mítico teatro veneciano.

En estos treinta años por el Festival de Ravenna han pasado los más grandes, desde Solti a Boulez, desde Pavarotti a Kleiber, de Dylan a Depardieu… Pero el Festival ha sido cuna también de nuevas voces y jóvenes talentos hoy en ascenso, como la soprano Eleonora Buratto, el tenor Vittorio Grigolo o el barítono Nicola Alaimo, impulsados por el sostén de Riccardo Muti, quien es mucho más que un reclamo publicitario del festival de cara al exterior. El cartel de este año incluía a artistas como Leonidas Kavakos o Emmanuelle Krivine y a compañías como el Hamburg Ballet o la Martha Graham Dance Company, entre otros muchos.

S.ApollinareNuovoSilvia Lelli

 

Concierto inaugural con Maurizio Pollini y Riccardo Muti

El atractivo concierto inaugural corrió a cargo de dos de los artistas italianos más reconocidos de las últimas décadas, el pianista milanés Maurizio Pollini y el maestro napolitano Riccardo Muti. Junto a la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, ambos ofrecieron un programa con dos conciertos para piano de Mozart (el no. 14, KV449 y el no. 20, KV466), junto a dos piezas sinfónicas: la obertura Mar en calma y viaje feliz, Op. 27; y el inmortal Boléro de Ravel. Pollini, con un gesto cansado pero estoico, volvió a mostrar su magia, con pases que fluían entre sus dedos como si el tiempo no hubiera pasado por sus manos. Muti mimó a su admirado pianista y se entregó con denuedo a su joven orquesta, buscando primar el talento de los músicos en los atriles, con las sucesivas intervenciones solistas que van salpicando la partitura del Boléro de Ravel. Un gran concierto, cargado de resonancias históricas, habida cuenta de la larga relación artística entre ambos músicos, que hacía seis años que no coincidan de nuevo sobre el escenario de Ravenna.

 

Muti Pollini Ravenna Silvia Lelli

 

* De imprescindible visita:

· Basilica de San Vital

· Basílica de San Apolinar el Nuevo

· Mausoleo de Gala Placidia 

· Mausoleo de Teodorico

· Teatro Alighieri

* Todo el conjunto de los “Monumentos paleocristianos de Ravenna” fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

* Dónde comer y beber:

Ristorante Ca´ de Vèn. Via Corrado Ricci, 24. 

Desde 1975, un establecimiento con solera, de visita obligada, entre otras cosas por la conservación de sus espacios interiores. Auténtica piadina elaborada allí mismo, vini romagnoli y buen producto local.

Ristorante La Gardela. Via Ponte Marino, 3

Una sencilla y típica trattoria. Los platos de siempre a precios económicos, con trato familiar.

Antica Bottega di Felice. Via Ponte Marino, 23 

Un lugar de referencia para el público local desde su apertura en 1968. Bottega y osteria, combina así el servicio de comidas con la oferta de productos (panes, pastas, embutidos) de producción propia. Imprescindibles sus piadine.

Ristorante Al Cairoli. Via Cairoli, 16. Producto local, elaboraciones tradicionales y un emplazamiento emblemático.

Ristorante Enoteca Cappello. Via IV Novembre 43. Un espacio refinado, ideal para una velada más íntima.

Ristorante Pizzeria Babaleus. Vicolo Gabbiani, 7. Informal, joven y desenfadado. Una buena opción para tomar una birra y compartir una pizza.

· Dónde endulzarse:

Caffè Pasticceria Palumbo. Piazza S. Francesco, 3

Delicioso café e imprescindibles sus pequeños dulces de elaboración propia. No dejen de probar su especialidad, el café shakerato.

Sorbetteria degli Esarchi. Los mejores helados de Ravenna, desde hace décadas.

Il forno Argnani. Auténticos productos delicatessen, desde 1953. Refinada repostería local. Para entrar allí y no salir nunca.

 

 

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