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 Michael Fabiano 2017 vertical JiyangChen

Michael Fabiano, tenor: "Nos hemos obsesionado con la perfección"

Vamos a escuchar mucho por España al tenor estadounidense Michael Fabiano (1984, New Jersey), quien acaba de publicar su primer CD en solitario. De hecho, para las próximas temporadas tiene tantos contratos en nuestro país (Teatro Real, Palau de Les Arts y ABAO) que planea instalarse en Madrid por un tiempo. Estos días encabeza el elenco de Giovanna d´Arco de Giuseppe Verdi, interpretada en concierto en el coliseo madrileño. Verdadero fanático de la aviación, es también un hombre sumamente interesado por el devenir de las finanzas y la política en nuestros días, hasta tal punto que no descarta implicarse en la más alta política estadounidense, en un futuro no lejano. Su fundación ArtSmart es ahora mismo sin embargo su principal prioridad, junto con su agenda profesional. "Quiero cantar durante diez años más, y basta", sentencia. 

¿Cómo compagina su día a día como cantante con el enorme trabajo que supone gestionar su fundación? Háblenos algo más sobre este proyecto, sus orígenes y sus motivaciones.

Comencé con ArtSmart hace ahora casi cuatro años, a comienzos de 2016. Hoy en día es una organización sin ánimo de lucro que ofrece lecciones de música de forma gratuita a jóvenes que no disponen de medios para costear su propia formación. El programa comenzó en Newark, en New Jersey, y se amplió después a Filadelfia y a San Francisco. Originalmente el proyecto era algo bastante diferente. Todo parte, en torno a 2012 y 2013, de un proyecto tecnológico en el que me embarqué, intentando generar una aplicación para móviles que permitiría poner a disposición trabajos de última hora para profesionales que no tuvieran una agencia de representación detrás. Se trataba de poner en contacto directo a estos artistas con las instituciones contratantes, sobre todo en entornos más locales. En principio funcionó bien, fue rentable, pero al poco tiempo de ponerlo en marcha, mi equipo de ingenieros quería doblar su salario, de un día para otro, bajo la amenaza de dejar de desarrollar nuestra tecnología. Yo me negué, muy pocos saben esto, y cambié a todo el equipo. El resultado es que finalmente ese proyecto quedó aparcado, a pesar de que tenía futuro.

Llegó un momento en el que me pregunté por qué hacía lo que hacía, qué motivaciones me estaban impulsando. Yo no quería hacerme rico con esto y tampoco buscaba notoriedad. Mi principal motivación era ayudar a otros artistas como yo, pero con peores circunstancias que las mías. En resumen, de alguna manera, se podría decir que sentía la obligación de contribuir a dignificar el mundo profesional del que formo parte. Pensé entonces en crear una red que nos permitiera costear las lecciones de música de aquellos jóvenes músicos que no tienen recursos propios para seguirse formando. Y así nació ArtSmart, que a día de hoy es algo de mucha envergadura, ofreciendo lecciones de música en siete ciudades de Estados Unidos. El año que viene calculamos poder ofrecer 30,000 clases de música gratuitas. Nosotros nos encargamos de recabar a los profesores y les pagamos de manera más que digna, es algo que tuve claro desde el principio, si queríamos que esto funcionase. El reto principal es ahora continuar sosteniendo este proyecto, que exige mucho dinero. Y ese es mi principal cometido, con un equipo de setenta personas detrás, trabajando día a día.

Desde un punto de vista profesional, ¿en qué punto diría que se encuentra su carrera ahora mismo, precisamente cuando ha publicado su primer CD en solitario y cuando empieza a ampliar su repetorio de forma importante?

Son ya trece años de carrera y obviamente algunas cosas importantes están cambiando en mi voz. Ya no soy un tenor lírico como lo fui cuando tenía 25 o 30 años. Ahora diría que mi voz se encamina hacia el repertorio de un lírico pleno o un lírico spinto incluso. Mi voz ahora se siente muy cómoda en el centro; no es que renuncie a las notas altas, pero me siento más cómodo con papeles cuya escritura musical no se mueve todo el tiempo en la zona del pasaje.

Como por ejemplo el Duque de Mantua, que creo que ya no va a cantar más.

Exacto. Mis últimas funciones de Rigoletto han sido recientemente en Berlín. Es quizá el papel que más he cantado, unas ochenta funciones; y seguramente nunca lo hice perfecto, pero era muy conveniente para mí, como centro de referencia para el desarrollo de mi voz, porque me obligaba a mantener un agudo bien resuelto y una voz flexible. Nunca he sido el mejor Duque de Mantua pero en los últimos diez años yo necesitaba tener el reto de cantarlo y mantener en repertorio. Sabe, llega un momento en el que te das cuenta de que con un determinado papel estás más pendiente de cómo cantarlo que de actuarlo convenientemente en escena. Cuando llega ese punto, estás perdido; y eso me estaba pasando ya con el Duque de Mantua.

¿Algún otro papel de su repertorio que se plantee ya dejar atrás?

No, tan solo el Duque de Mantua. Voy a seguir cantando partes como el Edgardo de Lucia di Lammermoor, que es mucho más central de lo que la gente pueda pensar. Edgardo es una muy buena medicina vocal. Toda su tesitura está practicamente una nota por debajo del Duque de Mantua, y esto es suficiente para que ya sea cómodo. La partitura de Rigoletto, para el Duque, se mueve entre el fa y el fa sostenido; en cambio Edgardo está en el mi natural. Luisa Miller es mi-bemol. Faust es mi-bemol. Werther es mi-bemol. Vespri es mi sostenido, Radames es un fa natural. Seguramente nunca cantaré este papel, no me interesa. Cantaré casi todo Verdi, antes o después, pero no Radames.

A menudo preguntamos a los cantantes por los papeles que quieren cantar, pero quizá sea más revelador saber qué papeles tiene claro que no quiere cantar, cuáles no están entre sus planes.

Buena pregunta, sí. Radames en Aida, como le decía. También Fenton (risas). Tampco Macduff e Ismaele. Pero el resto de Verdi me gustaría hacerlo: Stiffelio, La battaglia di Legnano, I masnadieri, Ernani... El Gabriele Adorno de Simon Boccanegra no me entusiasma pero llegará también. Riccardo de Un ballo in maschera es mi papel número uno ahora mismo, será mi nuevo Duqe de Mantua; es un Mi-natural, será mi referencia. Neil Shicoff, que trabaja conmigo a menudo, me lo dijo: tienes que cambiar tu punto de referencia, de Rigoletto a Ballo in maschera. Manrico estaba entre mis planes, pero de momento lo he dejado atrás. Me gustaría cantar más Luisa Miller y tengo muchas ganas de volver a cantar Don Carlo, tras mi debut en San Francisco hace dos años. Lo voy a cantar el próximo año en Londres y en París. Me han pedido también Arrigo de Las vísperas sicilianas, pero no lo he decidido todavía, no lo tengo claro.

¿Cómo está cambiando su voz ahora mismo? ¿Es un momento de inflexión?

Bueno, quizá sea un momento clave, pero ya viene cambiando durante los últimos cuatro o cinco años de manera determinante. Sabe, la carrera de un cantante no se dibuja como una curva ascendente; más bien al contrario, es una línea recta que de repente se topa con un muro y tiene que encontrar la manera de resolver cómo atraversarlo o evitarlo. Eso es un poco lo que me viene sucediendo en estos dos últimos años. Cuando hicimos Traviata en el Met y después Carmen en Aix, hablo del verano de 2017, fueron un reto importante para mí, porque algunas cosas no funcionaban en mi voz como yo quería. Finalmente esa Carmen de Aix fue un éxito, pero no fue fácil llegar hasta allí. El problema al final son los hábitos que hay en la voz. Cuando sigues cantando un papel como el Duque de Mantua, que debuté con 21 años de edad, tienes a cantarlo como lo aprendiste, aunque tu voz ahora no sea la que era entonces, ni mucho menos. Y eso complica las cosas. Por eso me va a venir muy bien cambiar de centro de referencia, con el Riccardo de Un ballo in maschera. Junto con Don Carlo y Luisa Miller diría que son tres de las óperas que mejor van a mi voz ahora mismo.

¿Y Otello? ¿Se encuentra entre sus planes, no ahora, pero quizá en un futuro no muy lejano?

¿Le gustaría escucharme cantar Otello?

Sinceramente, no. No creo que sea un papel para usted, salvo que su voz evolucione de otra manera en estos años próximos.

Sí, yo también lo creo así. Mi voz todavía tiene algo de lirismo, por color, que no termina de cuadrar bien con la parte de Otello. También debo decirle una cosa: Otello no es difícil desde un punto de vista musical. Conozco bien la parte, es mi ópera favorita y he cantado muchas funciones como Cassio; sé lo que digo. Es un papel exigente, por supuesto; pero si te limitas a cantar lo que está en la partitura, es asequible. El Álvaro de La forza del destino es más duro, desde mi punto de vista. El problema real con Otello es de orden temperamental y dramático. Lo complicado no es cantar Otello, es sobrevivir a interpretar ese personaje, un rol que puede arrastrar tu voz con él. Por otro lado, creo que Otello es un papel al que uno no llega, sino que él llega a tí. No se si me explico... Quiero decir con esto que si recibo una propuesta razonable para cantar Otello, lo haré; pero tienen que llegar el momento adecuado y en las circunstancias propicias, no de cualquier manera. Tengo más dudas con el Álvaro de La forza del destino, como le decía; es un papel más largo, con una escritura vocal muy dramática.

¿Algún otro papel a la vista, fuera del repertorio verdiano?

Sí, me gustaría cantar el Herman de La dama de picas, ya he cantado varios papeles de repertorio ruso. Tengo que hacer Peter Grimes en algún momento, aunque Neil Shicoff me dice que espere todavía. También me interesa el Captain Vere de Billy Budd.

¿Y qué hay de Mozart? ¿Quizá un Idomeneo?

No, no está entre mis planes. No creo que tuviera éxito con un Idomeneo. Quizá La clemenza di Tito... pero ninguno de los dos me entusiasma ahora mismo. Me interesa mucho más cantar todo el repertorio de Massenet: ya he debutado Werther, me gustaría hacer Le Cid, Hérodiade... Estoy barajando la idea de dedicar al repetorio francés mi siguiente CD, creo que puede tener mucho sentido. Mi voz encaja muy bien con ese repertorio. También haré más repertorio italiano: Andrea Chénier, Adriana Lecouvreur...  No tengo prisa por Cavalleria rusticana o Pagliacci.

Entiendo que no se siente atraído por el repertorio alemán.

Me gusta la obra de Wagner, pero no me siento identificado con ella como cantante, desde un punto de vista emocional. Vocalmente tampoco creo que sea una preferencia. Me interesa más por ejemplo la ópera contemporánea; me encantaría formar parte del proceso creativo de una nueva composición, sería fantástico.

Puccini será también una pieza importante de su repertorio en los próximos años. En España le veremos debutar como Cavaradossi próximamente, de hecho.

Sí, de Puccini ya he hecho Bohème, Butterfly, Le villi y Gianni Schicchi. Me escucharán en España con Bohème y después en mi debut como Cavaradossi, un papel que creo que puede ir muy bien a mi voz en este momento. De Puccini tarde o temprano seguramente cantaré casi todo, pero sin prisa: Des Grieux en Manon Lescaut, Dick Johnson en La Fanciulla del West, etc. Plácido Domingo me decía, estos días en Madrid, que son papeles que el debutó siendo muy joven y que yo estoy preprado para cantar. En realidad yo creo que cada voz, cada persona, es un mundo; es fantástico tener grandes referentes como Plácido, pero al final uno tiene que seguir su propio camino. Sabe, desde que tenía 25 años no han dejado de decirme que mi carrera se iba a acabar en el plazo de uno o dos años. Es algo que he leído repetidamente en muchas críticas. Y aquí estoy. Se que no soy perfecto, nunca lo he sido ni lo seré. Tampoco me importa lo más mínimo serlo. Claro que trabajo para cantar lo mejor posible, pero la perfección no existe. Los más grandes han sido imperfectos. Tebaldi, a quien admiro enormemente, cantaba fuera de tono a menudo en sus agudos. ¿Y a quién le importa? Ella tenía muchas otras cosas, sobre todo una capacidad de comunicación increíble, que es lo que más me importa en un cantante. Nuestro trabajo consiste sobre todo en eso, en expresar y comunicar a través de la música ¿A quién le importa si una nota puntual no está bien resuelta? Nos hemos obsesionado con la perfección de una manera excesiva. Quizá por efecto de las fabulosas grabaciones de estudio que han sido la referencia para gran parte de los aficionados a la ópera en los últimos años. Pero si uno escucha las grabaciones en directo se da cuenta de que todo era maravillosamente imperfecto en el teatro.

 

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Hablando de imperfecciones, su primer CD en solitario, que acaba de salir al mercado, está lejos de ser perfecto. Creo que usted mismo es consciente de ello. Cuéntenos más sobre el proyecto de este CD y su proceso de grabación.

Sí, yo quería poner en relación la influencia del último Donizetti sobre el primer Verdi, por decirlo en pocas palabras. De ahí la selección del repertorio, que originalmente iba a moverse entre 1840 y 1860, aunque finalmente ampliamos para incorporar otras referencias, sobre todo óperas posteriores de Verdi donde tambiéin se deja sentir ese influjo de Donizetti. El resultado es un CD que incluye fragmentos de Poliuto, Maria di Rohan, Lucia di LammermoorI due Foscari, Oberto, Il Corsaro, Ernani, Luisa Miller, Rigoletto, Un ballo in maschera y La forza del destino. El CD también recoge así algunos títulos de mi repertorio por venir. 

Ha esperado muchos años para grabar su primer CD.

Sí, hubo varios proyectos anteriores y conversaciones con varias discográficas, pero yo no quería grabar el típico álbum de grandes éxitos, la habitual selección de arias para tenor. Y fue finalmente Pentatone quien me dio la libertad de poder llevar a cabo este proyecto sobre Verdi y Donizetti, además con una orquesta fabulosa, la London Philharmonic, y con un maestro espléndido como Enrique Mazzola. El disco es imperfecto, precisamente por el momento vocal de cambio que atravieso. Y también porque el disco se grabó durante un periodo de tiempo muy concentrado, apenas cuatro días con un plan de trabajo agotador. Mi voz suena a veces cansada en el disco y es por eso. No pongo en excusas, pero esa es la realidad y eso es lo que se escucha en el disco. Hay un buen puñado de notas que yo hubiera querido volver a grabar, pero no había opción. He aprendido mucho con este proceso de grabación, era mi primer disco y seguramente era forzoso que no fuese perfecto. 

Bueno, mencionaba antes la perfección como una obsesión contemporánea que de algún modo nos arrastra. Así que desde cierto punto de vista quizá no sea tan malo que su primer CD no sea perfecto.

Sí, obviamente a todos nos gusta dar lo mejor de nosotros mismos, en este caso lo mejor de mi voz y de mi canto. Y eso está en el CD, incluso con esas imperfecciones que mencionaba.  

 

 

 

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