© Isabel Martín
Pedro Pablo Cámara: "El saxofón ha demostrado ser un instrumento ideal al servicio de la nueva creación"
Conversamos con el saxofonista español Pedro Pablo Cámara al hilo de la publicación de Le désir, un doble álbum consagrado a su instrumento y donde se ha rodeado de amigos y colegas para repasar obras de Milhaud, Hindemith, Heiden y Busch.
Recientemente ha publicado Le désir, un doble álbum grabado en 2022 junto al Cuarteto Ardeo y otros músicos y donde se recogen obras para saxofón de cuatro autores: Milhaud, Hindemith, Heiden y Busch. ¿Cómo surge la idea de este disco y cuál es el hilo conductor que vincula a estos compositores?
El proyecto empezó a gestarse durante los meses de confinamiento en 2020. El hilo conductor es la música de cámara, el saxofón y el exilio. Después de mis discos anteriores, tenía muchas ganas de abordar este repertorio, que reúne algunas de las mejores piezas de música de cámara con saxofón. Tenía bastante claro el grupo de obras que quería grabar; en la idea inicial también se encontraba el Opus 22 de Anton Webern.
Poco a poco fui dándome cuenta de que todas las piezas pertenecían a una época muy concreta -los años 20 y 30 del siglo pasado-, un periodo especialmente fértil y decisivo para el arte. Además, conocía los casos particulares de cada compositor, todos ellos afectados por el auge del nazismo. Algunos emigraron después de escribir las obras que aparecen en el álbum (como el caso de Milhaud o el Trío de Hindemith), mientras que otros las compusieron ya en el exilio (Heiden, Busch y el Konzertstück de Hindemith).
Como todos mis proyectos, Le désir nace desde la necesidad de investigar, de disfrutar y, en este caso, también de compartir esta música estupenda con músicos tan admirados y queridos.
¿Qué nos puede comentar de cada una de las obras incluidas en el disco? Entiendo que son piezas especialmente significativas en la historia del repertorio para saxofón. Y entiendo también que los saxofonistas para quienes fueron escritas son insignes representantes de la historia de este instrumento.
Exactamente. En este CD se incluyen algunas de las obras fundamentales de nuestro repertorio más “tradicional”. Como ha ocurrido tantas veces en la historia de la música, el papel dinamizador de ciertos intérpretes -como Sigurd Raschèr (Konzertstück) o Larry Teal (Sonata de Heiden)- fue decisivo no sólo para alentar la creación de estas piezas, sino también para definir su carácter.
Para no extenderme demasiado, señalaré lo que considero más relevante de cada obra, poniendo el énfasis en su origen y sus dedicatarios.
La Création du monde, Op. 81a, es sin duda una de las piezas más importantes del catálogo de Darius Milhaud y uno de los grandes hitos del repertorio del saxofón. El compositor viajó en aquellos años a lugares poco habituales para un músico europeo, especialmente a Brasil y a Estados Unidos, donde en 1918 tuvo un contacto directo con el jazz más primitivo, experiencia que marcaría profundamente su obra posterior. La pieza está dedicada a Paul Collaer y Roger Desormière, no a un saxofonista, y su germen se encuentra en la relación de Milhaud con Fernand Léger y Blaise Cendrars, en pleno auge del “primitivismo” en el ambiente parisino de la época. Su instrumentación, inusual para la época, remite a una suerte de “jazz band” seleccionada por su color tímbrico; destaca la ausencia de la viola, sustituida por el saxofón, un instrumento entonces exótico y ajeno a la tradición, que aquí no asume un rol solista.
Con el Quintett, Op. 34 de Adolf Busch nos encontramos ante una de las obras más singulares y atractivas del repertorio camerístico para saxofón. Compuesta en 1925 para saxofón y cuarteto de cuerda —una formación inédita entonces y aún hoy poco frecuente—, no fue estrenada hasta 1973 por Sigurd Raschèr junto a un cuarteto en el que Irene Serkin, hija del compositor, interpretaba la viola. Irene era la esposa del pianista Rudolf Serkin, estrecho colaborador de Busch. ¿Por qué un quinteto para saxofón y cuerda en los años veinte? No conocemos el motivo exacto, pero disponemos de algunos indicios. En esa década el saxofón ganaba visibilidad en Alemania a través del jazz, cada vez más en boga. Además, se sabe que Rudolf Serkin apreciaba el instrumento e incluso llegó a tocarlo de forma amateur, lo que hace pensar que Busch imaginara la obra para su cuarteto con Serkin al saxofón. No obstante, esta hipótesis pierde fuerza si consideramos que la destreza del pianista con el instrumento no habría sido suficiente para afrontar la partitura.
El Konzertstück (Hindemith) representa probablemente la gran obra para dúo de nuestro repertorio (al menos hasta el siglo XXI). Dedicada a Sigurd Raschèr y escrita en un lenguaje neoclásico muy propio de Hindemith, está articulada en tres movimientos. No pudo estrenarse hasta 1960 en la Eastman School of Music, con Raschèr y su hija Carina. El compositor falleció sin llegar a escucharla; su estreno europeo estaba previsto en Zúrich en 1964, pocos meses después de su muerte.
La Sonata de Bernhard Heiden es, en mi opinión, una de las grandes sonatas de nuestro repertorio, aunque aún no ocupa el lugar que merece en el “canon” del instrumento. Escrita en 1937 y dedicada a Larry Teal, quien la estrenó junto al compositor al piano, tiene su origen en la estrecha amistad surgida tras la llegada de Heiden a Detroit en 1935. Según el propio autor, la obra nace no a partir del saxofón, sino del intérprete: de Larry Teal. Se trata, además, de una de las primeras sonatas de gran envergadura para saxofón y piano, marcada por la influencia del maestro de Heiden, Paul Hindemith.
Por último, el Trio for viola, tenor saxophone and piano, Op. 47 es una de las obras más singulares de Hindemith, que llega al saxofón casi por casualidad. En aquellos años, el compositor se había familiarizado con el heckelphone durante sus visitas a la fábrica Heckel, donde adquiría los fagotes que tanto apreciaba. Con el tiempo aceptó el saxofón tenor como sustituto válido del instrumento original cuando este no estuviera disponible, una decisión motivada exclusivamente por razones prácticas.
¿Cuál es la motivación detrás del título del álbum? ¿A qué se refiere exactamente con Le désir?
Le désir (el deseo) es, ante todo, mi propio deseo: hacer música junto a compañeros excepcionales, un auténtico privilegio. Le désir es también una de las secciones de La Création du monde. Y, sobre todo, alude al anhelo profundo de tantas personas de vivir en libertad, sin represión ni la obligación de emigrar. Porque, por más que se intente silenciar a los artistas, el arte sigue siendo libre en sus mentes; prueba de ello es que la música incluida en esta grabación no refleja la crudeza que les tocó vivir.

¿Cómo se relacionan, en términos de sonoridad y colores, el saxofón y las cuerdas? Creo que es una combinación muy especial y supongo que ha sido todo un reto darle forma al Quinteto de Adolf Busch. La pieza creo que es un ejemplo de la relación entre le jazz y la clásica a través del saxofón, en aquella Alemania de los años 20.
Las características instrumentales son inicialmente muy alejadas: en la forma de producir el sonido, en la textura, incluso en la velocidad del sonido, en la articulación, etc. Tuvimos que hacer un trabajo minucioso como quinteto para empezar a encontrar un sonido y una forma de sonar juntos. Si bien son instrumentos muy versátiles y muy ricos a nivel tímbrico, siempre hay un cierto desequilibrio en la manera en la que producimos el sonido. Incluso a día de hoy, después de cuatro años estudiando y tocando juntos, en los primeros días de cada encuentro necesitamos un tiempo de adaptación. En cualquier caso, es un reto maravilloso que, personalmente, me hace crecer continuamente sin dejar de disfrutar de la música junto a mis estupendas y queridas compañeras de Quatuor Ardeo.
Además del Cuarteto Ardeo, otros músicos participan en este proyecto discográfico. ¿Quiénes son y en qué piezas se dan cita? Imagino que son músicos con los que viene trabajando desde años atrás. En el caso de La Création du monde hablamos, creo, de un ensemble relativamente grande, una veintena de personas.
La esencia de este deseo son los músicos que lo han hecho posible. Algunos de ellos son compañeros desde hace más de diez años, como la pianista Camilla Köhnken, con quien comparto una larga trayectoria musical. También el violista Adam Newman, compañero de estudios en Basilea, y Ángel Ruiz, exalumno del CSKG de Madrid y estupendo saxofonista.
Para el ensemble creado ad hoc para La Création, conté cuidadosamente con músicos en los que confiaba plenamente, capaces de afrontar esta grabación con pocos ensayos pero con la máxima garantía y calidad, además sin director. A riesgo de extenderme, me gustaría nombrarlos a todos: algunos son compañeros de trabajo; otros, grandes y reconocidos solistas; también antiguos alumnos con un presente brillante; e incluso excompañeros de estudios.
Ellos son: Juanjo Hernández, Joidy Blanco, Salvador Barbera, Gustavo A. Domínguez, Miguel Esperanza, Marina García, Anaís Romero, Adán Delgado, Francisco Javier Alcaráz, Juan Sanjuan, Pelayo Ciria, Felipe Bellido, Jorge Motos, Jaime Naya, Almudena Quintanilla, Manuela Sánchez y Susana Rivero.
© Isabel Martín
El saxofón sigue siendo un instrumento relativamente desconocido para el gran público, por más que en los últimos años se venga popularizando de manera creciente, gracias también a formaciones de saxofones que logran acercarse a un repertorio más popular con sus arreglos. ¿En qué momento diría que está la difusión del saxofón en las salas de concierto? No deja de ser un instrumento relativamente joven, en comparación con otros.
El saxo es un instrumento muy popular. Estoy de acuerdo en que es algo más desconocido en el ámbito de la “clásica”, pero es muy popular en otros estilos como el jazz, el rock o el funk. En los últimos años hemos visto un creciente interés por parte de algunos festivales y programaciones, fruto en parte del alto nivel interpretativo de ciertos saxofonistas y agrupaciones, como dice. A veces presentando arreglos, pero también defendiendo nuestro repertorio más “clásico” y, sobre todo, el actual y más experimental. En este ámbito es donde mejor se ha situado en las últimas décadas, mostrándose como un instrumento al servicio de la creación.
La verdad es que, aunque la situación haya mejorado, está muy lejos de ser idónea. No hay más que observar lo que cuesta hacer una carrera como solista o concertista. Quizá pueda ser por esa aparición tardía del instrumento pero, sobre todo, por el cierto clasismo y tradicionalismo que sigue gobernando nuestro circuito.
Igual que solemos preguntar a los músicos de cuerda por sus instrumentos, ¿qué nos puede decir de su saxofón, con el que usted toca habitualmente?
Toco habitualmente los cuatro saxos más comunes (soprano, alto, tenor y barítono), todos de la firma Selmer. Me interesa trabajar con instrumentos que ofrezcan variedad de colores, y por eso evito los modelos demasiado homogéneos. En el caso del saxo alto, uso dos Serie II diferentes: uno antiguo y otro más reciente. Este último es algo más “imperfecto” en mecanismo y afinación, pero precisamente esas imperfecciones lo hacen interesante y lleno de posibilidades. Como decía Harnoncourt, cada mejora instrumental implica también una pérdida en otro sentido. En este CD he tocado saxofón alto Selmer Serie II Jubilee y saxofón tenor Selmer Serie III.
¿Cuáles son su proyectos más inmediatos?
Mi proyecto más apasionante en este momento es la reciente llegada al mundo del pequeño Claudio. Por ello he adelantado casi todas las citas previstas para estos meses: en consecuencia, vengo de un verano y un otoño frenéticos, pero muy especiales. En diciembre tendrá lugar la segunda parte de la residencia artística que estoy realizando en 2025 con la compositora Helga Arias en el Experimentalstudio de la SWR de Freiburg. Retomo también mi actividad en Sevilla, en el Espacio Turina, junto al Proyecto Ocnos y Alberto Bernal. Además, impartiré varias masterclasses en España y en la MDW de Viena. En mi faceta como investigador artístico, tengo varias publicaciones inminentes que me hacen especial ilusión en revistas como Journal of Artistic Research, HUB — Journal of Research in Art, Design and Society, así como un capítulo de libro para la editorial Tirant lo Blanch.