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Pedro Chamorro: "Hay que dignificar los instrumentos de púa en las salas de concierto" 

Hace apenas unas semanas Pedro Chamorro presentó su nuevo disco Soleá pa la Cari, un álbum dedicado a su esposa Caridad Simón donde se recogen piezas escritas por el propio artista madrileño. Concertista, compositor y profesor de instrumentos de plectro, conversamos aquí con él para conocer más de cerca el contenido de esta grabación y la realidad actual de los instrumentos de púa.

Me gustaría empezar, a modo de autocrítica, con una reflexión sobre el desconocimiento general que impera en el mundo de la música clásica acerca de los instrumentos de plectro. Es como si desde las salas de concierto se mirase por encima del hombro a unos instrumentos que en realidad están anclados en la historia misma de este género, desde hace siglos. Seguramente la vinculación de estos instrumentos con la música popular, donde juegan un papel importantísimo, sea un elemento clave en esta mezcla de confusión y desconocimiento.

Sí, es verdad que nuestros instrumentos son a veces víctimas del prejuicio y la ignorancia. Ha sucedido y aún sucede lo mismo con la guitarra, un instrumento estrechamente ligado a la música popular que ha tardado en reivindicarse como un verdadero instrumento de concierto, con un enorme valor patrimonial. Los instrumentos de púa son una tradición mediterránea, ancestral, y hay que devolverles el lugar que se merecen; hay que dignificarlos. Es algo por lo que llevo luchando toda mi vida. 

Son instrumentos con mucho repertorio barroco, por ejemplo, y sin embargo están prácticamente ausentes de los ciclos de música antigua.

Claro, aquí volvemos al tema de la confusión, a nivel terminológico. A la bandurria, en época medieval, se le llamaba mandurria en los reinos de Castilla y Navarra. Pero a ese mismo instrumento se le conocía como guiterne en el Reino de Aragón. Ese mismo instrumento sube a Francia y se desarrolla como la mandorre o mandora. ‘Urria’ es un sufijo que denota pequeño y que procede del euskera navarro de la Edad Media.

La misma mandola en Italia comparte este origen y no es otra cosa que una mandolina de seis cuerdas, milanesa, para la que compuso Vivaldi y Caldara la incluyó en ochenta óperas. Esto es algo totalmente desconocido hoy en día. Hay muchísimas sonatas barrocas para este instrumento pero es un repertorio que está pendiente poner en valor. A día de hoy cuando uno oye hablar de la bandurria enseguida piensa en la tuna, que no tiene nada de malo, pero resulta muy limitador ver así este instrumento.

En línea con esto no sé hasta qué punto está viva la producción musical contemporánea para esta familia de instrumentos.

La especialidad que se estudia en los conservatorios se llama ‘instrumentos de púa’. Con esta especialidad se estudian dos instrumentos, uno que afina por cuartas justas, la bandurria y su familia, y otro que afina por quintas, la mandolina napolitana. El repertorio es ingente y se estudia en toda Europa. Hoy en día se siguen produciendo partituras para estos instrumentos pero yo creo que el mayor reto está en rescatar todo ese bagaje olvidado.

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El disco que presenta ahora incide precisamente en este afán de recuperación del instrumento, con obras escritas por usted mismo, si no me equivoco.

Así es. En el disco se recogen todas mis obras escritas para instrumentos de púa. En el disco utilizo la bandurria tradicional, la bandurria tenor -a veces mal denominada laúd- y la mandolina napolitana. Todas mis obras son música programática y describen alguna circunstancia o están dedicadas a alguien; esa es mi manera de entender la música.

He querido además acercarme al flamenco escribiendo dos obras, dos fantasías, una titulada Por Taranta y Taranto, y otra que se llama Soleá pa la Cari y que se la dedico a mi mujer. En realidad el disco entero es un tributo a mi esposa, Caridad Simón. El disco se presentó en las Jornadas de plectro y guitarra de Segovia, hace unas semanas.

¿Cual es exactamente el contenido del disco? Sería bueno comentar aquí las piezas que contiene, con cierto detalle.

El disco incluye ocho fantasías, la primera de ellas es una elegía a Teodoro Vinagre, que fue un gran percusionista amigo mío; la segunda fantasía es un homenaje a mi esposa Caridad; la tercera es una fantasía dedicada al doctor Gabriel Nájera, un psiquiatra estadounidense extraordinario y buen amigo mío; la cuarta es una fantasía que describe una cueva que existe en el pueblo de mi madre, Villarejo de Medina, en la que nadie se atreve a entrar; la quinta fantasía es una humilde y primera incursión en el flamenco; la número seis es la ya comentada ‘Soleá para la Cari’; la número siete es un tema con variaciones sobre un tema de Boccherini; y la número ocho es un tango dedicado a mi padre. Las otras obras incluidas en el disco son ‘Fiesta rota’, que compuse para mandolina durante la pandemia del covid; y la otra es Fury, un encargo que me hicieron para un concurso internacional de mandolina en Luxemburgo.

Con respecto a los instrumentos que usted interpreta, ¿se trata de ejemplares históricos o son más bien piezas diseñadas específicamente para usted?

Junto con el luthier Ángel Benito y el luthier Vicente Carillo hemos diseñado un instrumento al que han querido ponerle mi nombre, precisamente. Generalmente estos instrumentos eran construidos por los luthiers empleando los aros o los trastes de la guitarra, aprovechando esos elementos. Nosotros en cambio hemos hecho un estudio desde cero y el resultado es un instrumento con más riqueza tímbrica y sonora.

¿Algún otro proyecto a la vista que merezca la pena comentar aquí?

Sí, yo dirijo la Orquesta Roberto Grandío, que este año cumple cincuenta años. El año pasado hicimos un encuentro muy importante y muy bonito con la presencia de artistas de la talla de Estrella Morente o José Manuel Cañizares. Queremos repetir la iniciativa en torno a este aniversario tan redondo. La orquesta la integran instrumentistas de quince comunidades autónomas, ya sean profesores de conservatorio o alumnos que están terminando el grado superior. Y la orquesta tiene un perfil sinfónico, algo inédito, contando con viento-madera, viento-metal, percusión, contrabajos, incluso un coro mixto. Es una gozada de experiencia, con unas posibilidades tímbricas y sonoras extraordinarias.

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Fotos: © Manuel Orts