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Celso Albelo: "A lo único que aspiro es a disfrutar cantando"
El tenor canario Celso Albelo atraviesa un momento de dulce y serena madurez profesional. El cantante español atesora ya una trayectoria de tres décadas a sus espaldas, ampliando progresivamente su repertorio y afrontando nuevos retos sin prisa pero sin pausa. Tras su reciente paso por Zagreb, con Wether, este mes de mayo Albelo regresa a la temporada lírica de Mahón para protagonizar Un ballo in maschera. Y en julio volverá al Teatro Real de Madrid para encabezar Il trovatore. Conversamos con él para hacer balance de sus recientes compromisos y para conocer mejor sus próximos proyectos.
Tengo la impresión que se encuentra en un momento dulce de madurez vocal, con la serenidad que aporta también el paso del tiempo a una trayectoria como la suya, ya extensa. Lleva algunos años ya asumiendo nuevos roles, ampliando su repertorio, al tiempo que regresa a roles que debutó hace ya algunos años, como el Werther que presentó en ABAO en fechas recientes y que acaba de cantar en Zagreb. ¿En qué momento está ahora la carrera de Celso Albelo?
Yo he cantado mucho durante mi carrera y lo que me da seguridad y serenidad ahora mismo es comprobar que la voz sigue en forma, respondiendo incluso mejor que nunca, fresca, flexible y con el agudo intacto. Y creo que esto es así porque me he tomado tiempo para llegar a algunos roles que seguramente pude haber cantado antes, pero no tenía prisa. La bohème, por ejemplo, es una ópera que no debuté hasta hace un par de años, en La Fenice de Venecia. Yo siempre estuve pendiente de no tomar decisiones que me pudieran pasar factura tiempo después.
El repertorio belcantista que he hecho durante mucho tiempo se adecuaba a la perfección a mis medios vocales; y de hecho lo puedo seguir cantando. El bel canto fue para mí sobre todo una escuela donde encontré el bagaje para afrontar ahora otros repertorios con la seguridad y la madurez de conocer bien mi instrumento. Yo he sido afortunado con la salud vocal pero creo también que he sabido tomar buenas decisiones y no precipitarme con el repertorio. Ahora me encuentro en un momento sereno en el que puedo disfrutar de cada nuevo reto.
El instrumento desde luego ha evolucionado, como es lógico y natural, ganando presencia en el centro pero, lo decía usted mismo, sin perder facilidad en el agudo.
Sí, yo no tengo la sensación de cantar más ancho o más pesado; yo canto con las mismas bases que he cantado siempre, pero aplicadas ahora a un repertorio algo más dramático con roles como este Werther que mencionaba o los papeles de Verdi que tengo por delante en lo que queda de temporada, retomando Un ballo in maschera e Il trovatore. Es un repertorio en el que ahora me siento realmente cómodo y sereno.
Esta idea de cantar el nuevo repertorio sin perder de vista las bases técnicas que han construido una determinada vocalidad creo que es una idea importante y que de hecho he escuchado en boca de más cantantes, a lo largo de los años.
Sí, aunque es cierto que hay que hacer pequeños ajustes. El cuerpo cambia con los años y la voz también evoluciona. Mi voz no es la misma ahora, que tengo cincuenta años, que cuando tenía treinta. Tampoco mi mente, mi vida… Al final uno intenta mantener unas bases, unos fundamentos técnicos que te acompañan siempre, pero hay que ir acompañado a la voz conforme evoluciona.
En línea con esto, ¿ha notado algún momento de crisis vocal? O por decirlo de otro modo, ¿en algún momento ha notado que el instrumento cambiaba hasta el punto de no responder con la misma facilidad de otro tiempo?
Sí, alrededor del cambio de década, entre los treinta y los cuarenta, noté algunos desajustes. Digamos que haciendo lo de siempre, el resultado no era el mismo. No llegó a ser una crisis vocal pero sí fue un momento para replantear algunas cosas y mirar algunas cuestiones técnicas desde otro punto de vista. Tuve la fortuna en aquellos años de tener grandes consejos de cantantes como Edita Gruberova, con quien pude compartir escenario en bastantes ocasiones. Y también escuché mucho a mis pianistas de referencia, a Otello Visconti y a Juan Francisco Parra. Al final la gente que te conoce de siempre es la que mejor identifica cuando algo cambia o no funciona igual en tu voz. El cantante evidentemente lo nota, desde dentro, pero siempre hace falta una referencia exterior para hacer esos ajustes. Creo de hecho que esos ajustes que hice son los que me han permitido seguir en la brecha durante una década más, que no es poco.

Se ha referido en varias ocasiones a la serenidad, que seguramente sea la actitud ideal con la que llegar a la madurez, sin tener prisa por cubrir etapas y pudiendo relativizar toda una serie de factores externos que años atrás pudieron pesar más.
Bueno, los factores externos siempre están ahí pero uno aprende a relativizarlos. Es un aprendizaje. Yo tenía una manera más impetuosa de reaccionar a todo, años atrás; y esa impulsividad me quitaba la razón, por más que la pudiera tener. Creo que fui bastante egoísta durante un tiempo en mi manera de gestionar la carrera; era incapaz de ver más allá. A día de hoy soy más consciente si cabe de los factores externos pero los gestiono con mucha más serenidad. Y al final todo esto redunda en que disfruto mucho más hoy en día de mi carrera, precisamente ahora que llego a un momento de madurez vocal.
En su repertorio actual tengo la sensación de que Verdi juega un papel central, con títulos como los mencionados (Un ballo in maschera e Il trovatore). Lo cierto es que Verdi ya fue un autor central en su agenda años atrás, con un rol como el Duque de Mantua en Rigoletto que ha paseado por medio mundo. En línea con lo que decíamos antes, ¿diría que su manera de entender a Verdi es especialmente belcantista?
Sin duda, no puede ser de otra manera viniendo de donde vengo y habiendo hecho el repertorio que he hecho. Mencionaba ahora el Duque de Mantua y es un rol que de hecho sigo cantando, después de tantos años. El año pasado, sin ir más lejos, lo hice en la temporada de Oviedo y en el Maggio Musicale de Florencia.
Le preguntaba esto porque a menudo da la impresión de que hay roles como Manrico que suponen un paso adelante sin retorno, como si una vez ahí no se pudiera volver a cantar un repertorio más ligero.
Bueno, yo creo que todo depende de cómo se afronte un rol como Manrico. O el Riccardo de Un ballo in maschera, que este mes de mayo vuelvo a cantar y que debuté en 2019, en el San Carlo de Nápoles. Manrico por ejemplo es un trovador, es algo tan obvio que a veces se nos olvida. Toda su línea vocal es enormemente melódica y belcantista. Lo mismo estoy diciendo un disparate, pero cuando veo ciertas melodías en I puritani y luego miro la partitura de Il trovatore, encuentro muchos nexos.
Luego evidentemente cada autor tiene su estilo, su orquestación, etc. Pero si hablamos de la línea vocal, creo que son roles que se presentan en una evolución lógica, al menos para un instrumento como el mío. Al final se trata también de perder los miedos y afrontar una partitura al margen de los referentes del pasado. Manrico por ejemplo se ha cantado siempre con voces oscuras y dramáticas, pero hay otra manera de mirar el rol, como digo, desde el belcanto, que es de donde yo vengo.
Otra cuestión distinta es convencer al mercado, a los teatros, para que crean en ti y te vean cantando ese repertorio. Cada vez más, hay una tendencia a la especialización vocal y está bien que sea así siempre y cuando eso no sea una limitación y nos impida ver con claridad la evolución de carreras largas, como es el caso ya de la mía.
En todo caso, lo que a mí más me interesa, en línea con esta cuestión del repertorio, es que la incorporación de estos nuevos roles como Manrico no ha venido impuesta por la incapacidad de cantar mi repertorio anterior. Este nuevo repertorio ha llegado por madurez y por curiosidad, sin perder de vista mis raíces vocales y sin retirar mi repertorio de siempre.

En su agenda más inmediata hay dos roles de Verdi, precisamente, en dos temporadas españolas. Por un lado cantará Riccardo en Un ballo in maschera, en Mahón; y por otro lado regresa al Teatro Real con Manrico en Il trovatore. ¿Qué nos puede contar de cada uno de estos roles, más específicamente?
En el caso de Il trovatore, las sensaciones del debut en Bilbao, en 2023, no pudieron ser mejores. Las sensaciones físicas, la reacción del público… Yo a lo único que aspiro es a disfrutar cantando Manrico y poder hacerlo en mi regreso al Teatro Real es una doble alegría. Estoy deseando que lleguen esas funciones en Madrid.
Con respecto a Riccardo en Un ballo in maschera, me gusta especialmente fijarme en la escena final de su muerte, que me recuerda mucho, salvando todas las distancias, a esa ‘muerte dulce’ de Edgardo al final de Lucia di Lammermoor. La música de Verdi pide otras cosas, obviamente, pero tiene un poso belcantista evidente en esta partitura y eso es algo que me gustaría subrayar especialmente con estas funciones en Mahón.
En el caso de Werther, un rol que le ha llevado de nuevo a actuar en Zagreb, tuve ocasión de verle interpretar este rol en la temporada lírica de ABAO, en Bilbao, y tuve la impresión de que su acercamiento al personaje es especialmente turbado, por así decirlo. Creo que ha conseguido construir una conexión muy personal con el personaje, en línea con el original de Goethe, en una clave muy psicológica. ¿Cuál es su reflexión al respecto? ¿Cómo ha construido su mirada sobre el personaje?
Me alegra mucho que me diga esto sobre el Werther que canté en Bilbao. Uno de los mayores retos a los que me he enfrentado como intérprete es la parte expresiva y actoral, la parte más psicológica de los roles. Yo he estado siempre muy centrado en dar el máximo a nivel vocal, en buscar la perfección vocal, el sonido, el agudo, etc. Pero Werther me ha permitido explorar otra faceta de mi expresividad como cantante, precisamente por el perfil psicológico y dramático del personaje, que es inagotable. Werther me ha supuesto quitarme de encima una especie de complejo vocal para ahondar más allá. Con este rol creo sinceramente que he crecido como intérprete. En Bilbao logré deshinibirme totalmente de ese corsé vocal que venía arrastrando. No digo que antes estuviera equivocado y que ahora esté acertado con lo que hago; pero sí creo que he desbloqueado algo, a nivel expresivo, que antes no me permitía a mí mismo como cantante, ya digo, más preocupado únicamente por la cuestión puramente vocal.
En el futuro más inmediato, ¿tiene por delante ampliar su repertorio con autores como Verdi o Puccini?
Volveré a retomar La bohème, sí. Y tengo por delante debuts en Verdi muy bonitos y desafiantes, como Don Carlo. También me gustaría empezar a estudiar el papel de Cavaradossi, en Tosca.
Y con ese horizonte, si se plantease la ocasión de volver a cantar I puritani, ¿diría que sí?
Bueno, lo cierto es que cuando hizo los últimos Puritani en Menorca dije que eran los últimos. Pero si nos reunimos unos amigos y hacemos unos Puritani, yo los cantaría encantado (risas). No tengo ningún tipo de inconveniente.
Otro proyecto importe que creo que tiene por delante es la grabación de Marina de Arrieta, si no me equivoco.
Así es, se trata de un proyecto que me hace especial ilusión. Se va a hacer en Alemania, en el festival Rossini de Wildbad, con mi buen amigo y hermano José Miguel Pérez-Sierra y junto a Ruth Iniesta y Pietro Spagnoli. Me parece fundamental que entre todos sigamos impulsando nuestra música con iniciativas como esta, especialmente fuera de nuestras fronteras.
En línea con esto, ¿tiene planes para volver al Teatro de la Zarzuela?
Sí, se anunciará pronto. Hay una nueva producción de La bruja en la que voy a estar presente, junto con Jorge de León. Me hace mucha ilusión que Jorge y yo podamos compartir un rol en una producción. Quién lo iba a decir hace unos años… Creo que somos dos ejemplos de carreras construidas a base de calma y trabajo, sin hacer mucho ruido. Sinceramente, que estemos los dos en un momento de madurez vocal así es una enorme satisfacción, sabiendo de donde venimos y después de tantos años. Además tenga en cuenta que para los tenores los años cuentan como para los perros (risas).
Más allá de la ópera creo que lleva años poniendo en marcha un plan b, por así decirlo, con una tintorería en Roma.
Así es. Hace algunos años surgió la oportunidad de quedarnos con el traspaso de una tintorería en Roma, Tintoria Armando, y junto con mi esposa Giorgia nos hicimos cargo del negocio. Y con el tiempo hemos encontrado el modo de vincular ese negocio con el mundo de la ópera, especializándonos en vestuario de escena. De hecho colaboramos con las principales casas de sastrería de Roma, trabajamos con Cinecittà, hemos colaborado con el Cirque du Soleil y también atendemos a las pequeñas realidades de cada día de la gente que nos lleva sus prendas a lavar y planchar. Para mí ha sido un descubrimiento; soy una persona curiosa y me apasiono con lo que hago y he descubierto un mundo que desconocía por completo.
Creo que tiene entre manos otro proyecto más, de índole menos material. ¿En qué consiste?
Sí, hemos puesto en marcha una metodología llamada operActing. Es un sistema de entrenamiento del rendimiento humano orientado al desarrollo de competencias profesionales aplicables a contextos de comunicaciones, liderazgo, intervención, negociación, toma de decisiones y gestión del estrés en entornos profesionales. Es una metodología registrada intelectualmente con tres coautores, yo mismo, mi mujer Giorgia Guerra y Raffaella Nicolosi.
Después de muchos años cantando por los escenarios de todo el mundo me di cuenta de que lo que había aprendido no era solo a cantar sino a respirar cuando tenía miedo a estar bajo presión, a comunicar emociones, a escuchar, a trabajar con otros, a gestionar el estrés y a subirme a un escenario incluso cuando no estaba seguro de mi mismo. Pensé entonces que la ópera quizá no era solo arte sino una forma de aprender a vivir, a trabajar y a relacionarnos mejor. Y de ahí surge operActing, que va a ser una metodología de formación aplicada a diversos sectores laborales.
Por último, ¿quiere hablar de Tenerife? Desde hace años sé que le duele no cantar en su tierra pero también tengo la sensación de que no quiere remover el tema demasiado.
Con los años, como le decía antes, he aprendido a ver las cosas desde distintos puntos de vista. Yo puedo estar más o menos de acuerdo con como se han hecho las cosas conmigo y con otros colegas en la programación de Ópera de Tenerife. Podría darle una versión más negativa o más positiva pero voy a intentar darle la versión más objetiva posible, aunque esto sea complicado. En los últimos años Ópera de Tenerife ha hecho las cosas muy bien, su proyecto es sólido y moderno; en lo que respecta a mi persona las cosas podrían haber sido de otra manera, podríamos haber sumado mucho, pero no ha sido así. Pero lo cierto es que Ópera de Tenerife ha caminado con voz propia a pesar de no contar conmigo y con otros cantantes de la isla como Jorge de León, artistas con trayectorias internacionales que hubieran sumado mucho al proyecto. Seguramente con nosotros de la mano se hubieran hecho cosas estupendas, pero también es verdad que sin nosotros la entidad ha seguido trabajando y ha hecho las cosas bien. A nivel personal, por supuesto, me hubiera encantado que mi familia y mi gente me vieran cantar en el teatro de mi casa. Pero ya le digo, no quiero hacer sangre, quiero ponderar las cosas y no voy a negar la evidencia. Creo que tengo que ser justo con la realidad y con esto no estoy ni abriendo ni cerrando puertas. Me alegra que la ópera esté creciendo por el buen camino en Tenerife pero me duele que los mejores años de mi carrera no se puedan relacionar con el teatro de mi isla.
Fotos: © Leila Leam