Paco Azorín: "Estoy un poco desencantado de la ópera convencional"

El Teatro de la Maestranza de Sevilla estrena esta semana una nueva producción de Aida, de Giuseppe Verdi, con la firma escénica de Paco Azorín. En ocasión de estas funciones conversamos con el escenógrafo y director de escena, afincado precisamente en la capital andaluza.

Esta nueva producción de Aida, que es además una coproducción con numerosos teatros tanto españoles como internacionales, es una propuesta que se ideó originalmente para el Festival de Perelada, años atrás. Desde aquel momento hasta ahora imagino que el proyecto habrá evolucionado. 

Efectivamente, este es un proyecto que nace originalmente para Perelada y que la pandemia se llevó por delante; estaba programado para el verano de 2020. Perelada intentó reprogramarlo más adelante pero al carecer ya de auditorio el proyecto quedó pendiente de ejecutar y fue recogido finamlente por el Teatro de la Maestranza, que era uno de los teatros coproductores. El proyecto se ha modificado en estos años, sobre todo en lo relativo a los aspecto formales, no así a la idea sustancial de la propuesta. Pero sí es cierto que escénicamente el proyecto se ha depurado mucho. A día de hoy la propuesta tiene un amplio concepto de video, con una escenografía formada por pantallas de video wall, con proyecciones en el suelo, etc. La producción, podríamos decir, ha pasado de ser mucho más matérica y constructiva a ser más eterea en lo escenográfico; pero ya digo que la lectura que hacemos de Aida es sustancialmente la misma que entonces.

¿Y cuál es esa lectura precisamente? ¿Cuál es la propuesta de esta nueva producción de Aida, en términos de dramaturgia?

Esta producción nace de un homenaje a Stanley Kubrick, mi director de cine fetiche. La producción nace también de El libro de los muertos, sobre todo de las profecías; este texto es el gran libro del Egipto del tiempo de Aida, en torno al 1.500 a.C. Ahí hay profecías brutales en torno a las consecuencias de la acción humana, como la idea de que el Nilo se secará y su cauce podrá ser cruzado a pie. Se habla también de que el sol se esconderá para siempre y no se distinguirán el día de la noche. Hay toda una serie de profecías en este sentido que hablan, con tremenda actualidad, de la deriva que tiene hoy en día nuestro planeta. Esto, conectado con Stanley Kubrick, nos permite situar la acción en el año 3001, cuando ya se han cumplido las profecías escritas en El libro de los muertos.

A partir de ahí a mí siempre me gusta incluir lo que yo llamo un exoplano, que es un plano que no existe en la ópera original. En este caso es un viajero que se llama Odiseo, el Ulises de La odisea, que está representado aquí por un acróbata, un funambulista fantástico que se llama David Marco. Este personaje es el hilo conductor de la representación, empezando en 3001, una distopía en la que ya no existe nada, no existe la humanidad, no existen sentiminetos, no existe vegetación... Cumplidas las profecías de El libro de los muertos, a través de la ayuda de unos dioses virtuales viaja a través del tiempo hasta el 1.500 a.C., hasta el Antiguo Egipto donde conce la idea del amor a través de Aida y Radames. Y ahí conoce también el poder terrible que tienen las religiones cuando meten sus manos en la política. A partir de ahí, Odiseo se da cuenta de que esto es lo que ha fracturado el mundo y ha hecho que ya no quede nada de él en 3001.

"Esta nueva producción de Aida es un homenaje a Stanley Kubrick, con la acción situada en el año 3001"

A partir del conocimiento del Antiguo Egipto, una época en la que el ser humano estaba en armonía con el paisaje, con el entorno, Odiseo regresa a ese futuro distópico de 3001 y vierte toda esa sabiduría, todo ese conocimiento y tenemos un happy ending que no vamos a desvelar (risas). Yo siempre trato de acercarme a las óperas como si se hubieran escrito ayer. No pienso en la Aida que todo el mundo ya conoce sino que pienso en Aida como una obra nueva que Verdi nos ha dado ahora para estrenar por primera vez. De ahí el recurso a este exoplano, este Odiseo, que nos permite mirar la historia de Aida desde otro punto de vista, nuevo y contemporáneo.

En todas mis puestas en escena hay siempre también un componente político. Aquí por ejemplo veremos una marcha triunfal desde el punto de vista de los vencidos y damnificados. En nuestra marcha triunfal hay una parte pública, la parada militar que todo el mundo reconoce, pero veremos también la otra parte, la preparación de todo eso en donde se ejercen torturas y todo tipo de vejaciones sobre los vencidos.

Aida_Maestranza_26_a.jpg© Teatro de la Maestranza

¿Cómo se plantea el reto de afrontar estos grandes títulos del repertorio? A menudo se antojan intocables, con una iconografía muy ligada a ellos, aún más si cabe en el caso de Aida, rodeada siempre de ese aura de monumentalidad, con esos excesos de los grandes escenarios; hemos llegado a ver elefantes en producciones de Aida

Los diez o doce títulos del gran repertorio son peligrosísimos porque tanto el público como la crítica tienen una idea preconcebida y creen saber cómo son. Todo el mundo cree saber cómo es Aida, cómo es Tosca, cómo es Traviata... Y generalmente el público quiere ir al teatro a reconocer lo que ya sabe; quiere ir a revisitar lo que ya sabe. El público quiere sentirse bien tratado, conciliado con lo que ya sabe. Pero como decía hace un momento, para mí es importante pensar en todas estas obras como si hubieran sido escritas ayer. Y esto se lo digo también a los cantantes durante los ensayos; es importante borrar todas las referencias previas que podamos tener de Aida, hay que partir de cero, como si fuera un lienzo en blanco. Necesitamos la mirada nueva de un niño que se acerca por primera vez a algo. 

En este caso, como autor de la escenografía de Aida he intentado también crear un nuevo universo visual para esta obra, huyendo de la monumentalidad y abrazando una ópera que, por otro lado, salvo por la escena de la marcha triunfal, es una obra de cierta intimidad, si atendemos a los numerosos dúos y tríos que incluye y que generalmente transcurren en espacios cerrados. Aida es una ópera de relaciones muy poderosas entre los personajes y su música, salvo ya digo la marcha triunfal, bien podría ser una música de cámara.

"Siempre trato de acercarme a las óperas como si se hubieran escrito ayer"

Sí, hablando con algunos directores de orquesta me han insistido a menudo en que Aida es mucho más que esa monumentalidad fastuosa. Sustancialmente es una ópera de gran intimismo, con ambientes nocturnos, etc. 

Sin duda, además nos encontramos esa teatralidad del último Verdi, tan sutil, tan al servicio del texto. El preludio de la obra, con esos violines en pianísimo marcan ya un camino, en este sentido. El reto que tenemos con esta Aida es recuperar precisamente ese caracter intimista. Como artistas contemporáneos siempre entiendo que tenemos dos funciones primordiales: la primera es explicar la historia bien, eso es básico; nuestra producción tiene que servir a un espectador que se acerque por vez primera a Aida y debemos hacer todo lo posible por no traicionar la música. Y el otro compromiso que tenemos es el de la contemporaneidad; y no se trata de ser el más moderno del mundo, no se trata ni siquiera de ser transgresor. Se trata más bien de que encontremos la manera de hablar de nuestras cosas, de nuestras preocupaciones actuales, de los retos de nuestro mundo. Por eso recurro en este caso a las profecías de El libro de los muertos que nos hablan precisamente del uso y del abuso que hacemos de nuestro entorno. También me interesa mucho aportar una lectura política, no ya solo de la marcha triunfal sino también del tema religioso, con esos sacerdotes que meten sus manos en las decisiones políticas. Los sacerdotes aquí están tratados como cíclopes, al modo de La odisea; para mí son personajes obtusos, faltos de clarividencia. Y el personaje del Faraón, por ejemplo, lo pintamos como un don nadie al servicio de los sacerdotes; Ramfis es la autentica autoridad. En resumen, creo que va a ser una Aida impactante en lo visual, clásica porque explica la historia a quien la vea por primera vez, pero también muy contemporánea en su acercamiento político.

Aida_Maestranza_26_b.jpg© Teatro de la Maestranza

"El reto que tenemos con esta Aida es recuperar el caracter intimista de la obra"

En su trayectoria hay una doble vertiente, como escenógrafo y como director de escena. El hecho de asumir también la elaboración de la escenografía en sus propuestas, imagino que determina el proceso creativo de una manera muy concreta y distinta a la de otros colegas de profesión. ¿Es así?

Yo creo que la escenografía, la idea del espacio escénico, debe recoger y ser parte del concepto dramático de cualquier propuesta. En este sentido, para mí, todo forma parte de un mismo proceso creativo; no concibo por un lado la escenografía y por otro lado la cuestión dramática. Yo creo en la dramaturgia del espacio, que es un personaje más al fin y al cabo. En este sentido para mí es indisoluble la cuestión del espacio escénico de la cuestión de la solución teatral, todo forma un todo. 

Al margen de esta Aida me gustaría hablar de otros proyectos recientes que ha llevado a cabo. El más reciente ha sido Turandot, en Aviñón, y hace unos meses pudimos ver una nueva producción de Yerma en Tenerife, en lo que sin duda ha sido uno de los acontecimientos de la temporada lírica en nuestro país.

Yerma ha sido uno de los procesos creativos más bonitos e inspiradores de mi carrera. Y dicho esto, también fue muy difícil desde el punto de vista musical, ya que practicamente estábamos estrenando una ópera desde cero. A diferencia de lo que sucede cuando montamos Aida o La traviata, donde los cantantes tienen ya los roles generalmente muy asumidos, al haberlos hecho antes en otros teatros, aquí el proceso creativo fue total, lo más parecido a un estreno contemporáneo. Todo esto tiene una parte positiva que es la de descubrir juntos la obra, pero también trae consigo la dificultad intrínseca de construir todo desde cero. Yerma fue un proceso duro, en este sentido, también porque la música de Villa-Lobos no ayuda precisamente a los cantantes, con un caudal constante de sonido al que hay que intentar imponerse. La verdad es que estoy muy contento con el resultado de esas funciones en Tenerife y muy contento también por el Premio Talía que recibimos a la mejor producción. Y contento también de que esta producción se vaya a ver en el Teatro de la Zarzuela, expectante por ver la reacción del público de Madrid ante nuestro trabajo.

"Yo creo en la dramaturgia del espacio" 

Y en el caso de la producción de Turandot, creo que se trataba de un espectáculo previamente estrenado en Macerata, si no me equivoco.

Así es, las funciones de ahora en Aviñón eran la reposición de una producción estrenada originalmente en el Festival de Macerata. Evidentemente al pasar de un escenario tan grande como el de Macerata hemos tenido que adaptar la propuesta para un teatro de dimensiones notablemente más pequeñas. No obstante, como eran coproductores ya desde un principio estuvo pensada la escenografía para permitir esta adaptación.

Esta Turandot nos ha dado grandes alegrías. La lectura que proponemos es también marcadamente política, con una Turandot que odia a los hombres, rodeada de un ejército de amazonas que la protegen; el verdugo es también una mujer, etc. Es una producción que da también mucho peso al personaje de Liù. Tanto en Macerata como en Aviñón hemos decido terminar la funcion allí donde la dejó escrita Puccini y esto le da al personaje de Liù una fuerza increíble. Su sacrificio es tremendamente simbólico y conecta con todos esos personajes silentes que hay en la historia y que lo dan todo sin querer figurar. En nuestra producción Calaf resuelve precisamente los tres enigmas gracias a la ayuda de Liù y esto le da también un sentido muy particular a la dramaturgia.

Y ya por último, de cara al futuro, ¿algún proyecto que quiera resaltar de manera especial?

En los próximos meses tengo bastantes proyectos de teatro, que es un género al que siempre he dedicado una parte importante de mi agenda. Tengo proyectos en el Teatre Nacional de Catalunya, debuto en la Comédie Française con una producción de Las criadas de Jean Genet. Con Ópera Sin Fronteras estamos preparando un nuevo proyecto con Sinfonía por el Perú, la fundación de Juan Diego Flórez; iremos allí en la próxima primavera. Y esta Aida que estrenamos en Sevilla irá ya la próxima temporada a Chile, iniciando un intenso calendario de reposiciones.

En líneas generales cada vez me interesan más los proyectos con un cierto caracter alternativo. Si le soy sincero, estoy un poco desencantado de la ópera convencional. Creo que el público tiene poca curiosidad y los teatros creo que fomentan poco esa curiosidad. Los escenarios deberían ser territorio de conocimiento y exploración, no espacios de reconocimiento de lo que ya conocemos y hemos visto. Entiendo que los teatros tienen que cuadrar su cuentas y de ahí a menudo las programaciones que vemos en fechas señaladas como Navidad o final de temporada, con títulos sumamente populares. Por eso cada vez más me interesan más los proyectos raros, especiales, alternativos... Y me interesa mucho la ópera contemporánea, precisamente porque propicia todo esto.

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