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Ketevan Kemoklidze: "Me ilusiona regresar a Granada con Amneris, un papel que soñaba cantar desde niña"

La mezzosoprano georgiana Ketevan Kemoklidze, afincada en Barcelona, actúa este domingo en el Palacio de Carlos V, en el marco del Festival de Granada, interpretando a Amneris en la Aida de Verdi, tras las recientes representaciones de este título en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. En ocasión de esta actuación conversamos con ella para conocer más de cerca su vinculación con nuestro país y la realidad de la lírica en su país natal.

Tras las representaciones de Aida en el Teatro de la Maestranza esta ópera llega ahora al Festival de Granada. ¿Cómo ha sido la expriencia en Sevilla, con la nueva producción de Paco Azorín? Creo que el vestuario de Ana Garay dedicaba una especial atención al rol de Amneris, precisamente.

Sevilla es un lugar maravilloso, es más que una ciudad, es un mundo por descubrir que no se termina nunca. En el Teatro de la Maestranza se trabaja muy bien y me encontré rodeada de colegas maravillosos, junto al maestro Daniele Callegari. Participar en el estreno de esta nueva producción de Paco Azorín ha sido una gran suerte y una gran responsabilidad, al tratarse de una coproducción con otros teatros, tanto españoles como internacionales. 

El vestuario de Ana Garay tuvo un gran éxito y efectivamente tienen un papel muy importante en esta producción. Desde mi punto de vista el vestuario de Amneris era muy interesante y ayudaba mucho a dibujar el personaje tal y como Paco lo plantea en esta producción.

¿Qué espera de su actuación de este año en el Palacio de Carlos V, en el marco del Festival de Granada? Creo que el año pasado ya tuvo ocasión de actuar aquí, con música de Falla.

Sí, el año pasado ya tuve la suerte de debutar en el Festival de Granada, con la invitación de Paolo Pinamonti, cantando la Psyché de Manuel de Falla, haciendo además una grabación de la obra en el Peinador de la Reina en la Alhambra. Es una obra deliciosa, muy breve pero muy hermosa; la música de Falla, con este texto en francés, encuentra unos colores muy próximos al impresionismo. El resultado es una música muy española pero con un carácter francés muy reconocible, es fascinante. Este año curiosamente vuelvo a Granada con otra reina, con el personaje de Amneris, de nuevo envuelta en una historia de amores imposibles.

¿Cómo se afronta el hecho de cantar en un espacio abierto como el Palacio de Carlos V? Sobre todo viniendo de cantar esta misma obra en un teatro cerrado, como el Maestranza de Sevilla.

Cantar sin amplificación en estos espacios tan amplios y abiertos no es fácil pero afortunadamente la arquitectura ayuda. Estos espacios al aire libre, como la Arena de Verona o el escenario de Macerata, siempre tienen una acústica bastante agradable y favorable para las voces. Las sensaciones cambian mucho, hay reverberaciones, pero sigue habiendo una acústica en la que apoyarse. Confío en que sea así también en el Palacio de Carlos V, donde creo que también ayuda el hecho de cantar en un ambiente de calma y silencio, por la noche.

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En línea con esto, ¿cuáles son las principales exigencias vocales y dramáticas del rol de Amneris?

El papel de Amneris fue siempre uno sueño en mi trayectoria. Cuando yo era un niña, con apenas seis o siete años, recuerdo haber visto Aida con mi abuela y durante la escena del juicio entendí que mi lugar no estaba entre el público sino en el escenario. Recuerdo aquella experiencia de manera muy intensa: los colores, la escenografía, me causó una gran impresión. Y creo realmente que ese cuarto acto de Aida fue determinante para mi vocación como cantante de ópera. 

Mi carrera empezó cantando mucho Rossini, mucho Mozart, repertorio francés… Para mí entonces era difícil imaginar que llegaría un día en el que podría cantar Amneris, pero finalmente llegó. Justamente cuando se cumplieron veinte años de carrera en activo debuté el rol de Amneris. Tuve la suerte de cantarlo con Nicola Luisotti en el Teatro Real, quien me ayudó a creer en mí misma y construir mi propia Amneris, evitando la tentación de copiar o seguir a otras grandes intérpretes del personaje. 

El rol de Amneris le acompaña desde hace ya algunos años y marca, seguramente, el momento de la evolución vocal de su instrumento. Junto con otro rol como el de Eboli en Don Carlo, creo que Amneris señala muy bien la consistencia de una voz que ha ganado empaque dramático en los últimos años, sin perder lirismo. ¿Cómo lo siente usted, en su propia voz? Y en términos de repertorio, ¿por donde le gustaría que fuera su agenda en los próximos años?

Por el momento Amneris representa el rol verdiano más dramático que me planteó interpretar. No tengo ninguna prisa por ir hacia Azucena y mucho menos cantar Ulrica. De Verdi me gustaría mucho hacer Oberto, su primera ópera, pero es un título que casi no se hace. 

Más allá de la Carmen de Bizet y Charlotte en Werther, sí que me gustaría ampliar mi repertorio francés con roles como Dalila, la Marguerite de La damnation de Faust o Dulcinea en el Don Quichotte de Massenet. 

En el terreno del bel canto me falta la Leonora de La favorita, una ópera que cantaría con mucho gusto. Y en general echo mucho de menos cantar Mozart; también me gustaría cantar roles travestidos del repertorio alemán como el Compositor en Ariadne u Octavian en Der Rosenkavalier.

Hace apenas unos meses pude visitar su país natal, Georgia, y descubrir sus muchas riquezas (patrimoniales, musicales, gastronómicas) y la hospitalidad de sus gentes. Creo que hay una vinculación muy especial entre Georgia y España. De hecho usted ofreció allí un recital íntegramente dedicado a música con conexiones con nuestro país, con óperas como El barbero de Sevilla, Carmen o Don Carlo. ¿En qué momento está el desarrollo de la lírica en Georgia, un país que ha dado tantas voces al mundo de la ópera en las últimas décadas?

El desarrollo de la lírica está en muy buen momento. Los cantantes de mi generación ya hemos tenido la oportunidad de formarnos y trabajar fuera, algo que las generaciones precedentes no pudieron hacer con igual facilidad. La lírica ha servido para abrir las fronteras y nuestras tradiciones vocales se han dado a conocer al mundo. Georgia es un país con un enorme talento musical. A día de hoy, y no lo digo solo por patriotismo, creo que la mejor pianista y la mejor violinista del momento son ambas georgianas; y tenemos una lista enorme de cantantes en activo, en los primeros teatros internacionales. En cualquier orquesta a la que llegó me encuentro con algún músico georgiano y eso es para mí un gran motivo de orgullo.

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