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María Dueñas: "Heifetz ha sido una presencia constante desde que tengo memoria"
La ya célebre violinista española María Dueñas debuta esta semana en el marco del Festival Internacional de Santander. Dueñas actuará junto a la Orquesta Real Sueca y bajo la batuta de Alan Gilbert, interpretando el Concierto para violín y orquesta no. 1 de Max Bruch. Conversamos con la intéprete, que este mismo mes presenta su último álbum consagrado a la figura del icónico violinista Jascha Heifetz.
En apenas unos días debutará en el marco del Festival Internacional de Santander, actuando allí con la Orquesta Real Sueca, bajo la batuta de Alan Gilbert. Con este mismo director coincidió el pasado verano en el marco de una gira por varios festivales de verano. ¿Qué recuerdo tiene de aquella gira, precisamente con el concierto de Bruch?
Guardo un recuerdo precioso de aquella gira, la verdad. Con Alan Gilbert hay una complicidad que se construyó casi de inmediato, ya que él también es violinista, por lo que conoce el repertorio desde dentro. Lo que más aprecio es que Gilbert te cede espacio para respirar dentro de la música y respeta los tiempos. Los conciertos de verano al aire libre tienen mucha magia, a pesar de que la acústica no es siempre perfecta. Volver a encontrarnos en Santander con la Orquesta Real Sueca va a ser una gran celebración, además será mi primera vez en el Festival internacional de Santander y me hace mucha ilusión.
El Concierto para violín y orquesta no. 1 de Max Bruch se ha convertido en una de sus partituras de referencia. Junto con el concierto de Korngold, creo que es una de las obras que más está interpretando este año. ¿Qué es lo que más le fascina en esta pieza y hasta qué punto representa un reto, tanto en el plano expresivo como técnico?
El concierto de Bruch lo siento como muy honesto. No hay artificio en esa obra: canta desde el primer compás y no necesita imponerse para conmover. Me gusta mucho cuidar el sonido y darle variedades de color, como si fuera un cuadro de los impresionistas. Por otra parte, el concierto de Korngold es muy especial porque estará en mi próximo disco dedicado a Jascha Heifetz, mi referente. Me fascina su lenguaje cinematográfico y su exuberancia. El reto, sin embargo, está en encontrar nuevos detalles y lograr que las obras siempre suenen con vida.
El pasado mes de junio tuvo ocasión de interpretar este mismo concierto en Múnich, ante una audiencia de 7.000 personas, con Lahav Shani a la batuta. ¿Cómo fue esa experiencia? Imagino que bastante distinta a la intimidad de una sala de conciertos al uso.
Ese fue otro momento inolvidable. Tocar ante 7.000 personas es una energía completamente distinta a la de una sala de cámara: se pierde algo de la intimidad del gesto pequeño, pero se disfruta de la música como un lenguaje poderoso capaz de reunir a una gran muchedumbre. El despliegue técnico fue espectacular y creo que la calidad de sonido que se logró fue inusualmente buena. También fue maravilloso poder colaborar con Lahav Shani por primera vez. La comunicación fue casi instintiva y ya planeamos más colaboraciones juntos.
Este mes de agosto se presenta su último álbum, un homenaje al célebre violinista Jascha Heifetz. ¿Qué influencia ha tenido su figura en su vocación y en su manera de entender el instrumento? El álbum se grabó con Gustavo Dudamel, en los célebres estudios Abbey Road. ¿Qué repertorio han escogido para este disco?
Heifetz ha sido una presencia constante desde que tengo memoria. Mi madre escuchaba sus grabaciones mientras hacía las tareas de casa, y esa manera suya de tocar, tan clara, tan implacable en la ejecución y sin embargo nunca fría, se quedó grabada en mí desde muy pequeña, casi sin que yo fuera consciente de ello. Con el tiempo entendí que representaba justo lo que yo buscaba: una exigencia técnica absoluta puesta siempre al servicio de la música, nunca como un fin en sí misma.
Este álbum es, de alguna manera, una carta de gratitud hacia esa influencia. Lo grabamos con Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar en los Estudios Abbey Road, un lugar que tiene su propia historia sonora, casi mágica. El repertorio gira en torno a obras que Heifetz hizo suyas: el Concierto de Korngold, la Sinfonía Española de Lalo y varios arreglos de Heifetz, en línea con la programación que se hacía antes. Para estas pequenas “miniaturas”, realmente como joyas en el repertorio, conté con mi amigo Itamar Golan.
Trabajar con Gustavo es siempre una inspiración doble, como músico y como persona: pocas veces encuentras a alguien que combine tanto talento con tanta generosidad. Al igual sucede con Itamar Golán, nuestra forma de entender el sonido se complementa a la perfección. Estoy muy agradecida a todos los que han colaborado en este disco tan cercano a mi esencia. Esa combinación de repertorio, escenario, director, orquesta y pianista será difícil de superar. La guinda del pastel fue poder utilizar el violín de Jascha Heifetz. Aún tengo escalofríos de pensarlo.
Desde su irrupción en el panorama internacional las miradas se han centrado en su trayectoria, actuando de manera continuada con las mejores orquestas y directores, a un ritmo vertiginoso. ¿Cómo se gestiona esa presión, esa sensación de generar tantas expectativas? Gestionar eso es algo que no se enseña ni en los mejores conservatorios.
Se gestiona volviendo, una y otra vez, a mis inicios y al porqué empecé a tocar el violín, que nunca fue por generar expectativas, sino por una necesidad de expresarme que descubrí a través del instrumento. Yo era una niña muy tímida pero increíblemente curiosa. El equilibrio se va construyendo poco a poco, apoyándome mucho en la gente que tengo cerca, que me ayuda a no perder la perspectiva. Cada concierto lo vivo como una oportunidad nueva, no como un examen que arrastra todo lo anterior.
En línea con esto, ¿cree que el mundo de la música clásica se fija en demasía en la edad de los intérpretes, ya sean muy jóvenes, como usted misma, o muy mayores, como Herbert Blomstedt o Zubin Mehta? Es evidente que sorprende el talento de alguien tan joven como usted, pero pasados unos años, como es su caso, ¿no deberíamos dejar ya a un lado la etiqueta de 'joven promesa'? Usted ya ha demostrado sobradamente que es mucho más que eso.
No presto atención a etiquetas y no tengo nada que comentar sobre ello. Quien pone las etiquetas podrá explicarlo mejor, si es que haya algo que explicar o le interese a alquién. En el caso de los Maestros Blomstedt, Zubin Mehta o Daniel Barenboim no creo que sea la edad lo que importa sino el legado musical que han construido. Jacqueline du Pré no envejeció en el escenario desafortunadamente y sigue ocupando un lugar preeminente en la historia de la música.
