© Samuel Pereira
Jorge Losana, director de Cantoría: "La música que hacemos tiene que tener eco en las personas y en la sociedad"
La temporada 2026/2027 marca un punto de inflexión en la trayectoria de Cantoría gracias a su nombramiento como grupo residente del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). A lo largo de ocho conciertos, Cantoría ampliará su horizonte artístico con nuevas propuestas que trascienden el formato vocal a capela que ha definido sus primeros años. Coincidiendo con el arranque de esta temporada y a pocas semanas de que se publique su próximo disco conversamos con Jorge Losana, director de Cantoría.
Durante la temporada 2026/2027 Cantoría será grupo residente en el marco de la programación del CNDM. ¿Qué supone este compromiso exactamente? Creo que van a ofrecer un total de ocho conciertos, tanto en España como fuera de nuestro país, en localidades como Trondheim y Potsdam.
Para nosotros esta residencia artística tiene un enorme valor simbólico, precisamente en el año del décimo aniversario de Cantoría. Nos permite no solo mostrar el trabajo que hemos hecho hasta ahora con la música renacentista española -las ensaladas, los villancicos, etc.-, sino también mostrar cómo sonamos con otros repertorios. Así vamos a hacer una de nuestras primeras incursiones en el repertorio latinoamericano, que es una temática que teníamos pendiente abordar desde distintas perspectivas.
Vamos a hacer por ejemplo la Misa de Bomba de Pedro Bermúdez, junto a otras piezas de archivos coloniales. La Escuela de Salamanca fue la primera en reconocer la condición humana de los indígenas, sentando las bases de lo que mucho después será la declaración de los derechos humanos y creemos que es una buena excusa de repensar nuestra relación con América Latina y con el repertorio colonial. Por eso nos parece muy oportuno plantear un programa que incide precisamente en ese debate, en cómo podemos abordar ese repertorio de forma respetuosa en pleno siglo XXI sin olvidar la historia que hay detrás. Vamos a trabajar con antropólogos y musicólogos para ver exactamente cuál es nuestro papel, desde la música, en todo este movimiento de reconocimiento del pasado.
Al margen de esto podremos hacer nuestras ensaladas y nuestros últimos trabajos como ¡A la fiesta!, que es el repertorio de nuestro último disco, nuestra nueva aventura en el repertorio barroco español. También tendremos ocasión de hacer el Membra Jesu Nostri de Buxtehude que ya habíamos hecho en Perelada y que nos permite acercarnos a la música vocal luterana y centroeuropea; y esto combinado con el concierto de gran formato con música de Monteverdi y Schütz. Monteverdi fue el primer compositor que abordamos desde Cantoría, que nació en realidad para cantar sus madrigales. Fue gracias a Pedro Memelsdorff, que nos recomendó que nos especializamos en la música ibérica pero nuestros orígenes están en la música de Monteverdi y siempre nos gusta volver ahí.
Sea como fuere, a todos estos repertorios nos gusta acercarnos con un sentido, con una razón. Me refiero con esto al hecho de que Cantoría ha generado una manera de cantar y de aproximarse a la música y al público que es ya muy marcada, que está muy definida a lo largo de estos años, con una determinada idea de usar la voz natural, etc. En línea con esto es verdad que de cara al futuro nos gustaría abordar otros repertorios para ver cómo sonarían con una vocalidad menos belcantista y más cerca de la voz hablada.
Dicho todo esto, la residencia artística en el CNDM supone un reconocimiento a una trayectoria y es además una oportunidad de abrir fronteras, consolidar plantilla y mirar hacia otros repertorios. Cantoría es hoy en día un ensemble vocal e instrumental en crecimiento y esta residencia artística es un impulso determinante para seguir creciendo.
Mencionaba ahora el origen de Cantoría como un grupo ligado en origen a los madrigales de Monteverdi. Y lo cierto es que en los últimos años la formación ha crecido, ampliando su plantilla y acercándose a repertorios que implican más músicos y más recursos sobre el escenario. Estaría bien recapitular cómo se produce esa evolución a lo largo de los años hasta el día de hoy, con Cantoría convertida en un ensemble no solo vocal sino también instrumental.
Cantoría surge de la ESMUC de Barcelona, de las clases de música de cámara, y se consolida en el ECOS Festival de Música Antigua de Sierra Espuña, que nosotros mismos organizamos, y surge como un proyecto de cercanía, de intimidad, como un cuarteto para ofrecer conciertos en una pequeña torre, en un castillo, para apenas sesenta personas, interpretando madrigales y explorando sobre todo las emociones de ese formato. Desde el principio quisimos explorar una vocalidad muy natural, poco grandilocuente y muy espontánea, que conectara con el público y por eso de hecho escogimos la música de Monteverdi, por ser un poco el adalid de esa seconda pratica, con la música al servicio del texto y de la expresión. En línea con esto siempre hemos concebido el concierto como algo al servicio de la comunicación, buscando la conexión entre nosotros y el público.
En línea con esto, hasta el lanzamiento del primer CD, durante los primeros cinco o seis años de trayectoria de Cantoría, fuimos fraguando poco a poco nuestra identidad, casi un poco a modo de laboratorio, para pasar poco a poco de ser un grupo joven, casi de conservatorio, hasta ser un proyecto emergente, joven y genuino, con unos rasgos cada vez más reconocibles, siempre desde la búsqueda de una forma de cantar muy nuestra. Fueron los festivales grandes, una vez que habían visto lo que proponíamos como cuarteto vocal, los que nos propusieron abordar formatos de concierto diferentes, salas más grandes, con otros repertorios, etc.
Un proyecto reciente muy importante para nosotros ha sido cantar y experimentar con la manera de cantar polifonía española junto a musicólogos de distintas universidades como Zúrich y Lovaina, en la iglesia de Santa Maria in Monserrato degli Spagnoli, en Roma, donde trabajó Victoria. Lo menciono porque ilustra muy bien lo que nos encontramos cuando surgió Cantoría y es que había una demanda grande para revisitar el repertorio polifónico español del Renacimiento; se trataba de buscar una sonoridad ibérica, distinta de la que habían forjado los grupos ingleses o belgas. Y esto es algo que empezó a ocurrir precisamente cuando Cantoría cumplió sus primeros cinco o seis años de vida.
¿Y en qué momento se plantearon incorporar también instrumentos al grupo, más allá del ensemble vocal como tal?
Poco a poco fuimos incorporando instrumentos a nuestros conciertos. Primero fue una vihuela o una viola da gamba, después probamos con dos violines y ahora vamos a hacer este proyecto de Monteverdi y Schütz con dieciséis cantantes y dieciséis instrumentistas para hacer repertorio policoral en la Sinfónica del Auditorio Nacional de Música. El reto es mantener nuestro código de comunicación sea cual sea el orgánico que tenemos. Cantoría tiene, como rasgo de identidad de su sonido, el hecho de que los diferentes timbres están presentes y no se anulan; nuestro sonido es un ramillete de diferentes personalidades y colores. El éxito del conjunto depende de las individualidades, no buscamos anularlas. Y es ciertamente un reto mantener eso con plantillas más grandes. Experiencias como la que tuvimos en el Wigmore Hall nos confirman que es algo que lleva más tiempo, hay que hacer una mayor búsqueda, pero nos interesa mucho hacerlo así y creo que supone una oportunidad de crecimiento extraordinaria para Cantoría.
Al hilo de esto para nosotros es muy importante que se nos convoque fuera de España para hacer un repertorio que no sea tan solo el ibérico. Esta es una de nuestras grandes reivindicaciones. Los españoles, con toda la lógica, estamos para hacer el repertorio de aquí, por supuesto; pero que se nos convoque para hacer Monteverdi, Buxtehude o Palestrina en Europa es algo que nos alegra mucho. El balance de estos diez años es extraordinario; hay indudablemente mucho esfuerzo y muchos sinsabores detrás pero sin duda ha merecido la pena y este año es un momento de celebración completa; sinceramente nunca imaginé que estaríamos haciendo esta música al nivel que la estamos haciendo en las salas y festivales más importantes del sector.
© Lukasz Rajchert
Ahora abordaremos esos sinsabores que menciona, pero antes me gustaría incidir en esta idea de la sonoridad ibérica y en la necesidad de abordar nuestro repertorio de otra manera, con una mirada renovada. Cantoría llegó seguramente en el momento adecuado, en un país en el que nuestra tradición vocal, en torno a este repertorio, no es desde luego comparable con la de los países de habla inglesa, por ejemplo. Tengo la impresión de que Cantoría supo ocupar ese hueco, tomándose en serio la necesidad de repensar esa sonoridad, precisamente.
Sí, de algún modo fue así. Evidentemente no fuimos los primeros; nuestro grupo no surge de la nada sino que nace en un contexto en el que había muchos pioneros, de los que nosotros mismos hemos aprendido. Nosotros hemos encontrado una fórmula artística que nos ha propiciado cantar fuera a menudo y por eso mismo nos consta, porque lo vemos y lo escuchamos en Europa, que hay una gran consideración ahí fuera del panorama musical y vocal español.
Quizá en España no ha habido tantos grupos profesionales que se focalizasen en este empeño de manera casi monográfica y con una plantilla estable. Al principio nosotros contamos con un conjunto muy regular, con Inés, con Valentín y con Samuel, luego con Oriol, para tejer durante varios años una manera de cantar y de hacer música que era reconocible y estable. De tal modo que quienes se han unido después ya sabían cómo trabajábamos y qué sonoridad perseguíamos; a día de hoy tenemos muy claro qué cuestiones técnicas tiene que deconstruir, por así decirlo, alguien que ha estudiado canto clásico y que se incorpora a nuestros proyectos de música antigua.
No fueron pioneros con este repertorio pero sí que hicieron las cosas de un modo distinto, desde un principio, ¿se refiere a eso?
Exacto, lo que quiero decir es que no es que no hubiera grupos de gran nivel que no hicieran el repertorio del Renacimiento español, sino que a lo mejor no habían dado con la fórmula para que sonara de otra manera, de un modo diferente. El éxito de Cantoría también tiene que ver con el hecho de que éramos un grupo joven, indudablemente, y con las personalidades de cada uno de los miembros que han ido conformando el conjunto. La manera de ser y de comunicar también hace mucho a la hora de generar esa espontaneidad que ha marcado nuestra interpretación de las ensaladas y que es algo que no queremos perder de cara al repertorio de las polifonías. Para nosotros es importante hacer esta música con un acercamiento muy similar al que presentamos con la música profana, esto es muy atentos a las intenciones, a la emoción, al subtexto…
Al final el gran reto en todo esto es el de comunicar y conectar con el público. Este es uno de los grandes temas a debate a nivel europeo. En un contexto en el que la inteligencia artificial amenaza con dominarlo todo, son las experiencias humanas y de conexión lo que más va a hacer falta. Y volviendo a la pregunta inicial, creo que es ahí donde Cantoría ha podido tener un elemento diferenciador, precisamente por contar con una plantilla estable desde el principio, con un sonido reconocible y una manera de conectar con el público muy nuestra. Cantoría ha conseguido ser personal, que se reconoce incluso aunque cambien los cantantes y este es uno de nuestros mayores logros.
Y por último creo que ser artista va más allá de lo que hacemos en la sala de conciertos. La música que hacemos tiene que tener eco en las personas y en la sociedad. La música y la forma de hacerla comunica valores, principios, ideas… Y esto es algo que también hemos tenido muy presente desde el comienzo de Cantoría.
Ha hecho antes mención a los sinsabores que se hayan podido encontrar en estos diez años de trayectoria. ¿A qué se refería exactamente? Imagino que el tejido musical, la industria por así decirlo, no siempre pone las cosas fáciles a un grupo emergente, con una personalidad muy definida. ¿Cuáles han sido esos sinsabores, las piedras en el camino?
Nosotros nos sentimos privilegiados; soy consciente de que nos dedicamos a un trabajo al que mucha gente se quiere dedicar. Esto es, vivir del arte y al mismo tiempo hacer de nuestro trabajo una manifestación artística. Hay mucha gente que querría esto y sin embargo hay muy poco espacio para que todos tengamos cabida. Es difícil, es frustrante… Lo cierto es que en diez años han pasado muchas cosas, pasamos una pandemia, las personas cambian, entran y salen de los proyectos, las expectativas de todos no siempre se cumplen… Y dicho todo esto, creo que hemos tenido mucha suerte y me siento muy privilegiado de poder hacer música a nuestra manera y con cada vez más músicos increíbles.
En primer lugar fuimos reconocidos en Europa como joven promesa y esto nos abrió muchas puertas. Y ese reconocimiento vino de hecho antes del reconocimiento en España, en muchos sentidos. Hemos tenido atención y puertas abiertas desde muy pronto. Pero si estuviéramos en un país como Francia o Bélgica, todo hubiera sido mucho más fácil con un sistema como el de “les intermittents du spectacle”, que permite realmente sostener al sector. Por mucho que se vaya a aprobar pronto el Estatuto del Artista, y ya será un paso importante, lo cierto es que en España no hay un marco legal y laboral que facilite que las personas con talento o los artistas con algo que decir puedan vivir de ello. Perdemos mucho talento en España porque al artista se le exige ser también empresario, comunicador, gestor y al mismo tiempo conciliar todo esto con su vida personal y familiar. A un médico no se le exige ser administrativo… Yo personalmente me siento cómodo en este rol poliédrico, pero esto no debería ser una exigencia para cualquier artista que quiera labrarse un camino propio. Tengo claro que si hubiéramos estado en Francia no hubiéramos pasado por ciertas etapas de precariedad que hicieron peligrar al grupo.
¿Tanta diferencia percibe con la realidad de otros países, con respecto a España?
El sistema en España está configurado así y supone un filtro injusto porque no filtra ni el talento ni la capacidad de impacto en la sociedad de los artistas. Tal y como está conformado el sistema lo que prima es la capacidad de aguante y supervivencia, el contexto socioeconómico del que vengas, etc. Si nos comparamos con Francia, me interesa mucho la capacidad que tiene allí el arte para representar lo que es un país, la capacidad para movilizar la economía, el soft power, la diplomacia cultural, etc. Este discurso está pendiente en España, a muchos niveles. Nosotros salimos mucho a tocar en entidades culturales como embajadas y lo vemos, la diferencia con nuestro país es notable. En nuestro caso, aprovecho para decirlo, tenemos también el apoyo del Institut Ramon Llull y el Institut Català de les Empreses Culturals, porque Cataluña nos ha acogido de un modo extraordinario y sus instituciones valoran el poder de impacto de la cultura en la sociedad.
© Roger Lleixa | Festival de Torroella
Con respecto al nuevo proyecto discográfico, su segundo disco ya, vinculado a una Beca Leonardo, creo que hay detrás un proyecto de documentación y musicología importante. ¿Qué música han reunido aquí exactamente?
El disco saldrá a la venta el día 16 de octubre y está editado bajo el sello Alpha, lo que supone un respaldo muy importante para la difusión del proyecto. La grabación se llevó a cabo en el Foro Nacional de Música de Polonia, en Breslavia, y es fruto de una serie de apoyos que han permitido que podamos hacer un trabajo discográfico relevante. El disco gira en torno a los villancicos de José de San Juan.
Lo cierto es que ahora mismo estamos viviendo un momento muy interesante entre las grabaciones en directo y las tomas de estudio. Tenemos por ejemplo un concierto grabado para el canal ARTE, también el concierto del Wigmore Hall está grabado… Notamos que esa energía del directo nos gusta pero también es importante hacer un trabajo de transferencia, más académico y de divulgación, que es también una faceta importante y que debemos cultivar.
En línea con esto uno de los retos es ver qué papel van a tener los discos en el futuro de Cantoría. Cada disco es como una declaración de intenciones, un atestado de cómo estamos y hacia dónde vamos. Por eso este segundo disco manifiesta más esta idea de Cantoría como un grupo grande.
Finalmente, ¿qué podemos comentar sobre la agenda de Cantoría en esta temporada 2026/2027?
Este mes de septiembre abordamos nuestra primera ópera, en Croacia; se trata de Venus y Adonis del compositor barroco inglés John Blow. Antes de eso pasaremos por Murcia, para cerrar el pequeño ciclo que hemos organizado en torno al Año Jubilar de Abanilla en la Región de Murcia.
Por supuesto los conciertos en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, como formación residente del CNDM, son muy importantes para mostrar en qué momento estamos.
Además por delante tenemos una gira por Latinoamérica, con conciertos en Colombia y Uruguay. El año que viene iremos a Canadá y hace algunos meses estuvimos en Bangladesh. Poco a poco vamos llevando nuestra música a distintos continentes.
Haremos también una gira por los Países Bajos, una región a la que estamos muy ligados; la residencia en el Festival Oude Muziek Utrecht fue uno de los hitos de nuestra trayectoria hasta la fecha, y ofreceremos cinco conciertos por todo el país.
Y sin duda uno de los compromisos más importantes de esta temporada es el concierto que ofrecemos en el Museo del Louvre, coincidiendo con la apertura de una muestra monográfica en torno a Zurbarán. Uno de los caminos que queremos llevar es precisamente este, el del diálogo con otras disciplinas artísticas.
Y aún no podemos desvelar nada más, pero habrá nuevas sorpresas para el verano del 2027. El reto es seguir creciendo, pero de manera sostenible.
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