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Joan Laínez: "Vivo mi carrera con ilusión y responsabilidad"
En apenas unos años, el tenor mallorquín Joan Laínez se ha hecho un hueco en la actualidad lírica de nuestro país. Su caso es singular, ya que ha llegado a la ópera a una edad más madura, mostrando un instrumento de lírico spinto realmente codiciado por teatros y orquestas. Conversamos con él al hilo de la nueva producción de Jenůfa de Janáček en A Coruña, en la que interpreta el rol de Steva, con escena de Emiliano Suárez y con dirección musical de José Miguel Pérez-Sierra.
Me gustaría comenzar situando su carrera profesional. Si echamos la mirada atrás, hace unos cuatro o cinco años creo que su nombre apenas figuraba en las temporadas líricas de nuestro país. Todo ha pasado muy rápido. ¿Cómo se han precipitado las cosas, por qué y cómo lo está viviendo usted, en primera persona?
Me considero realmente un novato en el mundo de la ópera. Este es mi quinto año en activo como cantante profesional. Hace cuatro años estaba cantando roles pequeños en lugares como el Teatro Principal de Palma de Mallorca, que fue el primer sitio donde me dieron la oportunidad para hacerlo. Mi formación musical es, en realidad, la que me ha llevado a estar donde estoy ahora. Yo soy pianista de carrera y también soy director de coro. En una ocasión, dirigiendo un coro para hacer La bohème, faltó el cantante que hacía el Parpignol, acepté hacerlo y ahí ya se vio que tenía voz para intentar cantar algo más. De esto hace ocho años; me puse a estudiar canto durante tres años en el conservatorio de Palma y después me puse a trabajar con David Menéndez. Y básicamente este es el resumen de cómo me metí en el mundo de la lírica.
¿Siempre ha tenido claro el tipo de instrumento que tenía entre manos? Lo digo porque ha irrumpido cantando un repertorio muy exigente y muy demandado, con roles para tenor lírico spinto y papeles de cierto dramatismo.
El instrumento realmente lo ha descubierto David Menéndez. Desde el primer momento él tuvo muy claro qué repertorio podía abordar. Esto llevó lógicamente una evolución, durante dos o tres años, intentando situar bien mi voz. Y una vez que eso estuvo ya en orden, realmente todo se ha precipitado muy deprisa. Yo empecé a estudiar canto con 41 años, muy tarde, y creo francamente que ha sido el tipo de voz que tengo lo que ha precipitado todo tan rápido.
Y esa precipitación, ¿cómo se lleva? Imagino que da mucho vértigo viéndose cantando roles como Radames de Aida en teatros como el Maestranza de Sevilla, por ejemplo, casi de la noche a la mañana.
Por un lado me siento como un niño pequeño en el día de Reyes, abriendo regalos continuamente, fascinándome con todo. Y con eso me estoy haciendo un repertorio, una cartera de roles, porque yo no tengo veinte años de trayectoria a mis espaldas. Al mismo tiempo todo esto trae consigo una enorme responsabilidad, ya no solo a nivel técnico y vocal, sino por lo que implican estos papeles y los que vendrán, en el sentido de que van aparejados con proyectos y producciones de mucha entidad, como esta Jenůfa que estamos montando en A Coruña. Para mí es importantísimo estar a la altura de la confianza depositada en mi por los teatros que me contratan.
Con respecto a esta Jenůfa, imagino que la responsabilidad es múltiple, primero por tratarse de una nueva producción con dirección de escena de Emiliano Suárez, con la exigencia que eso implica a nivel de ensayos, y segundo porque se trata de un rol, el de Steva, cantado en checo y con una tesitura bastante exigente.
Sí, es un rol complicado a nivel vocal, la tesitura es intensa. Además el propio Janáček es el autor del libreto, además de la música, con lo que todo está mucho más ligado. Es una obra maravillosamente escrita pero sin duda difícil, exigente y comprometida, además de estar en checo, que es una lengua que no hablo y que es compleja a la hora de estudiar. Es una lengua muy bonita y con una cierta lógica interna, una vez que te sumerges en ella.
¿Cómo están siendo los ensayos, a nivel escénico? ¿Qué nos puede contar de la propuesta escénica de Emiliano Suárez?
Yo invitaría a la gente a venir al teatro como quien viene a ver una película. Realmente es así como Emiliano está planteando su propuesta. La historia de Jenůfa, lo mismo que su música, es tremenda, de una enorme intensidad; además la partitura está cuajada de melodías de la música popular checa. Es una obra realmente increíble y la producción que estamos preparando en A Coruña tiene un aire cinematográfico que facilita seguir el argumento, incluso sin haberlo leído previamente. Además, es la primera vez que trabajo con el maestro José Miguel Pérez-Sierra y es un auténtico privilegio.
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Al margen de esta producción, por delante tiene una temporada muy intensa, coronada además por un debut en el Liceu, que imagino que le hará especial ilusión. Entretanto tiene Los gavilanes en Gran Canaria, Manon Lescaut en Oviedo, Hamlet y Owen Wingrave en Tenerife… un repertorio ciertamente variado y exigente.
Sí, me parece importante tener una temporada tan variada. No quiero encasillarme como un tenor de roles para lírico spinto. No quiero hacer tres o cuatro roles y ya está. No me quiero estancar en eso.
Con esta Manon Lescaut, también con escena de Emiliano Suárez, Oviedo vuelve a apostar por mí, después del debut como Radames que hice con ellos hace dos años. Para mí es importantísimo contar con la confianza de este tipo de entidades musicales; puedo decir lo mismo de Ópera de Catalunya, ya que me dieron la oportunidad de cantar Don José en Carmen.
Otro teatro que ha apostado por mí es Ópera de Tenerife. Hice con ellos María Moliner, después El holandés errante y La vida breve, y ahora tengo por delante dos compromisos más con ellos esta temporada. Estoy sumamente agradecido.
Y por supuesto me hace una ilusión tremenda debutar en el Liceu. Lo he dicho muchas veces: recuerdo ser un estudiante, pasar por delante del Liceu, en las Ramblas, y preguntarme si algún día cantaría allí. Y ese día va a llegar… Es increíble, muy emocionante. Además el debut llega con una obra, Schiava e Regina de Lluïsa Casagemas, que se tenía que haber estrenado en 1893. Me entusiasma aún más si cabe poder recuperar esta partitura y poner un granito en la historia del Liceu.
Mencionaba ahora que no tiene intención de estancarse en el repertorio puro y duro de tenor lírico spinto. Pero al mismo tiempo imagino que la tentación de armar una agenda a base de roles tan atractivos como Radames, Calaf, Don Carlo o Don Álvaro, es innegable. No hay tantos tenores ahí fuera capaces de resolver ese repertorio con solvencia.
Sí, por supuesto. Todo eso está por delante en mis planes y tiene un lugar central en mi agenda. Para mí fue un sueño debutar Radames, por ejemplo. Y por supuesto que quiero cantar estos roles, pero no quiero que sean lo único presente en mi agenda.
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Creo que recientemente publicó un proyecto discográfico con música de Joan Manau. ¿Qué nos puede contar al respecto?
Sí, se trata de L'alè del record de Joan Manau. Él no solo es compositor sino también pianista correpetidor y está muy ligado al mundo de la ópera. Conoce bien a los cantantes y buscaba un tenor lírico spinto que le diera un punto de dramatismo a la pieza. Es una obra intensa, el recuerdo de un poeta sobre su mujer, que falleció cuarenta años atrás.
En línea con esto, ¿tiene intención de incursionar más en el mundo de la canción y de la creación contemporánea? ¿Está pensando quizá en montar algún programa de recital en este sentido?
Sí, con María Victoria Cortés, que es la pianista que me descubrió y con la que suelo trabajar, llevamos ocho años colaborando, siempre hacemos una primera parte de autores actuales, vivos, en nuestros recitales: Miquel Ortega, Borja Mariño, Salvador Brotons, Antoni Parera Fons, etc.
Por último, tiene por delante también un par de compromisos importantes en Francia, nada menos que con el célebre Michel Plasson. Creo que hará con él La damnation de Faust.
Así es. Conocí al maestro Plasson en su casa en Toulouse, le gustó mi voz y llevaba ya un año diciéndome que quería trabajar conmigo. Surgió finalmente la posibilidad de hacer juntos La Damnation de Faust y estoy realmente encantado con ello. Será con la Orchestre de Pau, con la que también cantaré nuevamente el Requiem de Verdi, esta vez junto al maestro Fayçal Karoui. Son compromisos de una enorme responsabilidad que vivo con mucha ilusión.
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