
Una figura irrepetible
Serguéi Diáguilev. Una vida por el arte. Sjeng Scheijen. Editorial Akal. Madrid, 2026.
Para un mundo que no volverá. Este podría ser el resumen de lo que significó, de lo que significa, la figura de Serguéi Diáguilev. La editorial Akal, siempre atenta al mundo musical, traduce ahora la biografía más exhaustiva hasta la fecha sobre una de las figuras más significativas, contradictorias y atrayentes de la Europa del final del siglo XIX y los tres primeros decenios del siglo XX, incluida la traumática Primera Guerra Mundial. Sjeng Scheijen, el autor de este profundo estudio, repasa la vida de Diáguilev desde sus orígenes, de la Rusia terrateniente y burguesa hasta sus últimos pasos que le llevaron a morir a su Venecia, como su admirado Wagner, en agosto de 1929.
Diáguilev fue el creador de un fenómeno fundamental en la música del siglo XX: Los Ballets Rusos. Toda su génesis, desarrollo y múltiples avatares están narrados con profusión en este libro, que usa diversas fuentes pero, sobre todo, se basa en la correspondencia epistolar de gran número de los personajes que acompañan la vida del empresario ruso. Este, con un grupo de jóvenes intelectuales rusos agrupados en torno a la revista Mir Iskusstva (el mundo del arte), luchó por introducir la influencia europea en el mundo cultural ruso pre revolucionario y sobre todo, el mundo del arte y la música de la efervescente París del momento. Diáguilev fue el impulsor también de un movimiento al revés: el de llevar la cultura, el arte y, sobre todo la música y la danza clásica rusa al mundo occidental. Para ello creó Los Ballets Rusos, que no solo fue la compañía señera en Europa en el primer tercio del siglo, sino que aglutinó gran número de figuras fundamentales de la música, la pintura, el ballet o la coreografía. Los nombres de los grandes compositores rusos como Glinka, Rimski-Kórsakov, Piotr Chaikovski, Glazunov, Músorgski, Stravinski o Prokofiev aparecen en sus producciones, bien por adaptación de su música o por encargos directos de Diáguilev. Bailarines y coreógrafos como Michel Fokine, Vaslav Nijinsky, Anna Pávlova, o María Rambert fueron piezas fundamentales en sus montajes y también compositores del mundo parisino trabajaron con los Ballets como Ravel, Satie o Debussy o artistas como Picasso, Juan Gris, Braque o Sert.
Cuando uno se sumerge en este libro es como si entrara en un gran fresco de la Rusia Imperial que agoniza, de los movimientos que intentan luchar por modernizarla y, sobre todo, del París y la Europa del primer tercio del siglo XX. Nada es ajeno a este relato: ni los conflictos familiares de Diáguilev, ni su homosexualidad, ni los problemas políticos ni, sobre todo, lo que supuso la Gran Guerra para todo un continente. Una obra que todo amante de la historia y la cultura europea debería leer.