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Otello BadenBaden Skelton Yoncheva 

¿Quién mató al elefante?

Baden-Baden. 16/04/2019. Festspielhaus. Verdi: Otello. Stuart Skelton, Sonya Yoncheva, Vladimir Stoyanov, Francesco Demuro y otros. Dir. de escena: Robert Wilson. Dir. musical: Zubin Mehta.

Ya antes de iniciarse la función propiamente dicha los espectadores podíamos contemplar la enorme proyección de un enigmático elefante, sobre el inmenso escenario del Festspielhaus de Baden-Baden. Poco después, durante varios minutos asistíamos a una suerte de performance en la que escuchábamos el viento golpeando la nada en mitad de la sabana africana, al tiempo que veíamos como el elefante era abatido y caía al suelo, herido de muerte. Acto seguido, un enorme elefante, una recreación del que habíamos visto en imágenes, ocupaba el centro del escenario. Todavía ahora me pregunto quién mató a ese elefante y por qué Robert Wilson nos sacude con esa desagradable e incómoda imágen al inicio de su propuesta para el Otello de Verdi. El asunto del elefante era la comidilla entre los asistentes durante el entreacto: ¿qué demonios significa ese elefante? ¿Qué tiene que ver con Otello? Ciertamente si hubiera sido otro animal, un león por ejemplo, podríamos haber trazado una fácil e inmediata analogía entre su autoridad en la sabana africana y la periclitada gloria del moro de Venecia. Pero un elefante... ¿acaso estaba Wilson pensando en Aníbal? Y si es así... ¿que nos aporta esa fuerte imagen de un elefante abatido? Podríamos hacer nuestro el célebre microrrelato del guatemalteco Augusto Monterroso y decir: "Cuando despertó, el enigma del elefante todavía estaba allí".

Sea como fuere, la propuesta de Wilson para este Otello, obviando este enigmático arranque, venía a repetir ad nauseam sus rasgos más característicos, a saber: un fuerte estatismo; un lenguaje gestual premeditado y medido hasta el extremo; y un código estético de marcada clave cromática, hermoso por momentos, aunque repetitivo y previsible. Wilson ha firmado grandísimos trabajos, algunos tan memorables como su Pelléas et Mélisande. Funcionó muy bien por ejemplo su reciente Turandot del Teatro Real. Pero a este director de escena estadounidense se le resbala entre las manos cualquier pieza que vaya más allá del lenguaje simbólico o expresionista. Por descontado todo lo que tenga que ver con el romanticismo, como sucede con este Otello de Verdi, con un libreto de Arrigo Boito que reverencia a su manera el gran legado de Shakespeare, de quien no queda el más mínimo rastro en esta propuesta de Wilson. El resultado final es de una frialdad excesiva; todo resulta premeditado y predecible, casi hasta el tedio. Hay instantes hermosos, como toda la escena final de Desdemona, porque ciertamente la estética que Wilson cultiva tiene sus puntos fuertes. Pero todo el final queda absolutamente descafeinado, mecanizando casi de manera cómica la muerte de Desdemona primero y de Otello después. 

 

2019 Osterfestspiele Otello Demuro Stoyanov Skelton c Lucie Jansch

 

En el apartado vocal, el tenor australiano Stuart Skelton resultó ser un Otello problemático e irregular. Anodino a menudo en su fraseo, la emisión presentaba problemas serios en el giro hacia el agudo. El instrumento es más sonoro que verdaderamente incisivo, sin un squillo genuino. Skelton no posee tampoco un gran magnetismo en escena. Y sin embargo por instantes (‘Dio mi potevi’) parecía haber entendido muy bien el personaje, pero se trataba apenas de destellos puntuales. La emisión no es precisamente un ejemplo de homogeneidad, con sonidos un tanto rebuscados a la hora de acometer medias voces y reguladores, no siempre de buena factura. En conjunto, el suyo fue un Otello más cercano a un James McCracken que a un Jon Vickers, por tomar dos referentes del pasado con rasgos muy marcados en su hacer.

La soprano búlgara Sonya Yoncheva resultó todo un lujo como Desdemona, con unos medios suntuosos, de atractivo esmalte y notoria presencia. Su gran escena del cuarto acto fue intachable, con un logrado y contenido lirismo; lo mismo que sus dos grandes intervenciones anteriores ("Sterrefata fisso" y "A terra!... Si... Nel livido fango") de una fuerte impronta dramática. Muy convincente también el Iago de Vladimir Stoyanov, bien conocido por el público español a raíz de sus numerosas actuaciones en la temporada lírica bilbaína. Con escrupulosa atención al texto y una firme emisión, presentó un retrato muy sólido de este diabólico e intrigante personaje. Intachable también el Cassio del tenor italiano Francesco Demuro, con esa emisión liviana y fácil que resulta tan grata.

 

2019 Osterfestspiele Otello Skelton Yoncheva c Lucie Jansch

 

Fue toda una alegría volver a ver al ya mítico Zubin Mehta en el foso, si bien un tanto mermado su ímpetu, ese poderío tan suyo, tan ligado a su gesto con la batuta, ahora más contenida. El maestro indio dispuso un Otello de tiempos lentos, pausados, haciendo de la contención virtud, con unas dinámicas muy marcadas, casi ‘masticando’ la partitura a cámara lenta y deparando con ello grandes hallazgos (pocas veces se ha escuchado así de nítido el complejo concertante del tercer acto) aunque también algunos pasajes, claves para la acción, a los que faltó dinamismo, como en los instantes previos al ‘Niun mi tema’. Mehta convenció en todo caso por su incuestionable autoridad musical. Y es que pocas batutas podrían sostener una función en todo lo alto con unos tiempos tan contenidos y meditados. La versión musical, desde esta óptica introspectiva, fue contundente sin resultar jamás pesada o morosa; tuvo el foso así una sorprendente transparencia, una claridad y nitidez asombrosas.

De hecho, pocas veces se ha escuchado con esa minuciosidad la escritura verdiana en esta partitura, descubriendo un sinfín de detalles que a menudo pasan inadvertidos (segundas líneas melódicas en las cuerdas, estructuras rítmicas en segundo plano, intervenciones de las maderas, etc.). Por otro lado, la opción de Mehta cuadraba bastante bien con el ritmo interno de la propuesta de Wilson, incurriendo no obstante con ello en algunas puntuales hipotecas, en términos de dinamismo y acción. Y qué decir de los Berliner Philharmoniker. Increíbles. Absolutamente memorables. Qué sonido tan maravilloso. Pero no se trata ya simplemente de un sonido espectacular, de cara a la galería, sino de una musicalidad tan honda, de un compromiso tan auténtico con la batuta de Mehta. En fin, una ejecución musical para el recuerdo la que salió desde el foso en este Otello en Baden-Baden.

 

 

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