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Maria Eulàlia Pahissa: "Mi padre iba por libre"

Ha pasado muy desapercibido, pero este año se han cumplido 50 años de la muerte de Jaume Pahissa i Jo en Buenos Aires. A pesar del olvido endémico, Pahissa fue sin lugar a dudas un nombre muy importante de nuestra música, en esa etapa que José María Jover bautizó como la “Edad de Plata”. Su cuerpo, que descansa en el cementerio de La Chacarita, no volvió nunca a su país. Pero su música, que hubiera podido hacerlo, teniendo en cuenta su escasa presencia y la nula repercusión de esta y otras efemérides, tampoco ha logrado ser repatriada.

Hablamos con su hija, Maria Eulàlia Pahissa, quien lleva muchos años reivindicando sin éxito su obra en Cataluña. En ello recoge el testigo de su madre, que tampoco encontró respuesta de las instituciones culturales del país, como lo hace su hermano Ricard desde Argentina: “Mi hermano ha dedicado su vida a recopilar partituras y documentos de nuestro padre. Tiene su estudio de arquitectura repleto de cosas”. A la conversación con Platea se une su sobrina, Maria Lluïsa Pahissa, creadora -en su tiempo libre- de su página web para reunir documentación y recopilar su obra y lo que la rodea. 

 

Su vida ha transcurrido entre Cataluña y Argentina, desde que salió del país con su padre en 1937.  

(Maria Eulàlia Pahissa) Yo tengo 83 años, me casé con Mario, un periodista argentino -que murió joven de un cáncer- y llegaron los militares en 1976. Cuando algunos amigos comenzaron a sufrir la represión de la dictadura, mi marido me dijo: ¿Qué te parece si nos vamos a España? Le respondí sin pensarlo que sí (nunca entendió por qué le dije tan rápido que sí). Salimos con lo mínimo y llegamos primero a Madrid, y después -como yo tenía una enorme familia materna- a Barcelona, para comenzar de cero.

(Maria Lluïsa Pahissa) Tu madre todavía vivía, y el proceso de traer a Barcelona la música de tu padre todavía no había comenzado.

(M.E.P.) Sí. En resumen, dos veces exiliada. Y cuando hubo el golpe de Tejero, nos preguntamos a qué país iríamos.

¿Cómo se conocieron sus padres?

(Maria Eulàlia Pahissa) En un ensayo. Acudió con mi tía, que era amiga de Rafael Moragas, un amigo íntimo de mi padre. Mi madre lo vio dirigiendo la orquesta y dijo: “no me importaría casarme con Pahissa”. Donde puso el ojo puso la bala (risas). Más de veinte años de diferencia había entre los dos. Mi padre tenía la edad de mi abuela materna, que era muy religiosa (tenía un confesor) y le decía a mi madre que no quería que se casara con aquel bohemio, y que se quedaría viuda cargada de hijos (que es lo que le había pasado a ella). Mi madre, que era de armas tomar, fue hablar con el confesor y le aseguró que si su madre no aceptaba esa unión, se escaparía con Pahissa. El confesor le advirtió a mi abuela “esta lo dice y lo hace” (risas). Mi madre, que sobrevivió veinte años a mi padre, luchó hasta el final y fue a ver a todas las autoridades posibles. Ya no sabía con quién hablar para que se hiciera justicia con su música.  

Jaume Pahissa conoció y trató a muchas figuras de la música y la cultura. Por ejemplo, Pau Casals.

Mi padre dirigió su orquesta, en el Palau de la Música y en el Palau Nacional. Casals y él eran muy amigos y tuve la oportunidad de conocerlo en Buenos Aires, donde le organizaron una fiesta después de un concierto. Las mujeres lo dejaban porque se levantaba en pijama a tocar… le preocupaba mantener el nivel. Y Casals también iba a la peña de La Punyalada cuando podía, porque era muy disciplinado, no era como mi padre o Santiago Rusiñol, más de "pasárselo bien".

Contaría muchas anécdotas de la época.

Todo lo que sé es por lo que me contaba.

Amigo también de Francesc Pujols, Eugeni d’Ors...

Sí, Pujols y mi padre eran muy amigos. Cuando mis padres vinieron en 1961 fueron a verlo a la Torre de les Hores, con mi hermano Ricard que estaba en su viaje final de carrera.

Y con d’Ors eran compañeros de toda la vida, del instituto. Siempre contaba la anécdota de que como d'Ors era de buena familia, tenía que soportar bromas de los compañeros, lo tiraban al suelo... Conservo con mucho cariño las cartas que se enviaron. Cuando yo tenía doce o trece años, recuerdo que me llevaban a no sé cuántos conciertos y a las conferencias de d'Ors, en la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Yo no entendía nada, claro. Después venía a comer a casa (cuando venía alguien a Buenos Aires como él, se quedaba a comer). Mi madre cocinaba muy bien y lo hacía todo, era una fuerza de la naturaleza aquella mujer. Él no sabía nada de las tareas de la casa… era otra época, y mi madre era así...

Por nuestra casa pasaban todos los músicos, artistas, e intelectuales de la época que te puedas imaginar, y mi padre mantenía amistad con muchos de ellos: Regino Sainz de la Maza, Andrés Segovia,  Miguel de Molina, Joaquín Rodrigo, Nicanor Zabaleta…

Con Falla supongo que existió una relación estrecha.

Yo tenía ocho años cuando lo conocí. Estuvimos quince días en su casa. Mi padre y él charlaban mucho. Falla, que vivía con su hermana, era un hombre muy especial, supersticioso... muy peculiar. Y me tenía mucho aprecio. De hecho toqué en su piano una "tontería" que yo había compuesto, y me dedicó un programa: "a mi querida amiga y colega..." (risas) Aseguraba que su vida había estado marcada por hechos importantes cada siete años. Estando con él, le dijo a mi padre "ahora se cumplirán los siete años, a ver qué me pasará...". Y se murió a los pocos días.

Dejando la Atlántida inacabada. Pahissa decía que había poco de Falla en lo que  se hizo después.

Es que había muy poco escrito de La Atlántida...  Recuerdo que Falla y su hermana no llegaban a fin de mes. ¡Y su música se tocaba por todo el mundo! Así que Conxita Badia y mi padre fueron indignados a hablar con la SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) para decirles que la situación era una vergüenza. A partir de entonces, Falla recibió una cantidad mensual. 

¿Cómo fue la llegada y la actividad de su padre en Buenos Aires?

El asunto era salir de aquí porque la situación era peligrosa. Yo tenía 15 meses. Nos embarcamos en el Emérity, un barco con refugiados franceses. Así llegamos a Marsella y allá unos parientes de mi madre nos llevaron por tierra hasta Génova, donde tomamos el Augustus, un transatlántico muy grande que no podía entrar en el puerto. En el barco permanecimos casi un mes; allá cada uno hablaba un idioma, italiano, francés, griego... y yo harta pedía "¡habla como yo!" (risas) Bajamos a tierra en Brasil. Mi padre le dijo a mi hermano Ricard: "¿ves? Ahora hemos llegado a una tierra de libertad donde no hay guerra", porque dejábamos atrás los bombardeos, las bajadas al sótano, los coches de milicianos ametrallando... y justo cuando le estaba diciendo eso ¡pum!, la explosión de un neumático reventando. Mi hermano que entonces tenía tres años exclamó: "¿ves? Ya comienzan...". (risas) Y yo tenía miedo a los truenos.

 

 

¿Fue a Argentina con un contrato?

Sí, le contrataron de Radio El Mundo para dirigir conciertos, y también dirigió alguno en el Teatro Colón. Después se dedicó a actividades como la docencia. Componía, pero la gran obra la había creado aquí. Fue director estable de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y trabajó mucho. Programaba sus obras junto al gran repertorio.         

En casa daba clases de armonía, contrapunto, composición y orquestación. Un día empezaron a tomar clases dos personas de mediana edad: Emilio Zitano, violinista y Julio Perpi, pianista. Pero en una ocasión coincidieron en casa con Félix Rodríguez, hijo de la bailarina María Antinea, que estaba muy acostumbrado al ambiente nocturno y que dijo al ver a Perpi: "¡Pero si ese es Osvaldo Pugliese!". Era un director de orquesta de tango muy conocido. Resulta que habían dado otro nombre para acceder a las clases. Mi madre, que no se podía callar, le dijo que había descubierto quién era y no volvieron nunca más. ¡Lo controlaba todo! 

Durante sus años allá se dedicó mucho a la labor teórica. ¿Se ha publicado todo?

Sí, los conocidos Espíritu y cuerpo de la música, Sendas y cumbres de la música española... Y La música y el hombre, ya es una recopilación de escritos que hizo después mi madre.

(Maria Lluïsa Pahissa) Los grandes problemas de la música está presente en todas las facultades del mundo, y en cambio no se ha reeditado desde hace mucho.

(Maria Eulàlia Pahissa) Además le interesaban mucho las matemáticas y pasó la vida haciendo cálculos, buscando la trisección del ángulo. Todo el día estaba haciendo números, se quedaba hasta las dos o tres de la madrugada. Por eso mi madre decía: “en esta casa no hay mañanas, sólo tardes y noches”. Pero es que le interesaba todo, era un sabio. Mis amigos y los amigos de mis hermanos venían a escucharlo hablar, no venían por nosotros.

Además de lo que sabía, tendría mucho que explicar sobre tanta gente que había conocido.

Sí. Y también en Argentina, siempre había gente en casa y seguía teniendo relación con muchos músicos. Por ejemplo, la extraordinaria violinista Rosa Mas –de la que mi padre habla en Sendas y cumbres de la música española– era como de la familia, vivió catorce años allá. Era una mujer frágil que cuando subía al escenario se transformaba.

Su padre mantuvo desde Argentina su vinculación con Cataluña, ¿verdad?

Sí, a través del Casal de Cataluña, por ejemplo. Además en 1941 presidió los primeros Jocs Florals en el exilio, y volvió a hacerlo en 1960 en el aula magna de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, donde también intervino Margarida Xirgu.       

¿La intención de Pahissa era volver a España, o tenía claro que no volvería?

Tenía claro que no volvería. En 1961 vino a Barcelona puntualmente de visita. En ese viaje visitó el mausoleo de Gala Placídia en Rávena.

¿Entró en contacto con músicos durante ese tiempo?

Sí, con muchos. Con Ricard Lamote de Grignon, por ejemplo, que en una ocasión le cedió la batuta de la Banda Municipal de Barcelona en la plaza del Rei, cuando estaban tocando música de mi padre. Pasaba mucho tiempo en la hemeroteca, copiando a mano artículos que no tenía, para llevar material para Argentina.  

Estaba comprometido con ideas políticas y eso haría más difícil su regreso.

 Era absolutamente republicano.

(Maria Lluïsa Pahissa) De hecho la película Aurora de esperanza para la que puso música fue producida por la CNT, de manera que estaba implicado.    

(Maria Eulàlia Pahissa): Removiendo papeles he encontrado algún artículo hablando de Cataluña desde allá, y lo tenía muy claro.

(M.Ll. P.) Es verdad que se fue mucho antes que otros, que esperaron al final, pero eran las circunstancias.

(M.E.P.) Ellos pensaban que la guerra duraría poco.

(M.Ll. P.) Cuando llegó a Argentina en 1937 ya habían fusilado a García Lorca, cosa que nadie creía que pasaría.

(M.E.P.) Y a finales de ese año estrenó su Cantata en la tumba de Federico García Lorca 

(M.Ll. P.) Precisamente uno de los actos bonitos en torno a Pahissa fue el 2016 en el Palau de la Música Catalana, durante el acto inaugural de la conmemoración de los 80 años del inicio de la guerra civil. Allí se interpretó por primera vez en Cataluña su Cançó del somni dedicada a los expatriados. El otro fue antes, en 2015 para el homenaje a Lluís Companys y los compositores represaliados, cuando la Orquesta Sinfónica de la ESMUC interpretó el "Final" de La presó de Lleida en el MNAC.

(M.E.P.) En ese lugar donde había dirigido tantas veces... y donde está el órgano que lo involucró en una polémica, porque decía que el órgano era para tocar en la iglesia.

 

 

Pahissa era un polemista.

(Maria Eulàlia Pahissa) Sí, lo era, y además nada amigo de la Iglesia. Y cuando dijo eso, se armó... Era un tipo que iba por libre, no formaba parte de ninguna "capillita".

¿Cuáles eran sus grandes referentes?

Wagner. Era un wagneriano total. Y después Beethoven, Bach, Richard Strauss, Mendelssohn, Schubert… Pero su obra estaba muy influida por el ejemplo de Wagner.

¿En qué grado tiene peso en él el magisterio de Enric Morera y su condición de autodidacta?   

(Maria Lluïsa Pahissa) Se sabe que frecuentaba la biblioteca pública Arús, donde consultaba libros para documentarse sobre sus estudios musicales.

(Maria Eulàlia Pahissa) A Morera lo tenía en alta estima y lo consideraba su maestro. ¡Y Morera también era alguien polémico y tenía sus problemas!

¿Cuál es la situación actual de su legado documental? 

Mi hermano Ricard tiene los originales de las partituras en Buenos Aires. Aquí están todas las copias, porque él lo envió todo. Se dedicó durante años a copiar por ejemplo, recortes de críticas (en siete volúmenes) o la correspondencia con personalidades importantes. 

¿Y la relación con la Biblioteca de Catalunya, que tiene el Fondo Pahissa?

Hay un contrato firmado para recibir los originales y están esperando que mi hermano acabe de preparar todo el material. Manuel Jorba i Jorba fue quien inició el proceso cuando era director de la biblioteca, y cada vez que iba a Argentina regresaba con algunos originales. El próximo 20 de noviembre viajaré a Argentina y lo dejaré todo arreglado.

Para hacer balance del 50 aniversario durante el 2019. ¿Se hizo un concierto en el Museo Frederic Marès junto al busto de Pahissa, verdad?

Sí, coincidiendo también con el 70 aniversario del museo, muy bien realizado. Cada trimestre habían programado una actividad, y este era el acto inaugural. Respecto a los bustos, propusimos la creación de un espacio Pahissa en la Biblioteca de Catalunya, ofreciéndoles llevarlos junto a otro material, pero no resultó.

¿Ha habido otro proyecto para el 50 aniversario?

No.

Las instituciones no han estado a la altura.

Me he cansado de ir mendigando y pidiendo que toquen la música de mi padre. El Liceu siempre hace lo mismo, Puccini, Verdi... ¡Que están muy bien! De hecho a mi padre le gustaba mucho Puccini y el último Verdi. Pero...

La OBC sí hizo algo en los últimos años.

Sí, pero hace tiempo. Y ha habido algunos intentos de gente por su cuenta. Pero no este año. No digo que el suyo sea el único caso, todos se tienen que recuperar. Somos un país pequeño y no tenemos en cuenta los artistas que hemos tenido. Es absurdo.

(Maria Lluïsa Pahissa) Después hay otro fenómeno, que es el hecho de que existen muchas partituras que los herederos -conscientemente o no- las han cedido a editoriales. De modo que para tocar esas obras, un músico debe pagar. Ha pasado con Granados.

(Eulàlia Pahissa) Sí, Granados hasta hace poco no ha pasado a dominio público.

(M. Ll. P) Es patrimonio cultural de todos, no de una familia o de una herencia. Mi propio primo, que se dedica a la realización de audiovisuales, no pudo utilizar un fragmento de música de Pahissa para un vídeo de divulgación porque tenía que pagar un montón de dinero. Aquí falla algo. Y puede ser que haya frenado algunos proyectos.

(M.E.P.) Es muy interesante lo que hace Jordi Gargallo y la Associació Musical de Mestres Directors. Él es como un gran conservador del patrimonio y hacen lo que pueden con pocos recursos. Muchos músicos han contactado conmigo para pedirme partituras y yo les paso lo que me manda mi hermano.

Incluso intentamos con Ignasi Campà, primo mío y antiguo miembro del coro del Liceu, crear una fundación.

¿El impedimento era el dinero?

Sí. Pero también recuerdo que recibimos de Argentina un día la partitura -si no me equivoco- de Gal·la Placídia y fuimos a llevársela a Joan Matabosch, entonces director artístico del Liceu. La perdió. 

¿Recuerda si su padre sentía especial predilección por alguna de sus obras?

Si lo sentía, no lo manifestaba.

Era reservado.

Sí, era reservado y no solía expresar sus sentimientos al respecto. Yo supongo que la Suite intertonal, por el hecho de que era la creación basada en su sistema. Después, su discípulo Pompeyo Camps, un argentino de origen catalán, escribió obras utilizando el sistema intertonal.  

¿Cree que en Argentina la consideración de Pahissa es mayor?

Allá está bien considerado y al menos se tocan cosas.

 

 

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