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Flauta Magica real 2020 javier del real0336 1

Lo ya visto

Madrid. 07/02/19. Teatro Real. Mozart: Die Zauberföte. Stanislas de Barbeyrac (Tamino). Anett Fritsch (Pamina). Andreas Wolf (Papageno). Albina Shagimuratova (Reina de la Noche). Mikeldi Atxalandabaso (Monostatos). Andrea Mastroni (Sarastro). Elena Copons / Gemma Coma-Alabert / Marie-Luise Dressen (Tres damas). Ruth Rosique (Papagena), entre otros. Orquesta Sinfónica de Madrid. Coro Intermezzo. Suzanne Andrade y Barrie Kosky, dirección de escena. Ivor Bolton, dirección musical.

Ya estamos otra vez con el  "otra vez". No en pocas ocasiones, cuando el teatro de ópera de una ciudad repite título (e incluso puesta en escena), se elevan algunas voces entre sus abonados o entre quienes escribimos, apuntando sobre la aparentemente innecesaria reincidencia sobre sus tablas. Dejando a un lado el pragmatismo lógico de la programación de un teatro, puesto que el dinero no crece en los árboles ni en las entradas que, suele coincidir, esas mismas voces no compran cuando el director artístico arriesga, ¿realmente es el "otra vez" un "exactamente otra vez" cuando hablamos de creación en general y de teatro y música en concreto? ¿Existe la repetición cuando hablamos de creación? ¿O más bien y en este caso, existe el negacionismo previo por parte de quien escucha?. ¿Por qué tendríamos que negarnos a entrar más de una vez al Museo del Prado? ¿Por qué renunciar a leer una y otra vez Soledades, Hojas de hierba, o La señorita Julia, por ejemplo? ¿Por qué no volver a llorar por enésima vez con la misma película de determinada actriz o actor? ¿Por qué ahora, entonces, señalar que La flauta mágica de Barrie Kosky se acaba de programar en el Teatro Real, antes de disfrutar de nuevo de Mozart? ¡Máxime cuando la propuesta de Kosky y Andrade es un vehículo perfecto para la música del compositor!

Así, por el escenario del Teatro Real vuelven a pasar, de nuevo y al mismo tiempo por primera vez, aquellas míticas figuras del cine de años ha, o sus reminiscencias al menos: Buster Keaton, Max Schreck, El maquinista de la general, Nosferatu, o Mary Duncan... en una propuesta que bebe del vodevil y del expresionismo alemán de los años treinta, con una maravillosa animación dibujada a mano (a mí ese gato negro me da la vida, lo confieso) y unos diálogos, eso sí, que han sido suprimidos, cambiándolos por breves textos en imitación del cine mudo. Calcula la Komische Oper de Berlín, de donde procede la producción, que casi 500.000 personas han disfrutado ya con ella en todo el mundo. Se dice pronto, pero ojalá todas las propuestas tuvieran el mismo recorrido y engancharan tanto al público como esta cinematográfica Flauta. Es esta la cuarta vez que la veo y, personalmente, sigo encontrando nuevos mensajes, nuevos detalles, a pesar de su aparente sencillez en el concepto y lo lineal de su desarrollo con la propuesta del director australiano.

En esta ocasión, repetía Ivor Bolton en el foso del Real, con una lectura mejor estructurada que hace unos años años, de tempi más ajustados, menos morosos y con más acentuación y drama en la batuta, manca de lirismo como suele acostumbrar Bolton, en una Sinfónica de Madrid que respondió siempre a un elevado nivel. Stanislas de Barbeyrac ofrece un Tamino de voz lírica, de timbre ancho y bruñido, resuelto en la zona aguda, al lado de la Pamina de Anett Fritsch, correcta y de punto ácido. 

Albina Shagimuratova es un derroche de proyección como La reina de la noche, con una voz ya de ligera que acomete su parte de forma incontestable. Correcto el Papageno de Andreas Wolf, notable el Sarastro de Andrea Mastroni y extraordinario el plantel de comprimarios, empezando por el estupendísimo Monostatos de Mikeldi Atxalandabaso, que tiene muy bien cogido el punto al papel y a los requerimientos de Kosky. Escucharle recientemente como protagonista heróico de la Mirentxu que ofrecía el Teatro de la Zarzuela y ahora en este divertido planteamiento dice mucho del dinamismo y profesionalidad de este cantante. Estupendas también las tres damas: Elena Copons, Gemma Coma-Alabert y Marie Luise Dressen, que enamoran por sus voces y su punto cómico; así como la Papagena de Ruth Rosique.

Amantes de lo ya visto, ¡apunten! porque según tengo entendido, en el Teatro Real volveremos a aprender y emocionarnos en poco tiempo con La Bohème de Puccini, (misma versión de Jones?!), con Le nozze di Figaro de Mozart (ojalá en la misma versión de Emilio Sagi), con Aida de Verdi (¿quizá de nuevo con Hugo de Ana?) o con Norma de Bellini (venga va... en la misma versión de Livermore, ¿por qué no?)... quien no quiera caldo, aqui vienen dos tazas.

Foto: Javier del Real.

 

 

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