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saioa francesco zarzuela javier del real 0392

El todo por la parte

Madrid. 28/03/21. Teatro de la Zarzuela. Obras de Barbieri, Bretón, Penella, Moreno-Torroba y Vives, entre otros. Saioa Hernández, soprano. Francesco Pio Galasso, tenor. Vincenzo Scalera, piano.

Si les digo que sobre la zarzuela pesan demasiados prejuicios actuales, que durante muchos años fueron verdades, no les descubro nada nuevo. De entre todas ellas, no ha ayudado a su recepción y difusión a lo largo del tiempo cierta forma de cantarla, que acabó pareciendo, durante una época, "la" forma de cantarla. En el recital ofrecido por el matrimonio formado por Saioa Hernández y Francesco Pio Galasso en el Teatro de la Zarzuela, el domingo 28, quien escribe tuvo la sensación de estar asistiendo a un reducto del pasado, a un camino ya no tan transitado para ofrecer este género. No digo ni mejor ni peor, pero tras un tiempo prudencial, cavilando sobre las emociones recibidas y sentidas, sí que un camino diferente.

En el programa, una serie de romanzas y dúos de zarzuela que recorrían prácticamente toda la historia del género, desde Barbieri a Sorozábal, desde principios del siglo XIX hasta finales del XX, donde primó una especie de sinécdoque musical por parte de las voces congregadas, que hizo brillar el todo por la parte. Regresaba Saioa Hernández a la calle Jovellanos como la artista que siempre ha sido, como la diva que ahora es. Debutó aquí hará una década, con El Gato Montés y en 2014 llegó su participación en Curro Vargas. Entonces no se le hacía justicia, prestándole una atención que debía haber sido mayor, y ahora que ha abierto la temporada de La Scala y canta en los principales escenarios, entre las butacas no dejaba de oírse: "En España es que la gente no sabe lo que tenemos". Después, los aplausos eran atronadores. ¡Cómo somos el público y los medios de la clásica! ¿No les parece?

La madrileña, sin duda una artista hecha a sí misma, escogió un repertorio peculiar, seguramente sujeto a una parte emocional del mismo, con algunos fragmentos donde no terminó de lucirse como debiera. No por falta de medios, sino por las características de los roles, más ligeros. Fue el caso de los dos cortes de Barbieri (Jugar con fuego y Los diamantes de la corona), o con Doña Francisquita de Vives. Estupendamente bien cantados, pero donde no dio la sensación de poder lucir su instrumento en plenitud. Mayores incomodidades le supuso El rey que rabió de Chapí y, en cambio, ya en otras coordenadas vocales, destacó muy especialmente en El anillo de hierro de Marqués, con la romanza Lágrimas mías, ¿en dónde estáis? Su voz se deplegó sonora, caudalosa, en un timbre ancho, mostrando su grave generoso y un agudo certero, de gran calibre. Acompañó, además, su siempre acertada expresividad, vocal y dramática. Asimismo, sobresalió en La Dolores de Bretón, o en la Plegaria de Don Gil de Alcalá.

Por su parte, Francesco Pio Galasso salió al escenario, ya desde el minuto uno, a darlo todo. A entregarse. Una pieza tras otra de gran exposición y gran exigencia, que le pasaron factura en más de una ocasión. No hubo demasiado espacio para las dinámicas o matices, cantando la mayoría del tiempo en forte, pero mostrando siempre potencia vocal y envidiable dicción y proyección. Habiendo escuchado en la Zarzuela todas estas páginas recientemente, a tenores como Ismael Jordi, Javier Camarena, o Celso Albelo, se me hacen unas maneras (no hablo de timbres o tesituras), ya digo, que asocio más al pasado. Caminos diferentes de acercarse a la zarzuela, de ofrecerla, sin entrar a debatir si son mejores o peores. Galasso tuvo sus mejores momentos en la conocida No puede ser, de La tabernera del puerto, así como en los dúos con su mujer, especialmente en Cállate, corazón, de Luisa Fernanda, en la mencionada Dolores y en Amor, mi raza sabe conquistar, de La leyenda del beso

Junto a la pareja, digna de toda alabanza fue la intervención de Vincenzo Scalera, sin duda uno de los mejores pianistas acompañantes del mundo en la actualidad. Fraseo, evocación, ductilidad y flexibilidad ante un repertorio tan variado y, seguramente, no muy transitado por él... y ante las necesidades de los cantantes. Excelente de principio a fin. Un fin que llegó con el dúo de El Gato Montés como propina, con el hombre toreando a su mujer, mantón mediante... una música estupenda, con unas imágenes con las que no me siento identificado.

Foto: Javier del Real.

 

 

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