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The Tallis Scholars

Música pura

Estella. 2/09/2019. 50ª Semana de Música Antigua. Iglesia de Santa Clara. Obras de Palestrina, de Morales, Festa, Carpentras, Allegri, Campkin y Des Prés. The Tallis Scholars. Dirección musical: Peter Philips.

Nueva visita a Estella y nueva sensación de plenitud musical. Y eso no es fácil. Ello en la quincuagésima edición de un festival dedicado a la música antigua; y esto tampoco es fácil. Todo lo anterior en una pequeña ciudad, capital de una merindad de la Navarra media. Y esto es casi un milagro. La Semana de Música Antigua de Estella-Lizarra cumple, efectivamente, una de esas ediciones que por tradición se caracteriza como especial por ser la número 50 y la dirección de la misma ha decidido agrupar todos los conciertos bajo el epígrafe de (Re)encuentros al decidir invitar a algunos de los artistas más relevantes que han participado en ediciones anteriores, caso de The Tallis Scholars, Antonio Baciero o Raquel Anduela, solo por citar algunos.

Cualquiera de los conciertos programados por la Semana podría haber sido centro de nuestra atención y elegimos el de uno de los grupos polifónicos más importantes del mundo, The Tallis Schollars y tras casi dos horas de música un servidor se vio abrumado por la sensación de haber escuchado música en su pureza más estricta, sin alharacas ni artificios. Solo Música. El programa propuesto estaba estructurado de forma original: se “construía” una misa con fragmentos de cinco distintas, todas ellas surgidas del arte de Giovanni Pierluigi da Palestrina. Así, el Kyrie era de la Missa Assumpta est Maria, el Gloria correspondía a la Missa Ecce ego Johannes, el Credo se elegía de la Missa Papae Marcelli; el Sanctus y el Benedictus eran partes de la Missa Confitebor tibi domine mientras que el conclusivo Agnus Dei lo era de la Missa Brevis.

Intercalados entre las partes de la misa distintas piezas religiosas de Cristóbal de Morales, Costanzo Festa, Carpentras, Gregorio Allegri y Josquin Des Prés, compositores todos ellos–más o menos- coetáneos de Palestrina, además de otra obra del compositor británico contemporáneo Alexander Campkin, su Miserere mei. Todos, con la lógica excepción del contemporáneo, tenían en común su relación a la Capilla Sixtina, de la Ciudad del Vaticano. 

Aludir a la pureza de la música nos obliga a reconocer el alto grado de satisfacción que nos produjo un concierto en el que las prestaciones técnicas, la musicalidad del grupo, la polivalencia de sus componentes y la destreza de su director, Peter Philips, resultan paradigmáticas. Asistir a un concierto de este grupo británico nos reconcilia con el Canto como arte. Un grupo de diez solistas ensamblados hasta parecer un único ser cantor, sometidos al valor intrínseco de la música, al servicio de la misma y con unas cualidades técnicas irreprochables: un fiato sorprendente, una afinación impoluta y una emisión limpia de afecciones dramáticas. 

Los diez componentes presentes –además del director- bien intercambiaban sus posiciones bien participaban en la interpretación de la misma en virtud de las necesidades y/o exigencias de la partitura y así pudimos asistir a piezas cantadas por un cuarteto vocal o por el grupo en pleno, las más de ellas. En otras ocasiones el grupo creaba distintas referencias espaciales por la disposición de sus componentes, siendo ejemplo perfecto de ello la interpretación brillante del Miserere, de Gregorio Allegri con un coro de cuatro voces en el altar, un segundo grupo de cinco en la sacristía y el solista monódico situado a la entrada del recinto. Un efecto sorprendente y que impacto sobremanera en el público.

Queda apuntada la musicalidad del grupo; porque quizás lo más reseñable es sentir la disposición de los cantantes a servir a la música, no a servirse de ella. Lo importante es ser capaz de transmitir –en el caso de las obras que nos ocupan- la espiritualidad de estas obras más que cualquier otro efectismo que de ellas pudiera extraerse. A consecuencia de ello la música nos llega limpia, cristalina.

Hay que subrayar, finalmente, la eterna sonrisa que acompaña a Peter Philips, fundador del grupoen 1973 y por ello último responsable de que nos llegue esta música con tal calidad; un músico que prestigia lo escrito en los siglos XVI y XVII en un estilo que por prejuicios nos puede parecer antiguo y que, sin embargo, presentado con tal calidad se nos aparece –incluso- moderno. Sirva como ejemplo el perfecto ensamblaje de todo el concierto con el Miserere mei, de Alexander Campkin, compositor británico nacido en 1984. La obra de este compositor, además de plantear dificultades técnicas de primer orden (la exigencia de la nota pedal al bajo es inclemente) se encardina perfectamente con todo el programa que le rodeaba y ello no tanto por el estilo antiguo de su escritura sino por la modernidad que traslucen las obras de compositores de hace quinientos años.

En definitiva, un concierto que después de haber sido seguido con silencio respetuoso durante casi cien minutos, finalizo (tras un regalo en forma de Crucifixus, de Antonio Lotti) con el público en pie, reconociendo el valor de lo ofrecido por The Tallis Scholars. El recinto, la pequeña iglesia de Santa Clara, en pleno centro de la población navarra, se quedó pequeño pues fue no poca la gente que pude comprobar se quedaba fuera por no ser previsor. Unas doscientas personas tuvimos el privilegio de asistir en directo a un concierto que alza a la Música como un arte absoluto. Y por ello es de recibo agradecer a los artistas, a los organizadores y a los asistentes, por su comunión con el espectáculo, el haber disfrutado de un concierto de semejante altura.

 

 

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