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Electricidad

Barcelona. 12/03/17. Palau de la Música Catalana. Temporada Palau 100. Ludwig van Beethoven: Integral de sinfonías. Sinfonía núm. 3 en Mi bemol mayor, op. 55. Sinfonía núm. 4 en Si bemol mayor, op. 60. Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Dirección: Gustavo Dudamel

El Palau de la Música Catalana está estos días en el candelero. En pleno juicio por el "Caso Millet", el histórico ciclo de las 9 Sinfonías de Beethoven que han emprendido la Orquesta Sinfónica  Simón Bolívar y Gustavo Dudamel ha situado al Palau en el centro del foco mediático musical. Sin duda todo un hito en la historia de la casa y un éxito de la gestión actual, encabezada por Joan Ollé, con la indispensable colaboración de Víctor García y un gran equipo que, en un momento delicado a nivel mediático, han conseguido algo impensable: que la música sea la protagonista.

El Domingo 12 de marzo, en doble sesión, matinal y de tarde, Dudamel y su orquesta empezaron a desgranar un ciclo que ha despertado en Barcelona una expectación inusitada. Jordi Maddaleno se encargará de dar buena cuenta, a través de sus crónicas, del ciclo en su conjunto. Aquí sólo haré una valoración sucinta del segundo de los conciertos, es decir, el que comprendía la Tercera y Cuarta sinfonía, pero sobretodo, del ambiente expectante, eléctrico, inolvidable que se está viviendo estos días de total comunión entre orquesta, director y público.

Con las entradas agotadas y transmisiones en streaming a través de la propia web del Palau así como de Medici.tv y la web de El país, apareció, pasadas las 7 de la tarde, Gustavo Dudamel en el escenario de un Palau en el que se percibía un ambiente caldeado. El concierto de la mañana marcaba el inicio de un acontecimiento musical como pocas veces se ha vivido en la Ciudad Condal y todo el mundo parece ser consciente de ello. La Orquesta Simón Bolívar, como le es habitual, utilizó una amplia formación para afrontar el reto, en la línea tradicional y sin asumir tendencias historicistas. Primeros y segundos violines frente a frente con los chelos integrados en sus filas. Silencio reverencial (e insólito) entre un público expectante y entregado de buenas a primeras.

Y entonces, los primeros compases de la Heroíca, emocionantes, empezaron a desgranarse con fluidez, con esa "naturalidad", en el más amplio sentido de la palabra, que exige Beethoven para desembocar en un segundo movimiento memorable. Una introducción grave, profunda en la que se exhibió la calidad suntuosa de las cuerdas, pero también de las impecables maderas. A diferencia de conciertos anteriores de la Simón Bolívar en Barcelona, quizás porque la gira conlleva la grabación de esta integral beethoveniana, la orquesta ha matizado su intensidad sonora, a veces un tanto "epatante", para ofrecer una mayor sutileza, una enorme variedad de colores y un fraseo amplio y elegante. 

A esta metamorfosis no le es ajena la madurez de los miembros de la orquesta. Aquellos niños talentosos y entusiastas que dejaron asombrado al mundo ya son músicos maduros, con un bagaje internacional impresionante. Y Dudamel ha dejado de ser el wunderkind de la dirección para convertirse en uno de los más solicitados y consistentes directores de la actualidad. Lo ha demostrado en este concierto, con un gesto claro, elegante y flexible, compartiendo con sus músicos el goce de ésta experiencia única. La orquesta mantiene el entusiasmo intacto. Qué placer observar balancearse a los músico en el borde de su silla! Sólo así puede interpretarse a Beethoven como dios manda. Al filo del abismo. 

El tercer movimiento fue espectacular por la precisión del diálogo entre las diferentes secciones y por unas fanfarrias de los metales de sonido irreal, aterciopelado para acabar con un cuarto absolutamente exultante, pletórico. Un triunfo en toda regla, absolutamente merecido.

La cuarta sinfonía fue un torrente de energía, incluso en los bellísimos y sostenido pianisimos a los que hay que añadir unos tutti pletóricos de intensidad pero también de esponjosa morbidez. Espectaculares por precisión y expresividad los pizzicati que concluyen la exposición del primer tema del primer movimiento. Si bien es cierto que, en algún compás del 2º movimiento, hubo momentos de menor precisión en el conjunto, algo posiblemente atribuible al agotamiento por esta maratón dominguera (4 sinfomías y dos oberturas, ni más ni menos), en su conjunto fue una versión llena de vitalidad que desembocó en un gozoso movimiento final que puso de pie a un público del Palau rendido al talento de músicos, director y, last but not least, de un tal Beethoven.

Hasta el miércoles 15 de marzo se desarrollará este auténtico regalo, un acontecimiento cultural de primer orden, con una sala llena de un público heterogéneo, sorprendentemente joven y entusiasta. Tanto es así que incluso las memorables conferencias previas al ciclo impartidas con magisterio por Juan Carlos Calderón están abarrotando la sala del Petit Palau de una audiencia ávida de penetrar en las entrañas del sinfonismo beethoveniano.

Una de esas experiencias que a uno le hacen mantener la fe en el inagotable poder de la música y comprobar, una vez más, la universalidad lel legado de Ludwig van Beethoven.

 

 

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