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Hrusa Jakub 2013 Petra Klackova 

Jakub Hrůša: “En Bamberg me siento como en casa”

El joven maestro checo Jakub Hrůša (Brno, 1981) es desde el pasado mes de septiembre de 2016 el nuevo director titular de la Bamberger Symphoniker, sucediendo en el puesto al británico Jonathan Nott.  El pasado mes de noviembre estuvo al frente de la Orquesta Nacional de España y estos días visita de nuevo nuestro país, esta vez al frente de la Mahler Chamber Orchestra, en los conciertos inaugurales del Festival Internacional de Música de Canarias. En esta entrevista conversa con Platea Magazine acerca de sus orígenes, su formación y el fascinante tiempo que tiene por delante con la Sinfónica de Bamberg.

Tras dirigir sus primeros programas con la Sinfónica de Bamberg, ya en el rol de director titular de la formación, ¿cuál ha sido su impresión, cuál sería el balance?

Realmente ya he trabajado con esta orquesta el suficiente número de ocasiones, creo, como para conocer bien su naturaleza. Es una formación europea de referencia, muy reputada, y al mismo tiempo constituyen una gran comunidad de músicos y de personas, con una mente muy abierta y una extraordinaria predisposición al trabajo. No sólo se trata de una orquesta sumamente profesional, con una gran nivel técnico, sino que tengo la sensación siempre aquí de trabajar en equipo como quizá en ningún otro lugar. Es realmente fantástico tener esa sensación de estar haciendo música en común con todos ellos.

Creo que valora mucho esa posibilidad de explorar con una mente abierta cada ocasión de hacer música, cada concierto.

Cada concierto es irrepetible. Sonará a tópico, pero realmente hay que abordarlo así. Al menos esa es mi intención: buscar un estímulo nuevo en cada ocasión, no caer en la tentación de dejarnos llevar por una idea preconcebida y rígida sobre una determinada obra. Hay que sentir cada día como algo único. Obviamente tenemos claro lo que queremos, lo que buscamos, pero hay que percibir el aire que se respira en cada sala de conciertos, el ánimo que nos traslada el público e incorporar todo ello también a nuestra interpretación. Si un concierto fuese idéntico al anterior, algo estaría fallando.

Tampoco es Bamberg una ciudad cualquiera, desde un punto de vista musical y cultural.

Por descontado lo que le decía tiene mucho que ver con la naturaleza misma de Bamberg como ciudad: hablamos de una localidad relativamente pequeña en la que se percibe una verdadera devoción por la música y la cultura; los músicos que vienen a esta orquesta tienen muy claro a qué proyecto llegan y han buscado de algún modo acabar aquí también por todo ese contexto que rodea al día a día de la orquesta. A menudo en Bamberg tengo la sensación de estar viviendo en un festival de música continuo, dada el tremendo entusiasmo e interés que suscita la orquesta y sus conciertos. Aproximadamente el diez por ciento de la ciudad, unas seis mil personas, son abonados de la orquesta. Esto es increíble… yo diría que algo inédito en cualquier otra ciudad del mundo. El público, la ciudad en sí misma, se siente orgullosa de su orquesta y es por descontado crítica, en el mejor sentido del término, con nuestro trabajo.

Mencionaba que ha encontrado en la orquesta una grata apertura de mente, una gran predisposición ha explorar juntos nuevas áreas, etc. Pero al mismo tiempo hablamos de una de las orquestas más reconocibles por su sonido, con una tradicion muy marcada.

Esta orquesta es el resultado de la combinación de diferentes tradiciones pero siempre con una apertura de horizontes muy clara; hay una historia, muy marcada y evidente, pero hay mucha curiosidad y predisposición a explorar otras formas, otros repertorios, etc. Hay orquestas que viven muy pegadas a su tradición, para bien o para mal, pero son pocas las que consiguen conjugar eso con una predisposición a mirar hacia adelante sin que esa tradición sea un lastre. Se da también el caso contrario, el de orquestas muy flexibles, con las que es posible casi todo, pero que carecen de unas raíces claras, de una personalidad que las haga únicas. En la Sinfónica de Bamberg, por fortuna, me he encontrado con la perfecta combinación de flexibilidad y tradición. Seguramente yo valore todo esto de una forma especial por mis propias raíces como músico, en las que también hay una simbiosis semejante. Por todo ello percibo una gran familiaridad en mi trato con esta orquesta, me siento como en casa.

¿Hasta qué punto esta orquesta tiene un sonido único y personal?

Al referirme antes a la tradición de esta orquesta me refería por supuesto el sonido en sí mismo, al color sobre todo, algo que no es fácil poner en palabras porque verdaderamente la naturaleza de esta orquesta es algo que se debe sentir, que escapa a un discurso como el que yo pueda hacer aquí. Y es algo que está muy presente en las cuerdas, quizá lo más comentado a menudo, pero también en metales y vientos sin la menor duda. La tradición es también aquí una singular forma de frasear, una forma muy personal de respirar la música, podríamos decir. Hay en los músicos de la Sinfónica de Bamberg una tendencia natural al fraseo, a diferencia de lo que sucede con otras orquestas donde hay que construir desde cero ese aspecto en una interpretación musical determinada. Hay, por qué no decirlo, una belleza natural en el sonido de esta orquesta: pero no es una belleza contemplativa, es algo auténtico. En esta orquesta encuentro la misma capacidad para lo vertical que para lo horizontal, quiero decir, la misma capacidad para sostener la arquitectura con nitidez que para mover el fraseo con poesía. Y eso no es nada habitual. Por supuesto son unos rasgos que convienen extraordinariamente a las partituras de Brahms, Beethoven, Mahler, Strauss o Wagner, sobre todo. No en vano varios de los músicos de la orquesta forman parte del foso del Festival de Bayreuth cada verano.

Cuénteme más sobre usted, sobre sus orígenes, su formación y su trayectoria hasta aquí.

Es realmente curioso que tanto la Sinfónica de Bamberg como yo vengamos, de algún modo, de Praga. Yo nací allí y la orquesta como tal, en cierto sentido, también. Mi ciudad natal es Brno, en Moravia, más o menos cerca de la frontera con Austria y a no mucha distancia de Viena. El propio Gustav Mahler o Siegmund Freud nacieron no demasiado lejos de allí. En mi familia no hay una tradición musical, no ha habido músicos profesionales, pero desde niño tuve una gran predisposición por la música, si bien nunca me planteé dedicarme a ello de forma profesional. Al final de mi adolescencia, cuando tuve que optar ya por un itinerario académico, tomé la decisión de dedicarme a ello, comenzando mis estudios primero por el piano y la composición. Poco a poco el mundo de la dirección de orquesta me fascinó cada vez más, hasta un punto en el que se convirtió en un sueño hecho realidad.

¿Qué maestros fueron sus mentores y referentes durante su formación?

Diferenciaría aquí a aquellos con los que he podido trabajar personalmente, siendo influencias reales en mi formación, y aquellos a quienes admiro, grandes y renombradas figuras del pasado, que han sido en algún momento una inspiración. Entre estos últimos citaría sin duda a Leonard Bernstein, no sólo por su carismática personalidad sino por el aliento universal que había en su forma de hacer música. Entre quienes han sido una influencia real en mi carrera debo citar por supuesto a Jiří Bělohlávek, quien fue mi profesor en Praga. Realmente su caso es muy singular porque ha sido uno de los escasos maestros que ha combinado la docencia con una agenda con conciertos cada semana en los grandes auditorios de toda Europa. Y no me refiero sólo a clases magistrales o a enseñanza durante ensayos de sus conciertos, sino a una docencia real, como la que desarrolló conmigo. Él mismo fundó la Prague Philharmonia, de la que fui director musical entre 2008 y 2015. Recapitulando, pasé cinco años bajo la docencia de Bělohlávek en Praga. Durante tres años, de 2002 a 2005, fui director asistente en la Filarmónica Checa y durante la temporada 2005/2006 fui directo asociado en la Orquesta Filarmónica de Radio Francia, en París. Sin duda mi tiempo con Jiří Bělohlávek y mi tiempo como asistente en la Filarmónica Checa son los dos períodos que más han marcado mi formación.

¿Qué proyectos e intenciones tiene para su tiempo por venir al frente de la Sinfónica de Bamberg?

Si le digo la verdad no tengo una idea clara, en el sentido de que no traigo un plan preconcebido, definido al detalle. Al contrario, busco explorar juntos un crecimiento en común, siendo yo mismo y respetando lo que me he encontrado aquí. Tengo muy claro de dónde viene la orquesta, cuáles son sus valores y todo aquello que sería un crimen destruir por mi parte, como el sonido innato y bellísimo de esta formación. La orquesta y yo tenemos un repertorio bastante común, lo que podríamos llamar el gran repertorio centro-europeo, con especial predilección por los compositores alemanes y checos. Partiendo de ahí me gustaría trabajar por ejemplo con más repertorio eslavo, que no ha estado tan presente en la historia reciente de la orquesta. Mi predecesor, el maestro británico Jonathan Nott, traía consigo otro background y es natural que apostase por unos compositores antes que por otros. Yo valoro mucho la flexibilidad, la ocasión de ir probando y dejarnos llevar de algún modo por las sensaciones, lejos de cualquier plan preestablecido. Este es un proyecto especial y mi intención no es otra que la de crecer con ellos de un modo natural.

Su titularidad en Bamberg le va a dejar tiempo también, imagino, para seguir trabajando como director invitado con otras orquestas. Estuvo de hecho en España hace algunas semanas, al frente de la Orquesta Nacional de España.

Cuando uno acepta una posición estable en una orquesta, como es mi caso con Bamberg, es evidente que debe ajustar su agenda para dedicar más tiempo a ese proyecto. Pero al mismo tiempo es sumamente necesario seguir trabajando con otras formaciones y músicos, para seguir creciendo y alimentar de ello también mi trabajo con la orquesta de Bamberg. De hecho, mantengo un vínculo más o menos regular con varias orquestas, como la Filarmónica Checa, la Tokyo Metropolitan Symphony Orchestra, la Philharmonia Orchestra de Londres, la Orquesta de Radio France, la Cleveland Orchestra, etc. Tengo por descontado un vínculo estrecho con varias orquestas centroeuropeas, sea en Viena, Berlín, Leipzig, Stuttgart o Colonia; incluso en Australia, con la orquesta de Melbourne. No quiero perder el contacto con ellas aunque evidentemente habrá menos tiempo en mi agenda. ¡Cómo no regresar a Madrid tras una experiencia tan estupenda como la de hacer unas semanas allí! Tengo asimismo en agenda compromisos para dirigir ópera, por ejemplo en Glyndebourne o en Viena, donde debuté en diciembre de 2015 con El caso Makropulos de Janacek.

 

 

 

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