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Apuestas seguras

Madrid. 07/10/16. Teatro Monumental. Temporada de la OCRTVE. Puccini: Edgar. Marcello Giordani (Edgar). Inés Moraleda (Tigrana). Carmen Solís (Fidelia). Josep Miquel Ramón (Frank). Carmelo Cordón (Gualtiero). Orquesta y Coro de RTVE. Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid. Miguel Ángel Gómez-Martínez.

Edgar es la segunda ópera que compuso Puccini tras Le Villi (que cerrará la presente temporada de la OCRTVE), un título infrecuente en la programación de los teatros y que representa aquí en Madrid una oportunidad única para acercarse y descubrir una obra singular, gérmen de una escritura particular y personal como la del compositor italiano, embebida aún del universo musical que le rodeaba. Guarda de hecho parecido este Edgar, al menos en puntos muy simbólicos, con una obra cumbre de la misma estética, Cavalleria Rusticana, que sería estrenada por su amigo Pietro Mascagni un año después. Tenemos la vida en un pueblo pequeño, una relación a tres entre dos mujeres y un hombre, un rival en la voz de un barítono, el elemento militar, el vino, un puñal y, por supuesto, una buena maldición. Con todo, Puccini dibuja al heredero de la tradición italiana en que se convertiría y al hombre de efectismos teatrales que llegaría a ser, si bien aún se encontraba probándose a sí mismo, sobre todo en esta última faceta. Encontramos unos coros iniciales realmente planos, que retienen el progreso de la acción, siempre acompañados por un órgano de aires eclesiásticos que descontextualiza la trama que discurre entre los personajes protagonistas. No hay un desarrollo, no hay una evolución clara (imposible que Frank pueda tratar así a Tigrana en el último acto tras todo lo vivido, por ejemplo) sino que los caracteres son víctimas de una evidente arquetipización (a las mujeres se las describe más por sus nombres que por su evolución), potenciada además por los rasgos del Verismo.

Edgar, el protagonista, estuvo muy bien cantado por el italiano Marcello Giordani, en sustitución del inicialmente previsto Eduardo Aladrén. Si bien la voz presenta evidentes signos de fatiga en la zona media y el paso se realiza no siempre de forma homogénea, las aristas veristas de la línea de canto de Edgar le permitieron sacar adelante un rol por lo demás no precisamente agradecido. Aplaudido en su breve intervención solista del segundo acto Orgia, Chimera dall’occhio vítreo, sus medios ya no le permiten filar a placer, no pueden jugar con la voluptuosidad requerida en O soave vision, y sin embargo resultó de veras squillante y dibujó las frases más bellas al llegar a Sovra sereno, siempre con un tercio superior de verdadera pegada. A buen seguro se le pudo escuchar desde el otro lado de la Calle Atocha. Espléndido en este sentido también en Se alla devota nenia non torni… Tigrana vieni.

Fue su Tigrana la mezzosoprano Inés Moraleda, quien aceptó hacerse cargo del rol tras la cancelación de la mezzo inicialmente prevista, al parecer a pocas horas de la primera función. Todo un reto digno de admirar, pues finalmente su papel es el menos estático, sobre el que recae gran parte de la acción. Sacó a adelante la partitura y poco más pudo hacer con tan poco tiempo de antelación. Puso intencionalidad en el primer acto, pero su voz no está hecha para el Verismo, necesitándose además mayores colores de mezzosoprano para el rol, así como mayor rotundidad en la zona grave. De igual modo se requirió mayor empaque en el Frank del barítono Josep Miquel Ramón; mientras que la Fidelia de Carmen Solís destacó por su buen hacer en un personaje (y sus formas propias) tendiente al grito – el sentido teatral de Puccini y Fontana indicándole “fra sé” al comienzo del tercer acto, con el coro dándolo todo al mismo tiempo… - en una voz por lo general bien timbrada, suficientemente sensible y recogida en Addio, mio dolce amore. Extraordinario por su parte el Coro de RTVE, así como la breve intervención de los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid.

Sin duda esta ha sido toda una apuesta, una apuesta segura, sobre lo que es capaz de ofrecer Miguel Ángel Gómez-Martínez. El sonido propio de la ORTVE no ha perdido ápice, al contrario. Gómez-Martínez es una batuta que, además de mostrarse inteligente, se muestra feliz acompañando, cantando con todo lo que acontece sobre el escenario. Así lo demostró en el enfrentamiento ente el coro y Tigrana y la resolución del mismo hasta desembocar en el concertante con el que cierra el primer acto; o en el dúo entre Tigrana y Edgar, o la introducción al último acto, donde Gómez-Martínez se mostró excelso en su quehacer. Todo un valor seguro en el foso, si bien no es este el teatro donde aparentemente se le deba pedir demostrarlo. Él mismo ha explicado en varias ocasiones que no quería aceptar más titularidades, y por los mensajes recibidos en esta redacción se deduce que supuestamente ha debido aceptar una oferta del actual equipo de gestión inferior a la anterior; además de, también supuestamente, no contar con el beneplácito de la mayoría de miembros de la formación, a quien se realizó una consulta no vinculante sin resultados positivos al preguntárseles tanto por él como por la principal batuta invitada: Cristóbal Soler.

No está del todo claro si es su perfil el más indicado para una Orquesta y Coro como la de Radio Televisión Española. Es difícil balancear entre el desarrollo y evolución de una formación y la respuesta de un público ante la programación de una temporada. En esta ocasión parece haberse apostado por esto último. Veremos, no se debe hablar por adelantado, Gómez-Martínez tiene toda una temporada para demostrar a qué ha venido. De momento, el primer partido lo ha ganado con holgura. Ojalá siga así. Si bien no se ha pillado en absoluto los dedos con la programación escogida, lleva años de excelente trabajo por toda Europa como batuta y director artístico. Dejémosle hacer.

Contra lo que habría que seguir luchando sí o sí, y de esto ya tienen culpa despachos más altos, es del calamitoso aspecto de dejadez del Monumental, una temporada más. De vergüenza. No hay derecho a que los servicios huelan a osera; a que la cafetería, abandonada, presente un aspecto tan decadente, a que la barandilla del entresuelo baile, que al final no será el techo lo que se caiga sino un espectador y entonces será tarde; a que durante todo el concierto haya una carretilla de repartir fruta a los pies del escenario, ahí dejada… No hay derecho a que la Orquesta y Coro de RTVE sigan sin importar tanto como debieran a sus responsables. Mientas no se arreglen ciertas cosas, por secundarias que puedan parecerles a algunos, no se van a vender más entradas ni se va a hacer más dinero, si prefieren verlo por ahí, por mucho que mejore una orquesta.

 

 

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